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ALONSO CEDEÑO
sáb 17 ago 2019, 8:21am 1 de 8

Del 2% a presidente de Guatemala



ALONSO CEDEÑO

Este domingo el doctor Alejandro Giammattei concluyó una larga lucha por la presidencia de Guatemala. Los resultados en las urnas le dieron un triunfo que hace apenas cuatro meses, muy pocos habrían apostado que lo conseguiría.

@DrGiammattei se presentaba por cuarta ocasión a las presidenciales de su país, con un escenario más que adverso. Se registraron 24 binomios para las elecciones y las encuestas de arranque daban como favoritas a tres mujeres: Sandra Torres, la exprimera dama, encabezaba la intención del voto, seguida por la exfiscal anticorrupción Thelma Aldana, quien en 2015 encarceló a Otto Pérez por fraude en las aduanas; mientras que en el tercer puesto se colocaba Zury Ríos, hija del fallecido exdictador Efraín Ríos Montt.

De acuerdo con algunos sondeos iniciales de la contienda guatemalteca, Alejandro Giammattei inició con menos de 2 puntos porcentuales de intención de voto, contra los 22 puntos que tenía la favorita Sandra Torres.

En la primera vuelta Torres obtuvo 1 millón 112 mil 939 votos, contra 608 mil 083 sufragios de Giammattei. Para la exprimera dama representó obtener el mismo porcentaje de aceptación en las urnas con el que inició, mientras que para el médico significó un incremento muy importante. A primera vista una diferencia de medio millón de votos se vislumbra en cualquier escenario como una aduana casi infranqueable.

La segunda vuelta fue en términos reales una enorme voltereta. Alejandro Giammattei conquistó 1 millón 857 mil 035 votos, un crecimiento de 205.4 % y logró quedarse con 58.87% de los sufragios emitidos en la jornada dominical. Por su parte, Sandra Torres avanzó 16.6% en la votación obtenida al totalizar 1 millón 297 mil 703 votos, es decir 41.14% del total de los votos.

Los resultados comiciales los podemos explicar por dos vías que lograron unirse a la perfección. En primera instancia, para nadie era un misterio que Sandra Torres acumulaba el mayor número de negativos en su contra. El 47% de los encuestados decía que era la candidata por la que jamás votarían. Sin embargo esto no era suficiente para pensar que perdería los comicios. De hecho en un escenario de baja participación del electorado, las cifras consolidadas, su voto duro, la llevarían al poder. Entonces habría que vencer primero al abstencionismo, hacer que la gente se interesara en volver a acudir a las urnas y saber que su voto sí tendría sentido.

La otra vía es lo que hizo el propio candidato Giammattei. Supo identificar las audiencias. Logró leer a la perfección la narrativa del proceso, no sólo electoral, sino social en el que está inmerso Guatemala y los guatemaltecos, tanto en lo interno como en su política exterior. Encontró la expectativa de cada usuario digital con relación a esta elección y a ellos les habló, de la manera en que buscaban que les hablaran, es decir empleó el mismo lenguaje.

Muy interesante era contrastar las mediciones realizadas por vía telefónica, las levantadas a través de medios digitales y las tradicionales de campo, la dispersión del voto parecía responder directamente a criterios geográficos y sociodemográficos, a menor edad, mayor perfil urbano y nivel de ingreso el rechazo a Sandra Torres parecía endémico.

Los equipos de campaña lucharon durante el mes que duró la campaña para interpretar correctamente los sentimientos, y el humor social, mientras en el cuarto de guerra del doctor Giammattei la pugna era por establecer su convicción de combate a la corrupción y mensajes muy segmentados así como la promoción del voto, en el de Sandra la intención era inhibir la votación y no importaba hablar mal de la candidata siempre y cuando se acercara a su contrincante: "Todos son iguales", era la línea de la campaña de contraste, conocedores que sería imposible revertir los altísimos negativos de la vieja política.

El voto anti-Sandra fue un factor de mucho peso, pero también lo fue la capacidad de los estrategas del doctor para mantener una disciplina y una congruencia en la comunicación, así como la gran asertividad de los múltiples estudios de opinión con los que contaba el comando de campaña.

Alejandro Giammattei es un gran luchador. Su historia de vida así lo demuestra. Ha sabido darle tiempo al tiempo, aunque cada batalla le haya llevado más esfuerzo, más camino, que al resto de los demás, ha sabido nunca dejarse vencer.

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