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Mi padre en el recuerdo

LETRAS DURANGUEÑAS

EL SIGLO DE DURANGO, , actualizada 08:47 🕚
Mi padre en el recuerdo

En esta casa el tiempo de ha hecho mi compañero, los hijos se han ido a otros estados buscando su propio destino, así como yo escapé del hogar paterno buscando nuevas auroras, ahora solos mi esposa y yo nos platicamos cosas iguales pensado que son nuevas y cada quien se va a su lugar preferido a cosechar recuerdos. Ahora tengo mucho tempo para repartirlo y cuando me abruma la soledad busco entre las sombras de lo que fue y lo que ya no es posible recordar. Es cuando agobiando por los remordimientos busco entre las envejecidas neuronas de mi mente la voz armoniosa de mi padre.

Aquí estoy en cuerpo entero, en el universo que se mueve dentro de mí. El sol de tu presencia me aprieta la vida. El pueblo puede diluirse, yo busco tu sombra, abierta la jaula donde mueven la hilera larga de los caprichos, los deseos, las ilusiones rotas y el anhelo por buscar la voz perdida de mi padre.

Tengo que gritar para escucharme, muchos días vacíos, palabras rodando a la intemperie, luz de los olvidos tendrán alguna resonancia. Mi padre diga el rumbo donde seguiré en busca de la aurora, en su frente tantas veces mis labios posaron como moscas anónimas, sentía que los caminos se salían como ráfagas, desde entonces no más tiempos, todo estaba en él, no creía en nadie, solamente en el color tan puro de terciopelo y dulzura que emanaba mi padre…

Ocultaba su mirada, me hacía sentir el dueño del mundo. Cuanto pudo darme lo arrojé en el fondo roto de mi alma, como se tiran los años felices de la vida.

Ahora hace tiempo que estoy solo, me es imposible llegar a un padre muerto...Lo llamo en mi delirio, su palabra en forma de paloma que busca en el océano la tierra prometida, se eterniza.

Padre quiero robar los besos que me diste, para alumbrar la senda, estrechar la mano que quedó tendida, llena de bendiciones en el aire.

Mi mente que era joven aventurera, hoy se marchita por los tiempos, inclinada, busca tu abrazo.

Padre, monumento de fe, cuantos caminos tuviste que acorta, la sangre es un deseo en cada latitud, pasos imprecisos en lupanares y tugurios se encharcaban de insultos. Los amigos eternos confidentes de los malos presagios.

Inacabable enredadera que aprisiona el alba, las luces de Venus. Las ansias salían como al gorrión las alas, marchamos sin tocar el presente hacia la búsqueda de la palabra libertad.

Te hice sufrir con abandonos, te creía eterno. En más de una ocasión mi labio te cortó los pensamientos, te dejó sumido en el fondo sin luz del vereda que lleva al oscuro rincón de la indiferencia, padre de siempre: Dejé’ mi pueblo y en él, el armazón de tu plegaria, comencé a comprender que la distancia es la doctrina fiel de quien se marcha…

Tu nombre se incrustaba como la culpa, hasta el hueco donde el corazón hacía su recorrido sin moverse.

Cuanto tiempo se ata, tan solo ser este momento. Lejos de ti en tierra que no era ni un poco de la mía. Tus palabras poco a poco fueron fortificarme, creciendo como una mata de maíz ante el desierto de mi lejana juventud. Te comprendía volviendo a sentir el mundo de tu beso en mi alma pasajera.

Gracias, padre, por permitir que tu recuerdo y tu presencia volátil, lleguen hacia mí. Y como si fuera agua bendita vuelven a bautizar mi pensamiento y hacen que el murmullo apasionante con el que me envolvías en tus cuentos. Ahora me acompañen en esta etapa en que necesito de tu voz para compartirla con mi esposa y así soportar la ausencia de los hijos y de los nietos con las esperas en la puerta de la casa que sigue siendo de todos ellos.

Mi padre en el recuerdo
LETRAS DURANGUEÑAS. (ARCHIVO)