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De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA

EL SIGLO DE DURANGO, 🕚
De Política y Cosas Peores

¿Cuántos hijos me vas a dar, mi vida?". Esa pregunta le hizo con voz tierna Candidito, joven inocente, a su flamante esposa Pirulina en la noche nupcial. Respondió ella: "Cuatro. Y no vayas a pedirme más. Son los únicos que tengo". Don Poseidón, granjero acomodado, era dueño de un toro de registro, valioso semental. Todos los demás granjeros se lo pedían para que cubriera a sus vacas. De vez en cuando, sin embargo, don Poseidón uncía el toro al arado o lo pegaba a la carreta. Explicaba: "Quiero que sepa que no todo en la vida es diversión". Oí una extraña historia acerca de un escritor famoso. Cuando cumplió 14 años de edad su padre lo llevó a un burdel y lo puso en manos de una prostituta vulgar, de malos sentimientos, que lo trató sin considerar su inexperiencia, le echó pullas acerca de su físico y le pidió que se apresurara: no tenía su tiempo. El muchachillo, aturrullado, no pudo hacer lo que se suponía que iba a hacer. Entonces la mujer le contó al padre del chico lo que había sucedido, y se burló de él frente a los asistentes al prostíbulo. Igualmente ante ellos el padre reprendió con dureza a su hijo por no haber hecho honor a la hombría proverbial de los varones que llevaban su apellido. El famoso escritor a quien le sucedió eso se llama Jorge Luis Borges. A partir de ese episodio le cobró un apego enfermizo a su madre, y sólo se casó cuando tenía ya 67 años. Ignoro si ese relato sobre el autor de "El Aleph" sea cierto, pero no puedo menos que relacionar la historia con un libro que fue uno de los mayores best sellers de su época. La obra, una autobiografía, lleva sugestivo título: "Una casa no es un hogar", A house is not a home. La escribió en 1953 Polly Adler, quien en su tiempo -los vertiginosos años veinte del pasado siglo- fue la más célebre madama de Nueva York. De su elegante prostíbulo eran clientes los más notorios personajes de la sociedad, las finanzas, la política, el espectáculo y el hampa. No sólo iban ellos a la casa de Polly Adler: le llevaban a sus hijos para que alguna de sus bellas y educadas pupilas los iniciara con delicadeza y arte en las lides del amor carnal. Hay una película basada en ese libro, y con su mismo nombre. La protagonizaron en 1964 Shelley Winters y Robert Taylor, nada menos. En ese film Raquel Welch hizo su aparición en la pantalla por primera vez. ¿A qué viene todo esto? Me sirve de ilustración para decir que los niños y adolescentes mexicanos carecen por lo general de una adecuada educación sexual, que no les es impartida ni en el hogar ni en la escuela. La ignorancia que de eso deriva es fuente de problemas y sufrimientos. Por encima de tabúes religiosos y equívocas morales se debe educar a nuestros jóvenes para que ejerzan su sexualidad en forma responsable. Resulta increíble tener que hablar de eso en nuestro tiempo, pero sucede que en lo concerniente a la educación sexual México es todavía un país subdesarrollado. Ya conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. Cierto día su esposa lo llamó por el celular. "Mi mamá se cayó -le dijo-, y se luxó un brazo. ¿La vendo?". Replicó Capronio. "Si buena y sana no la quiere nadie, luxada menos te la van a comprar". Aquel señor tenía un tic nervioso: a cada momento guiñaba el ojo izquierdo. Un cierto amigo suyo lo visitó en su casa y se sorprendió al ver por todas partes paquetes de condones. Los había en los sillones de la sala; en la repisa de la chimenea; sobre la mesa del comedor; en el suelo. Explicó el señor: "Eso es lo que me pasa cuando voy a la farmacia, pido unas aspirinas y luego guiño el ojo". FIN.

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ARMANDO CAMORRA. (ARCHIVO)