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El jardín de los presagios

EL SIGLO DE DURANGO, 🕚
El jardín de los presagios

Este cuento, basado en El Otro,

es un sencillo homenaje a Jorge Luis Borges,

que en el S. XX nos legó su literatura incomparable.

Soy durangueña. Maestra rural, he laborado en poblaciones como Vicente Guerrero, Villa Unión, y en ciudades como Zacatecas, de bella arquitectura. Ahora vivo de nuevo en la norteña ciudad.

La otra tarde había caminado mucho por la calle de Constitución así que decidí sentarme un rato en una banca del Jardín Hidalgo, tal vez llamó mi atención la joven adolescente sentada junto a mí, cuya apariencia me pareció conocida; era muy flaca, pelo castaño al hombro, acné juvenil y una mirada incisisiva.

Decidí hablarle. Era imposible vivir en Durango y no citar nuestra bóveda que a esa hora tenía trazos de ocres.

-Hermoso el cielo, dije.

- En eso pensaba, parece trazado con pinceles.

-¿Cómo te llamas?

-Ángela Rosas. (No me sorprendí)

-Y yo Ángela Rosas. (No me creyó)

-Vives a dos cuadras de aquí, eres hija única y sueñas con ser maestra. Tus parientes no quieren.

-Es verdad, dicen que las maestras son comunistas y mi familia es muy católica

-¡Beatos! Por eso te tienen en un colegio de monjas, estudiando carrera comercial.

-¿Usted es Maestra?

-Sí, tú lo serás.

-Es mi sueño,

-Sueñas verte con tus zapatillas color crema y bata verde con el ojal del último botón abierto para enseñar pierna.

Ambas rieron.

-Pero quiero ser maestra para enseñar muchas cosas a los niños.

-Pues lucha por ello.

-No es fácil.

-Los sueños sin metas, son sólo sueños; y te llevarán a desilusiones.

-Lo dijo Denzel Washington.

-Te voy a relatar algo, cuando crezcas vas a escribir ensayos y relatos. Muchos. Eso te hará feliz. Como te hace feliz soñar con tener amigos y compañeros pues en tu colegio hay solo mujeres.

-A ver, ¿me permite ver su libro por favor?

La adolescente tomó el libro, decía Ex libris 2017 Luego se rió. -Esto es falso aún estamos en mil novecientos setenta y seis, no en el siglo XX Sabía que esto es una broma.- Miró hacia los lados como tratando de ver si conocía a alguien capaz de chancear.

Cantó una rima que me comprobó que siempre fui optimista.

…buscar la verdad del error,/ vivir con los brazos abiertos, /creer en un mundo mejor...

En el cielo azul el sol caía hacia el poniente entre celajes trazados por la mano de ángeles pintores y en revoltoso concierto, cientos de pajarillos se acomodaban entre las ramas de los árboles del jardín.

Yo, la maestra, sabía que Yo la estudiante soñaba con lugares en el campo y pequeñas escuelas donde sería feliz. Amaría los verdes nopales y huizaches, los caballos trotando, el arroyo y los niños echando ganas a los estudios.

Yo La joven, dijo de pronto.

-Maestra: ¿Qué opina de las bacterias y los microbios?

Me extrañó la pregunta.

-Es que he soñado esos bichos, continuó: Tal vez sí soy usted. ¿Sabe algo? Sueño con escribir una novela, tratará de una gran pandemia, una de las grandes epidemias de la humanidad. Maestra, ¿cuáles fueron?, la peste negra y la gripe española, ¿verdad?

-Así es mi niña, pero la mayor masacre fue la Viruela, luego el Sarampión y el Sida.

-Creo que habrá otra mayor, maestra Ángela, una donde las ciudades quedarán vacías y habrá muertos en todo el mundo.

Las palabras se transformaban en acciones, los hechos se materializaban, No eran bacterias lo que presentí: eran minúsculos virus casi invisibles los personajes de nuestra novela, la de los dos yoes que éramos. Nos quedamos calladas, algo como un presagio flotaba en el jardín que se teñía al caer la noche.

-Bien se ve que somos una misma, yo también he pensado en esos monstruos casi invisibles.

Mi otra yo, se paró de pronto, una silueta la llamaba desde dentro del templo de Santa Ana… un vuelco en el corazón, ¿era acaso mi madre que ya no estaba? Paralizada me quedé.

Antes de irse, Ángela adolescente, miró de nuevo la fecha de edición de mi libro. -Es .una broma, una burla, una chanza, repitió y con esa idea, se alejó garbosa moviendo la cadera.

Me quedé otro rato mirando a las señoras que hacían gorditas ahí en la esquina en un comal, esparciendo un sabroso aroma por la calle.

Se me había pegado la cancioncilla de El Quijote, sobre la novela que haría:

…Con fe lo imposible soñar, / Al mal combatir sin temor, / Triunfar sobre el miedo invencible…

Hacia el oriente, la Luna en cuarto creciente era de plata bruñida, se adornaba con un diamante, Venus, brillando como refulgente Estrella.

Aun fui a preparar la clase para mis alumnos de prepa, acerca del naturista inglés Charles Darwin, el científico de la evolución biológica y la selección natural.

Me tocaba un tema: Las bacterias y los animales o vegetales microscópicos. Cuando Darwin publicó su trascendental libro, en 1859, las bacterias ya eran ampliamente conocidas, los virus fueron descubiertos hasta 1885. Padre e hijo Darwin no ignoraron la vida microscópica que tan de cerca afectó sus vidas macroscópicas y presintieron la amenaza del futuro. Eran presagios agoreros fruto de un sueño. Ese hecho nos amenazaba a las dos Ángelas y a nuestros descendientes. Anunciaban un hecho ya próximo.

Antes de dormir me imaginé las ciudades vacías en todos los continentes. Jorge Luis Borges diría que si este momento y este encuentro fueran sueños, cada una de las dos creería que la soñadora era ella.

…Y será este mundo mejor /Si hubo quien /despreciando el dolor, /luchó hasta el último aliento

/Por ser siempre fiel a su ideal...

Al despertar deseé con toda intensidad un imposible: darme cuenta que el 2020 por venir, era una broma.

El jardín de los presagios
. (ARCHIVO)