Editoriales
CECILIA LAVALLE
dom 19 ago 2007, 6:40pm 4 de 5

Luchas de esperanza



No supo de mi existencia, pero contribuyó a cambiarme la vida. No escuché su voz, pero ella me habló a mí y yo atendí. No tocó nunca mi hombro, pero sus luchas tocaron mi espíritu. Por eso me duele su muerte, como duelen las muertes de las mujeres excepcionales. El jueves pasado murió, a los 75 años, Esperanza Brito. Esperanza fue una feminista claridosa, valiente, inspiradora, cuando ser feminista, a secas, era una grave afrenta contra el sistema establecido y las "buenas" conciencias.

Nació en el seno de una familia conservadora. Se casó a los 19 años y fue ama de casa y madre. Pero la vida le cambió a los 35 años, cuando empezó a preguntarse si lo único que deseaba era "40 años más a pelar papas, doblar calcetines e inventar guisos, a pesar del gran amor que sentía y siento por mi familia" (CIMAC, Britta Scholtys, Julio 1998).

En la década de 1960 se inició en el feminismo de la mano de su madre, "?y la verdad, no compartía muchas de sus ideas, y hasta me escandalicé cuando leí un artículo de mi mamá en el Universal que se titulaba Yo si soy feminista". Pero el escándalo se convirtió en conciencia cuando se dio cuenta que la lucha feminista "no era contra los hombres, sino contra el sistema opresivo y discriminatorio que convierte a todas las mujeres en seres inferiores a los hombres; y por primera vez en mi vida me di cuenta que yo también había sido discriminada por mi padre, por mis hermanos?" Comenzaron entonces las luchas de Esperanza, verdaderas luchas por la esperanza de un mejor presente y futuro para las mujeres. En 1963 comenzó a escribir para Novedades en la sección de sociales, y hacia 1970 en la página editorial. Fue así, de las primeras articulistas feministas en México. En 1973 recibió el Premio Nacional de Periodismo "Juan Ignacio Castorena y Visúa" por su reportaje "Cuando la Mujer Mexicana quiere, puede", publicado en la revista Siempre.

También, y para supiritaco de las feministas más radicales, escribió para las revistas Vanidades, Buenhogar y Cosmpolitan. Y es que ella sostenía que lo mismo se debía luchar fuera que dentro del sistema.

Durante los últimos 20 años dirigió la revista Fem, fundada en 1976. Fem fue una publicación feminista pionera en América Latina y referencia indiscutible del movimiento feminista mexicano de aquellos años (Más datos en Triple Jornada, No. 86, octubre de 2005).

Justo en esa revista yo "conocí" a Esperanza. Ahí supe de sus luchas. Ahí descubrí el feminismo. Ahí, las luchas de Esperanza comenzaron a cambiarme la vida.

En 1972, junto con otras 23 feministas -entre ellas su amiga Martha Lamas, otra luchadora de esperanzas- se constituyó legalmente el Movimiento Nacional de Mujeres, que comenzó con el análisis de leyes para detectar preceptos discriminatorios, y pugnar por cambiarlos.

Junto con sus compañeras de lucha, fue de las primeras en hablar en voz alta del aborto.

En 1976, organizaron la Primera Jornada Nacional sobre Aborto, de la cual se generó el primer documento feminista en nuestro país a favor de la legalización del aborto, que incluía demandas por impartir educación sexual en primaria, información sobre anticonceptivos en secundaria, aborto libre y gratuito, y su rechazo como sistema de control demográfico.

Recomiendo su último artículo, "Hoy las mujeres siguen de pie", cimacnoticias 3 de abril.

De acuerdo con Sara Lovera, otra pionera del periodismo feminista, Esperanza es la responsable de la frase que se añadió en el monumento a la Madre. La placa oficial decía, "Lo amó antes de conocerlo", y Esperanza añadió, "porque fue deseado".

Otras luchas de Esperanza se centraron en las víctimas de violación y de violencia doméstica.

Impulsó el Primer Centro de Atención a Víctimas de Violencia en el DF, y con sus compañeras de lucha impulsó la creación de las primeras agencias especializadas en delitos sexuales. Impartió, asimismo, cursos, conferencias a policías, agentes del Ministerio Público, abogadas, y en general al personal que trataba con mujeres víctimas de violencia.

Por ello el primer Centro Integral de Apoyo a la Mujer (CIAM) en el DF, inaugurado en 1998, lleva su nombre.

Esperanza Brito, en síntesis, abrió junto con otras valiosas mujeres, la brecha por la que transita mi generación. Pionera en la lucha por la equidad, deja un importantísimo legado y un ejemplo a seguir.

Sin duda, las luchas por la esperanza han perdido hoy a una gran mujer.

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