Editoriales
ENRIQUE ARRIETA SILVA
mar 25 sep 2007, 6:40pm 4 de 8

FORO



Recordando a Rafael

A 22 años de las 7:19 de la mañana, de aquel 19 de septiembre de 1985, cuando tuvo lugar el terremoto más devastador de la historia del país, que ascendió a 7.8 en la escala de Richter y que según cifras oficiales, en las que desde luego los mexicanos no creemos, causó la pérdida de tres mil 500 vidas, miles de heridos, miles de desaparecidos y miles de damnificados, el Museo Regional de Durango-UJED "Ángel Rodríguez Solórzano" rindió homenaje al licenciado Rafael Hernández Piedra, fallecido en el cumplimiento del deber, aquella fatal mañana del mes lluvioso de septiembre, que golpeó los sentimientos de todos los mexicanos y también los de los pueblos extranjeros, dado que la noticia de que México había desaparecido recorrió el mundo. La Ciudad de México no había desaparecido, seguía en pie en medio de la catástrofe, eso sí, severamente dañada, como si hubiera sido furiosamente bombardeada y cañoneada por una potencia enemiga.

Quienes tuvimos la oportunidad de tratar con cercanía al licenciado Hernández Piedra sabemos de su cultura y bondad, que lo hacen uno de los mejores presidentes, junto con el licenciado Carlos Galindo Martínez, que haya tenido el Tribunal de Justicia, hasta la fecha, llámese Supremo o Superior.

Rafael Hernández Piedra, nacido en la ciudad de Durango el 10 de noviembre de 1919, muy temprano se distingue por su apego a la cultura, a la poesía y al derecho. Siendo estudiante del Instituto Juárez, participa en eventos culturales y endereza sus pasos por el Centro Cultural Durangueño, del que es uno de los socios fundadores, y por la política, pues es presidente de la Sociedad de Alumnos de la Escuela de Derecho de la UJED.

Obtiene flores naturales y primeros premios en diversos certámenes literarios locales y foráneos. Merced a su destacada labor literaria, su nombre es recogido por la Antología Poética de la Juventud Mexicana, editada por Radio Universidad en 1943; por la Enciclopedia Biográfica del Mundo, editada en Nueva York en 1945; por el libro México y la cultura, que lo incluye entre los poetas de 1960, y por la Antología de Poetas Durangueños, editada por la SEP y la UJED en 1977-1978.

Es autor de diversos libros de poesía, trabajos poéticos y en prosa y colaborador de revistas literarias y periódicos de circulación nacional, así como fundador de la revista literaria "Tiras de colores", editada por el maestro Álvaro Gálvez y Fuentes.

Es agente del Ministerio Público del fuero común en 1947; Subprocurador General de Justicia en 1948; Director General de Educación en 1949-1951; Presidente del Tribunal de Menores 1952-1956; Presidente Municipal de Durango 1956-1958; Diputado al Congreso de Durango 1958-1960; Secretario General de Gobierno 1960-1962; Gobernador Constitucional Interino de Durango en 1962.

Otras funciones públicas lo llevan fuera de Durango, como son: Director de Asuntos Jurídicos del Departamento de Turismo 1962-1966; Delegado federal y Secretario de la Comisión de Turismo del Estado de Guerrero, en Acapulco 1966-1971; Asesor Jurídico de la Lotería Nacional en la Ciudad de México 1972-1976; Consejero Agrario en México, Puebla y Oaxaca 1978-1980.

Su trayectoria profesional y política se detiene cuando es presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Durango y se traslada el 18 de septiembre de 1985 a la Ciudad de México, con el fin de sostener una entrevista con los directivos del Colegio Mexicano de Derecho Procesal Civil, a las ocho de la mañana del siguiente día 19, en un restaurante del sur de México, cercano a la Ciudad Universitaria. El derrumbe, la explosión e incendio del Hotel Regis, el edificio más castigado por el temblor, le impidió llegar a la cita, al quedar sepultado con su mundo de ilusiones e ir al encuentro de su esposa doña Magdalena Moreno, impunemente sacrificada apenas dos meses atrás, a quien también recordamos con aprecio y cariño, como una gran dama de silenciosa sabiduría y risa poblada de mariposas, como así la describe Rafael en su carta profética de reencuentro.

No es, pues, un mero adorno literario o retórico decir que Rafael murió en el cumplimiento del deber, porque así fue real y verdaderamente. Una vez medianamente asimilada la consternación, el Congreso se realizaría más tarde, en el mes de octubre, en su memoria. Los asistentes de diversos estados de México y del extranjero lo recordarían por muchos años como uno de los mejores.

Pues bien, lo dicho hasta aquí no es ningún intento de justificar el homenaje, porque justificado está de sobra, siendo oportuno agregar que precisamente la administración de justicia que presidió el licenciado Hernández Piedra fue la encargada de hacer entrega a la Universidad Juárez, por instrucciones del gobernador constitucional del estado, Lic. Armando del Castillo Franco, del edificio que hoy ocupa el Museo Regional Universitario.

El programa del recital poético musical, configurado en la parte poética por una selección de poemas del libro Canto de Amor en la Tierra, de la autoría de Hernández Piedra por los años cuarenta, fue excelentemente coordinado desde el punto de vista operativo por Rubén Castrellón Parra.

Participaron en la selección y lectura de poemas el propio Castrellón, y Stephanie Alcántar. En la parte musical el cuarteto de cuerdas Euritmia, integrado por Mayra Yuridia Herrera García, violín primero; Olaya de la Rosa Avitia, violín segundo; Olga Imelda Ríos Carrillo, viola, y María de los Ángeles Rosales Rosales, violoncello, se llevó los aplausos al interpretar las dulces y sutiles notas de Johann Sebastian Bach. Lo anterior y el sentimiento amoroso de familiares, amigos y conocedores del arte poético y musical hicieron una noche inolvidable y un canto de amor en la tierra para Rafael Hernández Piedra, dominador profundo de la prosa poética, del verso libre y del soneto, así como la confirmación profunda y armoniosa con las voces de Stephanie y Rubén, y con las cuerdas de Euritmia, de que Durango sigue siendo tierra de artistas en grado excelso, todo ello dentro del marco del 50 aniversario de la fundación de nuestra Máxima Casa de Estudios.

La Universidad Juárez del Estado de Durango no olvida, ni olvidará a ninguno de sus hijos que laboraron intensamente por la cultura y el derecho, como en el caso de Rafael Hernández Piedra.

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