Editoriales
Enrique Arrieta Silva
sáb 15 nov 2003, 6:40pm 4 de 4

La Adelita



Andamios

Durante toda mi vida, amando mucho a la Revolución Mexicana como la amo, nunca pasó por mi mente escribir sobre la Adelita, tal vez porque siendo un tema polémico para otros, para mí el asunto estaba claro desde la infancia y equivocadamente pensé que también estaría claro para los demás, pero para mi sorpresa advierto que no es así, por lo que me veo en la imperiosa necesidad de abordar el tema al percatarme de que aún para los historiadores de la Revolución que pueden considerarse serios, como Alfonso Taracena, autor de una obra bastante extensa sobre la Revolución, el asunto no está bastante claro.

El tratamiento del tema lo he postergado desde el momento que tomé tal decisión, aproximadamente desde hace unos diez años; en aras de la verdad histórica ya no puedo posponerlo más y he decidido aprovechar este mes de noviembre que supuestamente está dedicado a la Revolución para abordarlo, arriesgándome a ser criticado por los criticones de siempre y por los villamelones que no ven más allá de sus narices porque no han leído más que un solo libro y encima se complacen en llamarse "historiadores".

Pues bien, resulta que hará unos diez años Alfonso Taracena, uno de los más prolijos historiadores de la Revolución Mexicana y de mayor credibilidad, publicó en la página editorial de "El Universal" un artículo sobre la Adelita, en el que incluye tres versiones diferentes, de las cuales la más bella y romántica tiene que ver con mi padre, y he de confesar que me hubiera gustado que fuera verídica, pero no es así.

Conforme a esta versión idílica, mi padre iba pasando al frente de sus tropas revolucionarias por estas calles de la ciudad de Durango, y una hermosa y joven mujer, emocionada, saluda al paso del contingente de aguerridos hombres, con un espontáneo y sincero grito de ¡Viva Madero! Mi padre fija su mirada en ella, atraído por la belleza en flor, y por las convicciones revolucionarias de tan agraciada mujer de nombre Adelita, así que al caer la noche le lleva gallo.

La grácil joven escucha el gallo desde su balcón y embelesada por la apostura y galanura de mi padre, y desde luego llevada también por sus ideas revolucionarias, salta a las ancas del caballo de mi padre y se va con él al vendaval de la Revolución resuelta y enamorada, acompañándolo en varias acciones de guerra como la terrible toma de Zacatecas, hasta que un día aciago muere valientemente, al pelear por los rumbos de Tepehuanes, en contra de las fuerzas villistas durante la cruenta lucha de facciones. Una montaña de flores y coronas cubre su tumba en Durango ante la profunda pesadumbre de mi padre.

Versión en verdad muy romántica, pero que no corresponde a la verdad histórica, pero versión al fin que me impulsó a escribir de la Adelita, ante la consideración de que si un autor de prestigio como Taracena no atinaba en la Adelita, los demás podían incurrir en errores de buena fe, pero al fin y al cabo en errores, no se diga lo que pudieran escribir los que mienten a sabiendas.

Por otra parte, el historiador durangueño Everardo Gámiz Olivas, en su libro La Revolución en el Estado de Dutango, publicado en 1963, por el Patronato del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, en la página 68, incluye a todo lo largo y ancho la fotografía de una mujer revolucionaria con carrilleras cruzadas repletas de balas y un sombrero de palma, detenido por el barbiquejo sobre el hombro izquierdo, que con toda seguridad fue tomada del Archivo Casasola, y cuyo pie de fotografía dice en el libro del historiador Gámiz: "La Adelita fue muy estimada por la División del Norte a la que perteneció. Inspiró el corrido que lleva su nombre y que tanto se popularizó desde aquella época".

Para empezar, la mujer de la fotografía da la impresión fundada de ser una mujer revolucionaria anónima; para seguir, tiene rasgos indígenas sureños y no rasgos mestizos norteños; y para concluir, no se dan más datos de la supuesta Adelita, y si no se dan, quiere decir que no se tienen, y si no se tienen, más que la leyenda de la fotografía, simple y sencillamente esa fotografía no corresponde a la Adelita y no constituye ninguna huella histórica de la Adelita como personaje histórico individual, y menos en la División del Norte, pues sabido es que entre sus filas las mujeres no tenían mucha aceptación porque consideraban que podían entorpecer sus movimientos rápidos de caballería.

Por otro lado, el señor licenciado Baltasar Dromundo, quien tengo entendido fue secretario particular del coronel Enrique Calderón, gobernador de Durango, allá por los años treinta del siglo próximo pasado, escribió un folleto que llamó Pancho Villa y la Adelita, cuya trama es por demás idílica pero falsa. En aras de la brevedad trataré de reducirla al máximo.

Según Dromundo, la Adelita pertenecía a las tropas de mi padre, siendo ellas las primeras que empezaron a cantar su canción. Todos los días, Adelita en las tardes paseaba a caballo por la Alamedas, no regresando en una ocasión y apareciendo en las filas de la División del Norte. Coquetea con Pancho Villa, quien la besa al momento de entrar a la habitación su lugarteniente y novio de Adelita, "El Güero Portillo", quien al contemplar la escena se dispara un balazo en la cabeza. Pancho Villa, comprendiendo la situación, se enfurece con Adelita y la corre de la División del Norte. Vienen los combates de Celaya, y Pancho Villa ve cómo un dorado de mascada roja no se le despega ni un instante en los momentos de mayor peligro. Un día de muchos muertos pasa un carretón lleno de cadáveres y Pancho Villa ordena que le lleven el cadáver de un dorado de mascada roja, porque quería conocer a ese valiente, y he ahí que al momento de poner el cadáver frente a él, se cae la tejana de ese dorado y brota un pelo negro y largo. Era la Adelita, que se había disfrazado de dorado para estar cerca de Pancho Villa.

Las versiones cinematográficas son aún más fantasiosas, dada la febril imaginación de guionistas, productores, artistas y directores. Así por ejemplo, en el año de 1948, Jorge Negrete filmó con Gloria Marín la película "Si Adelita se fuera con otro", bajo la dirección de Chano Uroeta.

La película es pésima, como casi todas las películas que ha hecho el cine mexicano de la Revolución, que en su gran mayoría han servido sólo de pretexto para que el cantante de moda luzca su ronco pecho, no se diga las protagonizadas por Tony Aguilar y María Félix. Se trata más bien de una comedia de corte ranchero en la que el charro cantor luce su voz y Gloria Marín su belleza, y distorsionan al máximo a la Revolución y a la Adelita, la que por cierto en la película se llama Adela Maldonado, como así se llamó la joven y guapa esposa de mi padre en los años treinta.

No es casual tampoco que en una novela el personaje de la Adelita lleve el nombre de Adelita Arrieta.

Otras versiones que consigna la Enciclopedia de México, en su tercera edición publicada año de 1977, Tomo I, página 134, son las siguientes: que la canción de la Adelita es de la autoría del joven capitán Elías Cortázar Ramírez; que es anterior a 1910 y que el compositor es el sinaloense Ángel Viderique, que surgió en abril de 1913, en la toma de Ciudad Camargo por Maclovio Herrera y otros; qUe es una canción anónima que mi padre y sus tropas le oyeron a unos músicos de rancho, en una de sus tantas incursiones por el estado de Sinaloa; que mi padre encomendó al maestro de su banda militar Julián S. Reyes que la escribiera y la instrumentara; y que Adelita fue una hermosa y diligente enfermera de nombre Adela Velarde Pérez, originaria de Ciudad Juárez que atendía a los heridos de la División del Norte.

Pues bien, todas las anteriores versiones no corresponden a la verdad histórica de la Adelita. Para probarlo y dar la versión verdadera, acudo a pruebas negativas y a una positiva que para mí es definitiva.

Dentro de las pruebas negativas baste con tres. No existe ninguna fotografía en los Archivos Casasola, ni en ningún otro libro de la Adelita, (salvo el de Gámiz Olivas, fotografía ésta que no resiste un análisis crítico), de haber existido la mujer de carne y hueso, ésta debería de haber sido muy popular entre la tropa y su imagen reproducirse no una, sino cientos de veces acompañada de los principales caudillos de la Revolución y de algunos elementos de tropa. No se conoce ningún testimonio oral o por escrito de algún revolucionario de jerarquía sobre la si existencia de esta mujer idílica. No es posible localizar en los Archivos de la Defensa Nacional ninguna hoja de servicios de alguna mujer que pudiera haber encarnado a la Adelita.

En cuanto a las pruebas positivas de la no existencia individual de la Adelita, están las declaraciones que hizo mi padre, revolucionario de alta jerarquía, al periodista Ramírez de Aguilar, en el año de 1949, publicadas en el mismo año en el periódico "El Universal" bajo el seudónimo de Ramírez de Aguilar que era "Jacobo Dalevuelta".

En ellas mi padre afirmó categóricamente que en la Revolución nunca hubo Adelita como un personaje real, sino que fue una canción que sus tropas de la 38 Brigada al mando de su hermano, el general Mariano Arrieta, trajeron de la Toma de Culiacán. Declaraciones éstas que fueron apoyadas en la misma publicación por don Julián S. Reyes, director de la banda militar de las fuerzas de mi padre, quien adicionó que un músico de apellido Amescua le silbó la tonadita de la Adelita, y que él la instrumentó, comenzándola a tocar de regreso a Durango", ejecutándola por primera vez en esta ciudad el 12 de diciembre de 1913, adoptándola de inmediato como himno de combate, por lo cual las tropas arrietistas fueron llamadas "Los Adelitos".

Conclusión: No existió en la Revolución la Adelita como personaje físico individual, que fuera la novia del sargento o de algún general, sino que Adelitas fueron todas las mujeres que participaron en la Revolución.

Si existió la canción, la que para mí es el himno máximo de la Revolución Mexicana, y fue el himno de guerra de las tropas de mi padre, es decir, de las tropas revolucionarias arrietistas, y no de las villistas, cuya canción favorita era "La Cucaracha".

Quienes se empeñen en la existencia real de la Adelita estarán corno yo a los ocho años de edad, que terco con mi padre de que si había existido la Adelita, porque la acababa de ver en la película de Jorge Negrete y Gloria Marín, mi padre condescendiente y tolerante acaba por decirme: "Ándale, pues, sí existió la Adelita", tras lo cual salía contento a la calle en donde me estaban esperando mis amiguitos sentados en la banqueta, ya oscureciendo y después de haber regresado del cine "Imperio" enamorados de Gloria Marín, que había personificado a la Adelita, les anunciaba: "que dice mi papá que sí existió la Adelita", después de los cual todos le dábamos rienda suelta a nuestros ensueños respecto a la mítica mujer. A mi padre no le gustaba derrumbar sueños infantiles, amando a los niños como siempre los amó.

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