Universidad fue dejando detalles sueltos sobre CU, de futbol, de táctica, de actitud, y un Cruz Azul mortal, con puñales en los pies, lo dejó muerto sobre su cancha.
Y es que el 3-1, que también fue el global, reflejó la superioridad de un equipo que creyó siempre en sus posibilidades y en su estilo de juego. Que se imaginó en las semifinales y trabajó 180 minutos en ello.
Diferencia.
Lo de los universitarios fue un asunto de criterio, no de dedicación. Cuando debió ajustar, desajustó. Los cambios del descanso fueron vitales. Mientras Leandro nunca carburó y Torrado le quitó el dominio del medio campo. Vigneri revolucionó la ofensiva de lo azules y encajó el diente al Puma.
En la cancha.
Pero el partido inició como esas batallas de odio entre generaciones. Con puñaladas mortales desde el principio, con la intención de matar a las primeras de cambio, atacando a la yugular para desangrar pronto al enemigo.
Por eso Francisco Palencia, de extracción cementera, atentó y letal como es en las citas importantes, recibió un balón de espaldas, en el movimiento de control de la pelota se equivocó Yosgart Gutiérrez y Paco dio media vuelta. El primer balazo buscó la sien rival.
Respuesta inmediata. Pero Cruz Azul, con un envión de vida, de sobreviviente de una campaña de crítica y rumores, sacó fuerza y futbol, los dos al mismo tiempo, y empató a través de Gerardo Torrado, alguna vez de Universidad, tras pescar un rebote y ponerlo en el ángulo derecho del arco de Bernal.
Momento crucial.
Y entonces vino el error desde la experiencia. Un detalle de criterio. Bernal se equivocó en una salida y Sabah empujó el balón a las redes. Fue un golpe de efecto.
Cruz Azul se hizo fuerte y Pumas entendió sus errores, pero no pudo corregirlos. Ni a la ofensiva, donde no generó espacios, salvo con los arribos de Íñiguez ni a la defensiva, que trabajó siempre a destiempo, todavía recibió un gol, cuando Villaluz empujó un rebote tras una jugada de Sabah. Cruz Azul mató y enterró al puma en CU una vez más.