Desde antes de la era cristiana la ética ha sido preocupación importante en el pensamiento de los filósofos mas influyentes. Sócrates, Aristóteles y Platón en Grecia, entre otros, se han ocupado de su contenido y función; las reflexiones que históricamente se han hecho han perdurado por siglos de tal suerte que los principios éticos son paradigmas de la conducta motivando que la vida de los seres humanos responda a guías interiores autónomas.
Surgen así las normas morales que, a diferencia de las jurídicas, carecen del elemento coercible pero que permiten en el cumplimiento de las mismas la posibilidad de obtener en nuestro fuero interno una vida plena que conduce a la felicidad.
Todos podemos y debemos de tener un cuadro de valores éticos, con mayor razón quienes logramos el privilegio de obtener por nuestros estudios el ejercicio de una profesión; de hecho, sí existen en los gremios los códigos de ética, tal y como sucede con los médicos, los abogados, contadores y, por supuesto, los notarios. En este último caso y debido a que no en todas las entidades federativas existen normativamente los códigos de ética, vamos a generalizar los principios que han sido aprobados por el Consejo Permanente y la Asamblea de Notarios miembros de la Unión Internacional del Notariado Latino y sí con el deseo de que a corto plazo tengamos nuestro propio código local.
Los principios de deontología notarial aprobados se refieren en primer término a la preparación profesional, que consiste en ejercer sus funciones con la diligencia adecuada, procurando constantemente estar al día en las reformas que constantemente tiene el derecho. Por lo que se refiere a la oficina notarial, ésta debe tener una estructura capaz de asegurar, gracias a la utilización de las tecnologías adecuadas, un funcionamiento regular y eficaz y el notario debe ejercer su función personalmente y respetando el horario que marca la ley.
Respecto de las relaciones con los colegas deberá haber colaboración, solidaridad intercambio mutuo de ayudas servicios y consejos procurando el espíritu de unión entre sus colegas e intercambiando sus conocimientos y experiencia para prestar un mejor servicio.
No se debe olvidar que la base fundamental del notariado antes que el derecho es la ética y que el deber primordial del notario es aseverar la verdad, asentar los hechos en el documento que autoriza tal y como se manifiestan en sus sentidos y no de otro modo, ya que su deber es propiciar por medio de su actuación la seguridad jurídica y la paz social; asimismo, debe estar comprometido con la orientación de darle confianza a la sociedad en cuanto a su honradez y probidad.
Nos corresponde demostrar con hechos que no les asiste la verdad a quienes denostan la función notarial la cual proviene de una historia milenaria.