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Imágenes de la corrupción (I)

Recuerdos de una vida olvidable...

Imágenes de la corrupción (I)

Imágenes de la corrupción (I)

MANUEL RIVERA

Uno de los inevitables cambios que acompañan a la edad es la creciente dificultad para ocultarse de uno mismo.

Hasta hace poco creí que únicamente fue el poder del ejemplo y de la palabra de mis padres lo que me enseñó a no robar, sin embargo, hoy debo decirme que nunca lo hice porque jamás vi llorar por hambre a mis hijos.

Hoy los recuerdos que este amanecer me atosigan conducen a estas elementales reflexiones y a imágenes en torno a la corrupción, situación que trato de esconderle a mi conciencia, naturalmente sin éxito a los 64 años de edad. "¿No será que traes la cartera vacía y pretendes sublimar tu precariedad?", me espeto a bocajarro.

Recurriré entonces a la ironía de los recordatorios de pago que piden hacer caso omiso al aviso recibido si ya fue liquidado el adeudo, por lo que impávido continuaré este desfile de letras en busca de orden.

Habrá sólo que advertir que las ideas que posiblemente aquí surjan, de ninguna manera pretenden pontificar sobre la corrupción. Meras evocaciones sujetas al criterio del lector serán, conste.

Arriban entonces a lo que me queda de mente imágenes tan variadas como las del alcalde que justificaba el "diezmo" o la comisión "voluntaria" dada a una administración pública por un proveedor, argumentando que eran recursos necesarios para su próxima campaña a la gubernatura, la que nunca llegó, como tampoco la devolución de esas aportaciones.

O las del gobernador que bajó los sueldos de los integrantes de su gabinete y luego los regañó diciéndoles que debía bastarles con la satisfacción de ser parte de su equipo, pese a que todos sabían cómo lucraba el jefe a través de un integrante de su familia.

Empero, me llama sobresalientemente la atención el hecho que conocí en un municipio donde observé una de las formas más comunes para que permee y extienda la corrupción.

Ahí operaba una guardería sostenida por el ayuntamiento y orientada hacia la inclusión. Dirigido por una dama sin apuros económicos y con manifiesta vocación de servicio, el lugar era una opción funcional para madres y padres que trabajaban o acudían al palacio municipal para realizar algún trámite.

Un día amanecieron las instalaciones con una falla eléctrica que las dejó en parcial obscuridad, situación que pronto atendió la directora hablando al área de servicios generales para pedir la reparación del desperfecto, demanda que no tardó mucho en ser atendida.

Servicial, el encargado de la cuadrilla le informó que debería renovar una parte del cableado eléctrico y cambiar algunas lámparas, material que la responsable de la estancia debería solicitar por medio de una requisición dirigida a la oficialía mayor.

La funcionaria entendió que se trataba de un trámite burocrático lento, por lo que dijo al empleado municipal que la esperara, pues ella misma iría a conseguir el material, que confiaba no sería muy caro.

-Licenciada, ¿lo va a comprar con su dinero?

-Sí, no tardo.

-No vaya, mejor espéreme.

-¿Por qué?

-Iré a sacarlo de la bodega... hoy mismo le arreglamos su "kínder".

-¿Cómo, sin requisición?

-Mire, si arreglamos la casa del presidente municipal sacando material del almacén, sin ningún registro, ¿cómo no lo vamos a hacer ahora para ayudar a usted y sus niños?

Asunto arreglado. Al día siguiente la estancia infantil tenía una instalación eléctrica más segura y mejor iluminada.

No es la primera vez que cito este relato, pero sigo considerándolo ilustrativo de la importancia del ejemplo dado por el líder y los efectos en cascada de la deshonestidad.

En este caso la conducta del jefe marcaría el rumbo de la mostrada por los subordinados, quienes podían dar al robo el carácter de política pública y hasta justificarlo con base en su efecto social, cual émulos de Robin Hood.

Otras experiencias que hacen fila en mi memoria muestran a la corrupción inscrita en niveles de poder distintos, como una costumbre ajena a la culpa y parte de una expresión gremial de solidaridad.

¿Me permite, lector, presentarle algunos casos que ejemplifican esa acción inmoral?

De antemano, muchas gracias. El próximo lunes estarán a la vista en este espacio.

P. D. Quizá de vez en cuando los recuerdos merecen la oportunidad de visitar el presente para ser echados a la basura o sumados a otros.

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Escrito en: OPINIÓN municipal, entonces, caso, imágenes

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