
Atractivo. Para muchos duranguenses, hay productos que buscan que sean de ciertos municipios; los ejemplos más claros son: las manzanas de Canatlán y los cacahuates de Rodeo.
En Durango, los carros y camionetas que venden fruta, elotes y otros antojitos forman parte del paisaje cotidiano. Su presencia es constante en colonias, avenidas y cruceros, donde el sonido característico que anuncia su llegada se ha convertido en parte de la vida diaria de la ciudad. Más que un simple comercio ambulante, representan una tradición urbana que ha resistido el paso del tiempo.

Estos vendedores recorren largas rutas para llevar productos frescos directamente a los hogares. Manzanas, nueces, elotes, sandías y demás productos, siempre dependiendo de temporada y a las preferencias de los clientes. Para muchas familias duranguenses, comprar fruta en estos carros no es solo una cuestión de precio o comodidad, sino también de cercanía y confianza.

Sin embargo, esta actividad enfrenta diversos retos. La falta de permisos claros, la competencia con establecimientos formales y las restricciones de movilidad en algunas zonas complican su operación diaria. Aun así, los vendedores continúan saliendo a las calles, ajustándose a nuevas dinámicas y buscando mantenerse dentro de la legalidad, pese a las dificultades.

Más allá del comercio, esta termina siendo una fuente de sustento para decenas de familias y un elemento cultural que da identidad a la ciudad. En un entorno urbano que cambia constantemente, estas unidades siguen recorriendo Durango, recordando que la tradición también se mueve sobre ruedas.


