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Hijo de tigre... ¿pintito?

PADRES E HIJOS

EL SIGLO DE DURANGO, , actualizada 08:47 🕚
Hijo de tigre... ¿pintito?

En la sociedad mexicana, al interior de las familias, es muy frecuente escuchar el refrán “Hijo de tigre, pintito”, con el que se quiere aludir al parecido que tienen los hijos con los padres, generalmente, en la mayoría de sus aspectos.

Esta comparación, normalmente, hace sentir muy orgulloso al padre. Sin embargo, en ocasiones, la comparación no le favorece al hijo cuando el padre posee defectos evidentes.

Los refranes, como es de todos conocido, encierran la vasta sabiduría popular y describen la idiosincrasia del mexicano, aunque en ocasiones las expresiones llevan una amplia carga de ironía y sarcasmo que las hace especiales. Aplicadas en situaciones muy específicas, y con oportunidad, nos mueven a la risa.

En el caso del refrán que nos ocupa, tiene una referencia explícita hacia el género masculino, aunque existe otro similar que reza “De tal palo, tal astilla”, el cual podría abarcar a las mujeres o, también, aplicarse a los varones, indistintamente.

Los padres traemos a este mundo hijos para educarlos y buscar su desarrollo; todos los días, nos esforzamos por brindarles todas las herramientas para que ellos, con nuestra guía y apoyo, definan lo que quieren para su futuro; sin embargo, a ellos les corresponde tomar las decisiones más importantes sobre su vida.

También, mucho se ha dicho que los hijos son un reflejo de los padres, aunque este mito puede tener mucho de verdad, pero también mucho de mentira, pues si bien los padres nos preocupamos por inculcarles valores y principios, los hijos asimilan, generalmente, lo que creen les puede servir, y hacen a un lado lo que les conviene.

Por supuesto que “de todo hay en la viña del Señor”, y habrá casos en que los hijos son un fiel reflejo de sus padres, tanto si éstos son un ejemplo de lo mejor, como si también son un modelo que no debe seguir un hijo, so riesgo de terminar mal en todos los aspectos.

En ocasiones, los padres nos esforzamos y preocupamos con exceso acerca de la formación y el desarrollo de los hijos, que terminamos por abrumarlos con reglas muy estrictas, a tal grado que éstos, cansados de la situación, se rebelan y lo que empieza como una buena intención concluye con un conflicto familiar por la rigidez de las normas paternas que se aplican en el hogar.

Quizá los padres debamos hacer un alto en el camino para enfocar bien todos esos esfuerzos e intenciones hacia un punto neutral en el que, si bien se apliquen normas en casa, estas reglas sean simplemente justas, sin pretender que sea como nosotros queramos, para que hasta en eso se parezcan a nosotros.

Debemos respetar su individualidad, su forma de ser, claro, siempre y cuando su conducta se apegue a las normas de convivencia y no se altere la tranquilidad del hogar con actitudes como berrinches injustificados cuya finalidad es salirse con la suya y hacer su voluntad, porque finalmente se caería en la anarquía.

También, debemos considerar que es injusto exigir demasiado a los hijos al pretender que sean, por ejemplo, estudiantes de excelencia e hijos modelo, cuando, tal vez, nosotros no hayamos destacado en aprovechamiento académico ni tampoco hubiéramos sido un ejemplo como los mejores hijos.

Es comprensible, y hasta cierto punto lógico, que deseemos y anhelemos que nuestros hijos sean, a los ojos de todos, los mejores en todos los aspectos y, sobre todo, que se parezcan a nosotros en algunos rasgos; sin embargo, no debemos perder de vista que, aun cuando sean nuestros hijos, no forzosamente tienen que ser idénticos a nosotros, a pesar de que compartimos genes que determinan la herencia no sólo de nuestra apariencia física sino de ciertas partes de nuestra personalidad.

Cada persona es única, diferente en todos sus aspectos; si bien los hijos tienen alguna similitud con sus padres, por la intervención de los genes, es difícil, sino es que imposible, que sean idénticos, o casi iguales, de tal forma que nuestros hijos son muy distintos a nosotros, aunque a veces nos empecinemos en que el refrán “Hijo de tigre, pintito” aplica perfectamente en nuestro caso.

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Hijo de tigre... ¿pintito?
PADRES E HIJOS. (ARCHIVO)