Durango
Sac-Nicté Calderón
vie 21 jun 2013, 10:38am 28 de 31

La música como refugio



Jorge Viladoms, duranguense radicado en Suiza, volvió a la música su vida y su forma de ayudar

La primera vez que Jorge Viladoms visitó México, después de años de vivir en Suiza, fue recibido por una niña de cinco años que vendía chicles en un restaurante. Ese instante, más la sensibilidad heredada de su madre, y el valor de la empatía que siempre fue prioridad en su familia, disparó su necesidad de ayudar a niveles muy altos.

Cuando Jorge Viladoms visitó la escuela que ayuda a través de su fundación "Crescendo con la música", los niños que lo escuchaban gritaron de repente "abrazo general", y se acercaron a abrazarlo. Para el músico, ese ha sido el sentimiento más fuerte.

Cuando Jorge Viladoms tenía 15 años, su padre falleció.

Entre la negación, la tristeza y la frustración, el piano de su casa, heredado por su papá, fue el medio que le ayudó a "exprimir" ese dolor. Fue lo mismo catarsis que refugio. Y si bien por tres años la música fue sólo un hobbie, todo cambió cuando se mudó a Suiza para estudiar francés, y un profesor del Conservatorio de Lausanne, lo escuchó tocar. Así, fue en las clases que empezó a recibir en donde entendió que interpretar también es un arte, y supo entonces que sería pianista.

Hoy, el duranguense se presenta por primera vez en la ciudad, como parte de la gira que busca reunir fondos para su fundación. "Crescendo con la música", por el momento tiene su sede en Guadalajara, pero espera que el trabajo que realizan pueda extenderse al resto del país: actualmente, 350 niños de una escuela llevan clases de apreciación musical y de canto, y el próximo año, Viladoms traerá desde Suiza distintos instrumentos para que también aprendan a tocarlos: "quiero centrarme en esta escuela durante tres, cinco años, que el proyecto funcione, que haya frutos, que se de una orquesta , que haya conciertos, y una vez que esté funcionando, multiplicarlo".

Dentro de su gira, de su primer concierto en Durango, y del trabajo que realiza con su fundación, Jorge Viladoms habla sobre la música y el papel que ha tenido en su vida.

¿Por qué elegiste Suiza?

Por azares del destino. Mi hermano estaba viviendo allá, y lo que quería en ese momento, a los 18 años, era aprender francés. La suerte me llevó a que un profesor del conservatorio me escuchara tocar el piano, para mí en ese momento era un hobbie, no quería ser pianista, y cuando me oyó me ofreció un lugar en el conservatorio para estudiar una maestría, y de ahí me metí al piano.

z¿Cuál fue tu primer concierto?

Fue en Suiza, en Lausanne, fue un concierto muy chiquito, tenía como 20 años, y normalmente los pianistas en Suiza empiezan a dar conciertos y audiciones muy temprano.

¿Hay alguna diferencia entre tocar en Suiza y tocar en México?

En México, la gente después del concierto viene a saludarte y tomarse fotos contigo, y allá no, allá se van, te saludan un poquito, te dicen "bravo", pero aquí vienen, te abrazan y se toman fotos contigo y eso está muy padre, porque las caras que ves en el público cuando estás tocando después las ves junto a ti, y eso me encanta.

¿Cómo funciona la muerte de tu papá para que decidas empezar a tocar?

Tenía la necesidad de exprimir, de alguna manera. Tienes muchísimos sentimientos adentro con la muerte de un familiar, y necesitaba sacarlos. Hay gente que los saca de otras formas, lo mío fue con el arte, con el piano, la música, y me ayudó mucho de verdad.

Ahora, ¿cómo funciona la música en tu vida?

En mi vida es desde la mañana hasta la noche, todo el tiempo: me levanto, toco el piano, doy clases de piano, después doy conciertos de piano y mi fundación tiene que ver con la música. La música es lo más importante en mi vida y sin ella no podría vivir.

Dentro de los ángulos de tu carrera, como músico, como maestro y con la fundación, ¿cómo funcionan esos diferentes papeles?

Para mí, los músicos tenemos la obligación de compartir con los demás nuestra pasión, porque la música no vive si nadie la toca, es el único arte que no es palpable, si nadie la toca no está, entonces tenemos esa obligación de compartirla, y yo la comparto de tres maneras: dando clases, en el conservatorio, que me encanta porque son relaciones muy importantes entre un alumno que toca música y tú, es muy bonito porque tenemos la misma pasión.

La segunda es dando conciertos, compartir la música con un público general. Y la tercera es de una manera social, porque como a mí me ayudó la música, en un problema muy grande, estoy convencido que el estudio de la música clásica puede ayudar a niños de bajos recursos a salir de los peligros de la pobreza: las drogas, la criminalidad... La música puede ser un refugio para ellos, y que vean otra perspectiva en sus vidas.

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