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Celular: ¿avance o retroceso en nuestra comunicación?

EL SIGLO DE DURANGO, 🕚
Celular: ¿avance o retroceso en nuestra comunicación?

Cuando se habla de adelantos tecnológicos, de avances en la comunicación, es inevitable no tocar el tema de la telefonía celular, un campo que constantemente evoluciona con modificaciones, con novedades que a cada momento difunden las grandes compañías que lideran el mercado en las ventas de una herramienta que se ha vuelto indispensable en el quehacer de muchas personas, sobre todo para técnicos y profesionistas, quienes les sacan un mayor provecho a las diversas aplicaciones.

Sin embargo, cuando este aparato se convierte en parte esencial de quienes no pueden prescindir de él, a tal grado que prácticamente se aíslan del mundo exterior, muchos nos hemos llegado a preguntar si realmente su uso es vital, sobre todo si se le dedica buena parte del día, navegando, principalmente, en redes sociales (Facebook, la más popular), con lo que pierden, incluso, la comunicación con su entorno familiar y laboral mientras se establece contacto virtual con otras personas a través del internet.

Lamentablemente, la comunicación más personalizada se ha ido perdiendo gradualmente desde que aparecieron el internet y posteriormente la telefonía celular, medios tecnológicos de contacto con los que, paradójicamente, hemos convivido desde hace dos décadas y que nos han facilitado muchas tareas laborales y personales, aunque hemos caído en una especie de dependencia que difícilmente podríamos romper, debido a que es complicado concebir nuestra vida sin esas dos herramientas.

Y es que nos hemos acostumbrado a la comodidad que implica sacar el teléfono celular de la bolsa para comunicarnos con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo o con los contactos relacionados con nuestro centro laboral, pues en cuestión de segundos los encontramos, charlamos con ellos (lo ideal sería que en forma breve) y, de esta forma, realizamos algunas actividades de forma más ágil, con lo que nos ahorramos tiempo que podemos destinar para otras ocupaciones, aunque, desafortunadamente, muchas personas lo dedican para navegar por Facebook, donde malgastan y desperdician hasta horas no sólo renovando su estado, su perfil, contestando mensajes o participando en "conversaciones", sino en juegos adictivos que, además, comparten con quienes detestamos utilizar el tiempo -el recurso más valioso de que disponemos- en actividades poco productivas.

En este contexto, estimado lector, el teléfono celular se ha llegado a convertir en un mal de nuestro tiempo, en un aparato, por supuesto, muy valioso cuando se le utiliza con racionalidad para actividades laborales y para comunicarse con los demás donde se encuentren en ese momento, lo que era impensable hace poco más de dos décadas, cuando si alguien deseaba localizar a otra persona sólo era posible a través de la telefonía convencional, del teléfono fijo, de tal manera que hasta nos sentíamos más libres, sin ataduras, porque el dichoso aparatito se asemeja a unos grilletes de los que sólo podemos despojarnos cuando llegamos al hogar a descansar, aunque ni aun así podemos hacerlo pues siguen entrando mensajes y llamadas que nos recuerdan que difícilmente podemos prescindir del diminuto artículo de comunicación.

Es tal la dependencia que muchas personas tienen hacia el multicitado teléfono celular, que se les puede ver por la calle hablando en voz alta mientras caminan, en tanto que quienes les rodean se enteran del contenido de la conversación, sobre todo si en ese momento se utiliza el famoso "manos libres", cuando uno se podría detener a contestar o realizar la llamada en un lugar discreto, lejos de los oídos de los demás.

Otra escena muy común es cuando amigos y familias se reúnen en algún restaurante o en una cafetería, y no falta que alguno o varios de los comensales sacan sus celulares para hacer una llamada, para checar correos o, simplemente, para contestar una llamada que, en ocasiones, rebasa el tiempo mínimo para atender, por educación elemental, a quienes le acompañan en ese momento. Así que cada quien por su lado disfruta el momento, sin importar lo que hagan o dejen de hacer los demás con su teléfono móvil.

Y qué decir de las personas que, sin importar el tráfico vehicular, hacen o reciben llamadas en la vía pública y se atraviesan la calle sin cerciorarse de si se aproxima algún automóvil para no sufrir un accidente, lo que ha sucedido no pocas veces y que continuará ocurriendo mientras no se tome conciencia de que se debe tener cuidado extremo y un mínimo de precaución cuando el celular se utiliza irracionalmente.

Podría seguir mencionando más ejemplos sobre cómo el uso del teléfono celular se ha tergiversado al grado de que, más que en una herramienta valiosa de comunicación, se ha convertido en un aparato que nos incomunica con quienes nos rodean, pues si bien no perdemos el contacto físico, sí lo hacemos con el de tipo verbal y cada día desperdiciamos esa invaluable oportunidad que tenemos para charlar en vivo con la pareja y los hijos para recordarles que no hay algo más importante que disfrutar su presencia y la palabra viva para decirnos mutuamente cuántos nos amamos.

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