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Domingo Deras Torres, investigador histórico
dom 26 jul 2015, 7:39am 4 de 4

Porfirio Díaz, en el centenario de su muerte

El cortejo fúnebre que condujo los restos del general Porfirio Díaz, transitó por las calles de París, hasta su última morada en la iglesia de Saint Honoré l'Eylau. (Archivo de la Biblioteca Nacional de Francia).


SIGLOS DE HISTORIA

QUINTO Y ÚLTIMO CAPÍTULO

"Ya tranquilo el país se llevan mis huesos a descansar a Oaxaca. Si se puede, quiero estar junto a los restos de mi madre, en la iglesia de la Soledad", fueron las frases que contenían la última voluntad de Porfirio Díaz y que escuchó Amada -su hija-, durante los días que lo visitó en París en 1913. El deseo póstumo del hombre que durante más tiempo haya ocupado la presidencia de México, no se le ha cumplido a poco más de un siglo de su muerte, sus restos continúan dormitando el sueño de los siglos en el antiguo cementerio parisino de Montparnasse; necrópolis en la que en 2012, fueron inhumadas las cenizas del laureado escritor mexicano Carlos Fuentes.

SUS ÚLTIMOS DÍAS

El exilio del octogenario Porfirio Díaz, en Francia, duró poco más de cuatro años. Vivió su destierro permeado de una obsesiva nostalgia por México. Durante el verano de 1913, el espíritu del anciano dictador se inundó de alegría al recibir la visita de Amada, su hija consentida; su estancia duró poco más de cuatro meses.

A finales de septiembre de ese año, Amada y su progenitor abandonaron territorio francés para viajar a Santander, donde ella se embarcaría de regreso a México. El diario español La Vanguardia, en su edición del 22 de septiembre de 1913, informó que el exdictador llegó a la porteña población procedente de Biarritz acompañado de su hija.

El periódico madrileño, detalló: "Se hospedan en el hotel Europa, donde los visitó el alcalde, el objeto de su viaje es acompañar a su hija que embarcará mañana en el vapor Espagne con rumbo a México" Ante la pregunta de los periodistas que entrevistaron al general Díaz, sobre su posible regreso a tierras mexicanas, la nota periodística concluyó: "Dijo que no regresará a México, hasta en tanto acaben las elecciones a la presidencia o en caso de una intervención extranjera para defender a su país".

Los vientos huracanados de la Primera Guerra Mundial soplaron sobre Europa en 1914. Francia se involucró en el conflicto bélico, afortunadamente, los campos de batalla siempre estuvieron alejados del hogar del matrimonio Díaz-Romero Rubio. Como sucedió después en los días de la Segunda Guerra Mundial, las calles de París no fueron escenario de sangrientas y violentas refriegas como aconteció en otras ciudades de Europa, por ello su patrimonio artístico que data de siglos está intacto.

Durante el segundo semestre del año de 1914, Porfirio Díaz, Carmelita y sus leales empleadas Juana y Nicanora, abandonarían las habitaciones del Hotel Astoria para instalarse en un departamento en la calle Bois de Boulogne (Bosque de Bolonia) que actualmente lleva el nombre de avenida Foch. Seguramente, fueron los días en que el Astoria pasaría a ser requisado por el gobierno francés para convertirlo en hospital militar, donde se atendieron a centenares de heridos procedentes de los diversos frentes de guerra.

El departamento estaba en una zona exclusiva pero era sencillo, carente de ostentosos lujos y reducido a las elementales habitaciones para sus moradores, así vivió Díaz Mori los últimos días de su existencia. Desde aquí y como lo hizo en su domicilio del Hotel Astoria, salía a practicar sus caminatas por las umbrosas y sinuosas veredas del Bosque de Bolonia, lugar que le rememoraba el Bosque de Chapultepec y su histórico castillo donde residía con Carmelita durante los veranos, rodeado de centenarios y majestuosos ahuehuetes.

Amada, durante su estancia en París, lo acompañó en algunas ocasiones en estos agradables recorridos y decía que su padre era un paseante muy conocido; gozaba del saludo que a su vez correspondía a vendedores ambulantes, policías y transeúntes. (El Álbum de Amada Díaz. Autor: Ricardo Orozco. Editorial Planeta. México. 2003).

De los días de su infancia en París, al lado de su "Papá Grande" -así llamaban a Porfirio Díaz sus nietos-, Lilia Díaz Raigosa recordó que su abuelo recibía el parte de guerra que le enviaba el general Gustave Leon Niox, quien fue su anfitrión en el Hotel de los Inválidos cuando visitó la tumba de Napoleón; lo hacía con el fin de que le diera su opinión como estratega, su criterio le inspiraba respeto.

Lilia, invadida de nostalgia, refirió: "Recuerdo que durante sus paseos matinales se absorbía de tal manera pensando en México que se imaginaba que la avenida Bois de Bologne, en que vivíamos, era el Paseo de la Reforma y al cruzar las bocacalles, levantaba el bastón para parar el tránsito como lo hacía cuando era presidente". (Crónica Ilustrada Revolución Mexicana. Varios autores. Editorial Publex, S.A. México. 1966).

SU FINAL

El tataranieto del Héroe del 2 de Abril, Carlos Tello Díaz, así describió el aspecto físico de su ancestro meses antes de su muerte: "Al empezar el año de 1915, el general Porfirio Díaz aparentaba ser eterno, como los árboles de Santa María del Tule. Lo había sobrevivido todo".

Pero los achaques de la vejez quebrantaron físicamente al famoso militar mexicano, el desgastante arrastre de más de ocho décadas de una vida agitada minó su salud; ante sus evidentes limitaciones físicas, Díaz Mori canceló sus salidas a la calle.

Como un monje cartujo se enclaustró en su departamento, echó a volar su imaginación en un mundo de ensimismados soliloquios y charlas con sus seres queridos, inventario de felices y aciagos capítulos de su existencia como lo hacen muchos longevos en la víspera de su muerte. Días antes de su fallecimiento, lo confesó y le dio la comunión el sacerdote mexicano Carmelo Blay, quien había llegado procedente de Roma.

El 2 de julio de 1915, último día de su vida, Porfirio Díaz fue perdiendo su capacidad para hablar. Al filo del mediodía sus frases apenas eran entendibles. Citó de modo obsesivo a Oaxaca, a su hacienda La Noria y a su idolatrada madre Petrona, cuando ya no pudo articular palabra procuró hacerse entender a señas y concretamente se dirigía a Carmelita.

El fallecimiento del general Díaz ocurrió a las seis y media de la tarde de aquel día. Murió acompañado de su inseparable Carmelita y sus cuñadas Sofía y María Luisa, su hijo Porfirio Díaz Ortega y sus nietos mayores. Salió de este mundo en un atardecer tranquilo y soleado de París.

Al siguiente día, 3 de julio, la prensa francesa e internacional dieron la noticia de la muerte del Héroe del 2 de Abril. El periódico parisino El Fígaro destacó los éxitos que le atribuyó a su gobierno, "logró la estabilidad y su gobierno promovió en gran medida el progreso social y económico de México", decía la nota.

El diario ABC de Madrid, detalló: "Poseía condecoraciones de casi todos los países europeos". Y el texto informativo del New York Times, así decía: "Porfirio Díaz murió en su exilio de París. Fue gobernante de México por más de 30 años, falleció en silencio en un modesto departamento donde vivió al lado de su esposa".

La familia Díaz dispuso que las exequias religiosas de su amado patriarca se llevaran a cabo en la iglesia Saint Honoré l'Eylau, localizada en la actual avenida Raymond Poincaré, donde se le dio sepultura. El carruaje funerario tirado por dos caballos que condujo el cadáver de José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, lucía elegantes arreglos florales y transitó por las calles de la capital francesa; iba seguido por un cortejo integrado por familiares, amigos y miembros de la colonia mexicana radicada en París.

Inmediatamente detrás del coche fúnebre marchaban dos hombres que lucían capas negras, eran portadores de algunas de las condecoraciones del general Díaz, seguramente una de ellas sería el Collar del 2 de Abril que fue la que más apreciaba de todas y que lucía con orgullo y gallardía en las ceremonias de gala.

En 1921, Carmelita dispuso exhumar los restos de su esposo para trasladarlos a una cripta que mandó edificar en el cementerio de Montparnasse, donde aún se encuentran sepultados. Es una sobria capilla fúnebre de color gris que en la parte superior de su puerta de acceso, luce el águila mexicana devorando una serpiente y bajo la cual se aprecia la inscripción de su nombre: Porfirio Díaz. En su interior, sus familiares depositaron una urna que contiene tierra de Oaxaca, cada año es visitada por incontables turistas mexicanos.

ATACADO POR UNOS Y DEFENDIDO POR OTROS

El reconocido historiador Francisco Martín Moreno, ha afirmado que la histórica figura de Porfirio Díaz "es el ejemplo de lo que no se debe de hacer en este país", sus comentarios atizan el fuego de la polémica al hacer los siguientes señalamientos:

Llegó al poder mediante un golpe de estado después de perder varias elecciones presidenciales, derrocó al gobierno constitucional de Sebastián Lerdo de Tejada, su dictadura terminó en un baño de sangre, fue enemigo de la democracia y la libertad de expresión al encarcelar a sus críticos, traicionó a la Guerra de Reforma por su reconciliación con el clero, reprimió a los huelguistas de Cananea y Río Blanco con saldo de muertos, masacró a los indios yaquis y mayos que pelearon por el despojo de sus tierras, su negro capítulo "mátalos en caliente" lo retrata como un tirano sanguinario.

No obstante, Martín Moreno reconoce que la gran obra de Porfirio Díaz está en las comunicaciones, sobre todo en los miles de kilómetros de vías férreas que estimularon el desarrollo de México; además, admite sus incuestionables logros en el saneamiento de las finanzas públicas.

Por su parte, el prestigiado historiador Enrique Krauze, destaca y enaltece las aportaciones del gobierno de Porfirio Díaz que contribuyeron al progreso de México, así lo plantea:

Le dio paz social al país al rescatarlo de las guerras y los cuartelazos, la economía se desarrolló en tasas de crecimiento superiores a muchos gobiernos posrevolucionarios, por primera vez hubo un superávit fiscal, la inversión extranjera fluyó notablemente al apoyar a los capitales europeos, se construyeron 19 mil kilómetros de vías ferroviarias, tendió la red de telégrafos y modernizó el correo, se fundaron nuevas ciudades y puertos, terminó con las alcabalas (impuestos por tránsito de mercancías de un estado a otro), fortaleció al peso, acreditó a México en los mercados internacionales y al renunciar a la presidencia no dejó endeudada a la nación.

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