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ARTURO RIVERA EN DURANGO

GALERÍA SEISDIECIOCHO

EL SIGLO DE DURANGO, 🕚
ARTURO RIVERA EN DURANGO

"PAUSA" lleva por nombre la reciente exposición de Arturo Rivera inaugurada en el Museo Francisco Villa en el marco del Festival Revueltas 2015, no recuerdo una exposición individual suya en Durango, sin embargo, la presencia de su arte se ha dejado sentir durante mucho tiempo a través de catálogos y publicaciones, influyendo significativamente en algunos pintores duranguenses, sobre todo en la generación emergente de los años 90´s. Y es que era natural que así sucediera ya que en Durango muchos de los que, en aquel entonces, iniciábamos una carrera artística, nos sentíamos inconformes con la realidad de la plástica local, pero veíamos con admiración y fascinación las posibilidades de una pintura figurativa que retomaba valores plásticos provenientes de la tradición como el dibujo y la figura humana pero que al mismo tiempo conviviera con una realidad múltiple y desgarradora como la vida de nuestros tiempos, violenta y deshumanizada. Fue en obra como la de Arturo Rivera en la que encontraríamos una revelación y, a la vez, una confirmación para nuestras propias expectativas.

Series como la "Historia del Ojo" nos mostraban a un artista que expandía las posibilidades expresivas de un medio que se creía superado: el dibujo, sobretodo por la elaboración de una síntesis técnica de gran contundencia y, para nada, alejada de la atmósfera de su tiempo. Obras como el "Rito" o "Ecce Homo" de factura refinada y dramática, cristalizaban, de algún modo, las aspiraciones de quienes vivíamos en un Durango que se debatía entre nacionalismos sistematizados y los ecos de la ruptura; no podíamos más que reconocer mucho de nuestro anhelo en las obras de Arturo Rivera.

Esta forma de hablarnos con pintura sobre la parte más "obscura" de la belleza y del hombre mismo nos atrapó, el escrutinio del fenómeno del dolor como un motivo plástico, obsesivo y recurrente que, paradójicamente, se descubre también Bello desafía todo prejuicio moralizante sobre el arte, armonizándose perfectamente con el espíritu de una época hedonista, hiper-violenta donde el ser humano padece cotidianamente, siendo testigo constante y cercano de nefastos acontecimientos que masificados por la hiper-conectividad se convierten en catalizadores estéticos para las nuevas generaciones de pintores.

Pos si fuera poco y, adaptándose bien a la tecnología, Arturo Rivera ha sabido aprovechar los medios de información digitales como las redes sociales, no solo para dar a conocer su obra y sus opiniones sobre el panorama artístico nacional y mundial sino también como un constante divulgador de información referente al arte, la poesía y la música asumiendo una labor formativa y de actualización para muchos creadores que constantemente seguimos sus publicaciones, revelando así, una faceta poco explorada por artistas de su propia generación.

Todo lo anterior y más explican la atracción que despierta Arturo Rivera y su obra, que siendo reflejo de sí mismo, trasciende lo desgarrador, porque en esta reflexión sobre los "Rastros del Dolor", (haciendo alusión a su primer libro, 1985), del dolor humano, individual y universal, el artista nos muestra el soteriológico trayecto de la pintura, de su poder evocativo y transformador, donde la provocación y lo irreverente son solo una cara de la misma moneda, escenario crudo y terrible donde acudimos al umbral de la vida a través de la muerte y, que al desmembrar un conejo o cualquier otro ser vivo, nos muestra sus entrañas pero también "la respuesta ", como cuando buscas adentro lo que está por todas partes.

ARTURO RIVERA EN DURANGO
GALERÍA SEISDIECIOCHO. (ARCHIVO)