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Roberto Martínez García, profesor de Historia
dom 18 oct 2015, 8:58am 4 de 4

Don Silvestre Faya Ardizana. Hombre de trabajo y tesón inquebrantable

Don Silvestre Faya Ardizana en los años veinte.


SIGLOS DE HISTORIA

PRIMERA PARTE

Don Silvestre Faya Ardizana nació el 26 de noviembre de 1872 en la Villa de Nava, provincia de Asturias en España, fueron sus padres don Jacinto Faya y doña Dolores Ardizana. Según escribió su hijo Jacinto tenía apenas 20 años cuando hizo realidad su proyecto de emigrar en busca de un mejor futuro; la costa asturiana, situada en el norte de la península ibérica era recorrida constantemente por fragatas y pequeños barcos destinados a llevar a América a los que soñaban con hacerse ricos. Así lo habían hecho muchos gallegos, asturianos, cántabros y vascos, especialmente. Quizá siguió la ruta más común entonces, de la costa asturiana a La Habana y de ahí a Veracruz. Al despedir al hijo que emigraba hacia un rumbo desconocido seguramente sus padres experimentaron un gran dolor; en todos los tiempos el despedir a un hijo es poner en duda si algún día se le volverá a ver, por eso don Jacinto y su esposa Dolores plantaron en el huerto familiar un manzano esperando que algún día su hijo retornara y probara su fruto. Muchos aldeanos vecinos les aseguraban que eso no iba a suceder. Afortunadamente para los esposos no se quedaban solos tenían a su lado a sus otros hijos: Benigno, Valentín, María y Guadalupe.

Y es que el famoso nombre de La Laguna llegó a los oídos del joven Silvestre y decidió trasladarse hacia allá, el establecimiento de la línea férrea la había hecho el destino de muchos migrantes, ya existían muchos, muchísimos ranchos destinados al cultivo del algodonero. Silvestre llegó a la hacienda de Zaragoza (hoy Tlahualilo) que tenía poco tiempo de fundada por varios españoles, causa por la que hasta hoy prevalecen nombres de lugares propios de su país de origen como: Barcelona, Toledo, Pamplona, Córdoba, Valencia, etcétera. Hipotéticamente se estableció como empleado en el rancho Rosas, perteneciente a la gran hacienda Zaragoza. En la provincia asturiana el clima es muy diferente al que prevalece en La Laguna, allá es un paisaje de verde rabioso, mucha agua de arroyos que bajan de la sierra y mar a la vista; acá, el lagunero verde seco, agua de lluvia de vez en cuando, un cambio brusco al que había que adaptarse, es posible que muchos de los que llegaron, vieron, sintieron el calor y se regresaron. Cinco años como empleado le sirvieron para conocer el cómo se cultiva el algodón, pues ahí lo conoció, aunque ahí no necesariamente era trabajador de campo, quizá atendía algún anexo hacendario como podía ser la carnicería, la tienda u otro espacio. En el rancho Rosas "tomó agua lagunera", - así les decimos los laguneros a los que llegan de otros lados y aquí se casan-, pues en otro lado no la encontrarán más sabrosa, de tal manera que nunca regresan a su tierra. Así contrajo matrimonio con la señorita Teresa Martínez Rubio, originaria de Indé, Durango. La pareja Faya-Martínez procreó 13 hijos, pero solo les sobrevivieron cinco: Joaquín (n.1904), Dolores (n.1907), Hermelinda (n.1908), Jacinto (n.1910) y Elisa (n.1912). Duros golpes recibió el matrimonio cuando perdían a un hijo, el andar en ese tiempo en ranchos incomunicados, alejados de los centros urbanos, sin atención médica, agua potable y todas las consecuencias que eso conlleva, circunstancias que pusieron a reflexionar a don Silvestre, por eso cuando la compañía de Tlahualilo sufrió cambios severos en su administración dio un tirón de mando y tomó rumbo hacia otro trabajo con mayores perspectivas de éxito, así se instaló en la La Pinta, (entonces en el municipio de San Pedro de las Colonias, hoy en Francisco I. Madero), este rancho formaba parte de la grandiosa hacienda Lequeitio, propiedad de Leandro Urrutia quien la había arrendado a Rafael Arocena a partir de 1902. Ahí el asturiano se dedicó a atender una carnicería, donde se ganaba muy buenos pesos en la época de recolección de fibra de algodón.

Sus retoños nacieron en el campo lagunero, los mayores seguramente en Rosas y La Pinta, Hermelinda y Jacinto en la hacienda La Florida a donde llegó en 1907 después de firmar con Abraham Luján el documento relativo al arrendamiento. Contigua al casco hacendario había una estación ferrocarrilera llamada San Miguel del Porvenir (hoy solamente El Porvenir), ahora cualquier contingencia de salud podían ser atendidos con mayor celeridad, el tren pasaba todos los días, pero allá no había lo que Silvestre y su esposa aspiraban para la educación de sus hijos, así fue que decidió que los niños y doña Teresa se trasladaran a Gómez Palacio, lugar donde entroncaba el ramal Gómez Palacio-Monterrey, -que era el que pasaba por San Miguel del Porvenir-, con el de México-Ciudad Juárez.

Pasada la contingencia de la crisis financiera de 1907, donde el valor del algodón cayó por los suelos volvió a restablecerse la economía de tal manera que empezó a construir una casa en Gómez Palacio, entonces ya era un hombre que con base en sacrificio, ahorro y reinversión, no solo de él, sino de toda su familia, había logrado ser exitoso. Se dio el gusto de volver a su patria de origen en 1909, hacía más de 16 años que no veía a padres y hermanos, se encontró con la sorpresa de que su padre, don Jacinto, le diera a probar la fruta del manzano que había plantado cuando había decidido emigrar hacia América, y que desde entonces muchos vecinos de su pueblo le aseguraban que jamás probaría las manzanas. Fue un acto de enorme emoción para el padre y el hijo ausente, la presencia de los vecinos atestiguó el hecho, y es que muchos de los que emigraban jamás volvían. Al volver a México terminaría la hermosa casa la que fue habitada por su familia a partir de 1912.

Pero llegó la Revolución, y con ella muchos sinsabores para la familia Faya; el maderismo y el orozquismo (1910-1913) parecieron no afectarlos mucho, fue la xenofobia villista la que los lastimó profundamente. El solo hecho de que el jefe de la familia fuera español lo convertió en un hombre prospecto para la persecución. Reconocido ya don Silvestre como adinerado, y además dueño de una de las casas más hermosas de Gómez Palacio, tuvo que sufrir la expulsión en 1914 junto con su familia y ver convertida a su casa en cuartel general y habitación del general Villa. El Centauro se estableció en ella desde que logró entrar a Gómez Palacio. Desde la expulsión don Silvestre y su familia, excepto Jacinto, quien fue llevado a El Porvenir con una tía para su atención, se refugiaron en El Paso, Texas. Al cuidado de la casa quedó un medio hermano de doña Teresa, el que tuvo que soportar todos los saqueos y destrozos que la edificación sufrió. La familia regresó cuando se supo que Villa había sido derrotado en los campos de Celaya y Aguascalientes (1915). Don Silvestre volvería hasta finales de ese año, ahora la tarea fue la de restaurar y amueblar otra vez la casa, así como reencontrarse con la actividad de su vida: el cultivo de la tierra por medio de la empresa Silvestre Faya y Compañía teniendo como socios a Máximo Álvarez, a su primo hermano Adriano Faya y a José Cocina, cada uno de ellos tenía asignado el 25% de las acciones cuyo capital social fue de 60 mil pesos. La Faya y Compañía se dedicó a tomar en arrendamiento ranchos algodoneros, ejemplo: en 1915 arrendaba La Pinta y Covadonga, pertenecientes a la hacienda Santa Teresa, entonces propiedad de Rafael Arocena y Leandro Urrutia.

Pero Villa no estaba muerto y seguía visitando, él o sus seguidores, a la ciudad gomezpalatina, era el momento en que la familia Faya se trasladaba a Torreón para hospedarse en el hotel Barcelona, el Iberia o en la casa del asturiano Ángel González, eso, mientras pasaba la contingencia. (Continuará)

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