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DOMINGO DERAS TORRES
dom 13 dic 2015, 9:27am 3 de 3

La expulsión y el incendio de Cuencamé en 1915

La plana mayor de la División del Norte, entre los cuales se encuentran los 21 generales nativos de Cuencamé. En la fila de abajo, al centro y marcado con una cruz, aparece el general Francisco Villa. (Archivo Casasola)


SIGLOS DE HISTORIA

PRIMERA PARTE

El destierro de sus habitantes y el deliberado incendio de Cuencamé por parte de los carrancistas, fueron trágicos acontecimientos ocurridos los días 11 y 12 de diciembre de 1915, los que tuvieron su origen en el visceral odio que se desató entre Francisco Villa y Venustiano Carranza. Esta comunidad dio a las filas de la División del Norte 21 aguerridos generales, decían los carranclanes que "en Cuencamé hasta los perros y los gatos son villistas", allí se acuñó la famosa moneda "Muera Huerta" que tiene gran valor numismático y está acaparada por los coleccionistas. La expulsión de los cuencamenses, fue un acto de inclemente venganza sobre un grupo humano inerme que soportó días de angustia, desamparo, tristeza, hambre, frío y el vandálico saqueo e incendio de sus viviendas.

LA ENEMISTAD ENTRE FRANCISCO VILLA Y VENUSTIANO CARRANZA

Francisco Villa, al derrotar a las tropas de Victoriano Huerta en la Batalla de la Laguna acontecida en los meses de marzo y abril de 1914, así como en la Batalla de Paredón en mayo y la toma de Zacatecas que culminó el 26 de junio de ese año, se consagró como un brillante estratega militar y gran líder revolucionario.

La avasallante figura del Centauro del Norte aparecería meses después en las pantallas del cine norteamericano, su secretario particular el general Eugenio Aguirre Benavides, había suscrito con la autorización de aquél un contrato con los representantes de la firma cinematográfica Mutual Film Corporation de Nueva York. El documento legal, autorizaba a sus camarógrafos a viajar a México para filmar al controvertido Pancho Villa, en plena acción bélica en los campos de batalla al mando de su ejército; las películas se realizaron en los estados de Chihuahua y Coahuila. (Pancho Villa. Autor: Paco Ignacio Taibo II. Editorial Planeta. México. 2006).

Las cintas fueron exhibidas con éxito en las principales salas de cine de los Estados Unidos y de otros países. Así, el nombre de Pancho Villa se encumbró a la leyenda y el mito, su ubicua figura apareció en los principales periódicos del mundo y los corridos revolucionarios narrarían sus hazañas bélicas, su truculento pasado y las andanzas de su vida íntima. La mayoría de aquellas películas se perdieron. El caudillo duranguense nativo de San Juan del Río adquirió popularidad, prestigio militar y ensombreció a los generales carrancistas Benjamín Hill, Pablo González y Álvaro Obregón.

Venustiano Carranza vio con recelo la estatura de gigante que adquirió el Centauro del Norte. La envidia lo dominó. En su libro Pancho Villa, Paco Ignacio Taibo II nos relata que las divergencias entre los dos personajes fueron muy evidentes durante los encuentros que sostuvieron en Chihuahua, durante la primavera de 1914, la confrontación de criterios fue ácida y tuvo pasajes violentos; una de esas polémicas entrevistas se registró en la Quinta Gameros, elegante finca que ocupó El Primer Jefe durante su estancia en esa ciudad.

De aquellas escabrosas entrevistas, el doctor Ramón Puente transcribió la impresión que Villa se llevó de Carranza: "Jamás me miraba directo y toda su conversación se reducía a reclamarme nuestras diferencias de origen, haciéndome ver que él lo había sido todo; presidente municipal, jefe político, gobernador de Coahuila, senador y Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. Nada había de común entre aquel hombre y yo; él era un político y yo un humilde luchador". (La Batalla de Zacatecas. Autor: Sergio Candelas Villalba. Edición del Gobierno de Zacatecas. Impresora de Ediciones. Tlalnepantla. 1989).

De regreso en Torreón donde fijó su cuartel, Villa recibió órdenes de Carranza para que auxiliara al general Pánfilo Natera con una brigada de 5,000 hombres para tomar la ciudad de Zacatecas, desobedeció y le presentó su renuncia como Jefe de la División del Norte, dimisión que con gusto le aceptó el exgobernador de Coahuila. El revolucionario duranguense alegaba que esa brigada no era suficiente, el asalto a la capital zacatecana la quería realizar él mismo con todo su ejército, El Primer Jefe se resistía a tal petición y deseaba que Natera obtuviera la victoria a favor del carrancismo.

La plana mayor de los generales villistas no aceptó la renuncia de su líder, lo convencieron de seguir al frente de la División del Norte y le mandaron un telegrama a Carranza, remitido y fechado en Torreón, el 4 de junio de 1914. Destacaba en su texto la siguiente frase con azufroso reproche: "Sabemos bien que esperaba usted la ocasión de apagar un sol que opacaba el brillo de usted".

Y la misiva concluía retadora: "Participamos a usted que la decisión de marchar hacia el sur (a Zacatecas) es terminante, y por consiguiente, no pueden ir a esa ciudad los generales que indica"; el texto lo redactó Felipe Ángeles, el formidable calculista militar del villismo. La advertencia se transmutó en amenaza cumplida, días después la impresionante máquina bélica de la División del Norte se desplazó por vía ferroviaria a Zacatecas, las sangrientas refriegas por la conquista de la ciudad culminaron con la muerte de miles de contendientes de ambos bandos. Los soldados de Victoriano Huerta que sobrevivieron, saldrían despavoridos huyendo hacia el centro del país, la derrota obligó al dictador a dimitir días después a la presidencia el 15 de julio de 1915.

Triunfante, el indómito Pancho Villa se salió con la suya. En colérica represalia, Carranza ordenó que no se surtiera de carbón a las locomotoras de la División del Norte y así frenó su avance para tomar la ciudad de México, lo que hubiera equivalido a un descalabro más para el ambicioso "viejo barbas de chivo", llamado así por sus adversarios.

De nada sirvió la cumbre revolucionaria de la Convención de Aguascalientes, realizada durante los meses de octubre y noviembre de 1915, tenía como meta reconciliar los ánimos de los carranclanes (constitucionalistas) con los villistas y el zapatismo (convencionistas). Estériles fueron los esfuerzos para zanjar la brecha entre los dos corrientes que integraban el movimiento revolucionario, los rencores se agudizaron y alcanzarían su más alta polarización; así, se pasó a la fase bélica que tuvo un saldo fatídico en pérdidas humanas.

Si en 1914, la estrella militar de Francisco Villa brilló esplendente en el firmamento revolucionario, se apagaría en la primavera-verano de 1915 al ser derrotado por el ejército constitucionalista en las batallas de Celaya, León, La Trinidad y Aguascalientes. El Centauro del Norte hizo grandes esfuerzos para revitalizar sus tropas, no lo logró, la caída fue inevitable y tomó la decisión de deponer las armas para retirarse a la vida privada en 1920. (Historia Gráfica dela Revolución Mexicana. Autor: Gustavo Casasola. Editorial Trillas. México. 1973).

LA RIVALIDAD ENTRE CALIXTO CONTRERAS Y FRANCISCO MURGUÍA

Calixto Contreras Espinoza (1867-1916), nació en la comunidad de San Pedro de Ocuila, un pintoresco caserío rural muy cercano a Cuencamé. Creció entre los labrantíos, los animales de corral y agostadero. Durante su adolescencia y ante las penurias financieras de su familia, se inició en las labores del campo donde constató la pobreza en que vivían los campesinos, quienes eran explotados por los terratenientes porfiristas y en este ambiente de injusticia germinó su moral rebelde y revolucionaria.

Fue apresado, en 1909, por protestar contra el despojo de tierras del que fueron víctimas los humildes campesinos ocuilenses. Acérrimo enemigo de la discriminación social y sus réprobas consecuencias, se afilió a la Revolución Mexicana de 1910 y atacó a Cuencamé con sus hombres en febrero de 1911, expulsando a las autoridades porfiristas y sus tropas. Seguido por los cuencamenses que lo vitoreaban, su primer acto como autoridad consistió en abrir las puertas de la prisión local para liberar a los maderistas allí recluidos, entre los que se encontraba su amigo y compañero de lucha Severino Ceniceros Bocanegra.

Se dio de alta en las tropas villistas ante el asesinato del presidente Francisco I. Madero, acontecido en febrero de 1913. En unión de su paisano y correligionario Severino Ceniceros, mandó acuñar la afamada moneda de un peso de plata con la frase "Muera Huerta", en 1914. Tiene la particularidad de que en lugar de exaltar la efigie del personaje al que se refiere, le desea su muerte, se dice que fue troquelada en la fundición de Velardeña que se localiza al norte del municipio de Cuencamé. Según la conseja popular de la época, Victoriano Huerta se enfureció al enterarse de su circulación y ordenó a sus soldados que sin previo juicio, fusilaran a todo aquél que la llevara consigo.

Calixto Contreras fue hombre de sangre fría, su temeraria valentía al frente de su Brigada Zaragoza en las tomas de Torreón y Zacatecas, le reportaron la admiración y el respeto de Francisco Villa. Nunca desertó del villismo, ni quebrantó sus ideas en la defensa de los agraristas, su código de moral era insobornable.

En Torreón, ante su salida de esta ciudad en abril de 1914, Villa le encomendó a Contreras Espinoza la custodia una enorme cantidad de oro que manejó con honradez y que aquél había obtenido como "préstamo forzoso para la causa", valor metálico que pertenecía a los banqueros y hacendados españoles de la localidad.

Calixto Contreras hizo de su vida un apostolado luchando a favor de los débiles. Falleció víctima de una emboscada en los terrenos de la hacienda El Chorro, cercana a Durango, en julio de 1916.

La fóbica enemistad que sentía el general carrancista Francisco Murguía López de Lara, hacia Calixto Contreras, nació debido a que éste lo venció en Jalisco en diciembre de 1914, así ganó para el villismo la ciudad de Guadalajara. Murguía se sintió muy humillado y nunca olvidaría la derrota que le propinó el soldado de hierro de Cuencamé, no obstante que recuperó la capital jalisciense en enero de 1915, al derrotar a Contreras Espinoza y sus tropas.

Murguía se enteró que entre los principales miembros de la Brigada Juárez de Calixto Contreras, figuraban varios generales y oficiales oriundos de Cuencamé. Así nació su pasional odio hacia esta población que, al ocuparla con sus tropas aquel trágico 12 de diciembre de 1915, ordenó ebrio de saña y de manera violenta el injusto destierro de sus habitantes y el incendio de sus viviendas. (Continuará)

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