Editoriales
JESÚS CANTÚ
dom 6 ago 2017, 3:28am 3 de 7

La llamada muestra a Peña condescendiente y a Trump imperturbable



 L A versión estenográfica de la llamada entre los presidentes de México y Estados Unidos el 27 de enero de este año evidencia la condescendencia de Enrique Peña Nieto con Donald Trump, pero también la complicidad de ambos para engañar a sus respectivas ciudadanías, pues optaron por un comunicado con un "pensamiento realmente hermoso", aunque no revelara para nada ni el tono ni los acuerdos de la conversación que sostuvieron.

La plática telefónica entre ambos deja claro que ambos se mantuvieron en sus posiciones: Peña, casi implorante ante un Trump decidido a imponer impuestos a los productos mexicanos, construir el muro en la frontera y culpando a los cárteles mexicanos de la creciente drogadicción de sus connacionales.

Hoy también es evidente que la terquedad de Trump no es exclusivamente en su trato con México, sino que es una persona incapaz de escuchar, simplemente ignora a las voces discordantes y no cambia un ápice sus posturas. Lo cual, desde luego, vuelve más preocupante el futuro inmediato de México, pues como lo dejó claro en la conversación telefónica, en su campaña insistió en varios temas que involucran a México.

Una y otra vez reiteró, en relación al Tratado de Libre Comercio: "Me eligieron sobre la plataforma de solventar el problema de la pérdida de dinero ante México...No lo vamos a seguir haciendo y es insostenible". Y más adelante insistió: "...honestamente México...ha tomado ventaja de Estados Unidos...". Y, en relación a la migración y las drogas: "...queremos tener el muro, porque no queremos que la gente cruce nuestra frontera. No los queremos, ya tenemos gente suficiente cruzando la frontera y quiero pararlos...Tenemos muchos problemas con México más allá del problema económico. Nos estamos convirtiendo en una nación adicta a las drogas que vienen de México...".

Mientras Trump reiteraba sus promesas de campaña, Peña Nieto concedía: "El espíritu de mi gobierno, es la posición de mi administración, es para que le vaya bien a Estados Unidos y a tu gobierno, porque es la única manera de continuar trabajando juntos y es realmente mi honesta posición. Paremos de hablar sobre quién pagará por el muro...De esa forma quitaremos los obstáculos de nuestro camino".

Estas palabras para nada representan el texto del comunicado conjunto: "Con respecto al pago del muro fronterizo, ambos presidentes reconocieron sus claras y muy públicas diferencias de posición en este tema tan sensible, y acordaron resolver estas diferencias como parte de una discusión integral de todos los aspectos de la relación bilateral".

De la conversación es evidente que Trump accedió, a solicitud de su yerno Jared Kushner, a iniciar la renegociación del Tratado de Libre Comercio, pero con un gran escepticismo, pues su preferencia es el establecimiento de impuestos fronterizos; que insistirá en la construcción del muro y, desde luego, también persiste en su intención de que México pague la misma. Nunca en toda la conversación se estableció la idea de "una discusión integral", es decir, donde se incluyan todos los temas que importan a ambos países, particularmente los que tanto importan a México, como son los flujos de armas y dineros ilegales, sí los mencionó Peña Nieto, pero Trump nunca los refirió como temas sujetos a ningún tipo de diálogo.

Cierto, como han dicho algunos especialistas en relaciones internacionales: la llamada y la actitud condescendiente de Peña Nieto fueron clave para mantener viva la posibilidad de una renegociación del TLC; pero los riesgos de alcanzar un acuerdo desfavorable para México o simplemente dar por concluido el acuerdo trilateral y, en todo caso, mantener uno con Canadá muy altos (como ya aceptó Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía, en un documento presentado el pasado 27 de julio, ante la Junta de Coordinación Política del Senado), por la intransigencia del presidente norteamericano.

Es también evidente que los temas que están a discusión son los que Trump colocó sobre la mesa desde su precampaña, es decir, él es el que ha establecido totalmente la agenda y México, no logra participar en el establecimiento de la misma. La llamada también deja claro que la visita de Trump en septiembre del año pasado, justo al inicio de su campaña electoral en Arizona, fue a partir de la insistencia su yerno: "Si me reuní con ustedes, fue solamente por la buena relación que tiene Jared Kushner con Luis, y ellos decidieron la reunión y hablar, pero a mí no me hicieron ningún favor con esa reunión".

A diferencia de lo que señaló en su momento el comunicado conjunto, en la llamada lo único que se estableció es que continuarían las conversaciones, pero no hubo ni una actitud positiva y constructiva ni una agenda integral, simplemente mantener la comunicación. Por supuesto que es importante mantener el diálogo con un vecino del que se es tan dependiente, como es el caso de México con Estados Unidos, pero no puede considerarse ningún logro, especialmente cuando es evidente que se cede a todas sus imposiciones; cierto la correlación de fuerzas es muy desigual, pero los norteamericanos también están conscientes de los graves daños que resentirían si la inseguridad y los conflictos sociales se agudizarán o México sufriera una crisis económica. México sí tiene armas para equilibrar la mesa, al menos un poco.

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