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Enrique Torres Cabral
sáb 18 feb 2006, 6:40pm 7 de 9

SARTRE Y LA LIBERTAD



"La prostituta respetuosa" es una obra de teatro en un acto con dos cuadros escrita por Jean Paul Sartre y estrenada en París el 8 de noviembre de 1946. Esta obra de teatro fue estrenada en Durango en 1967, dirigida por Francisco Zavala.

El argumento es sencillo, entendible, trata de una prostituta de nombre Lizzie, quien fue testigo de un crimen cometido por un hombre rico. De este crimen quieren culpar a un negro y sólo Lizzie, la prostituta del pueblo, puede salvarlo, pero en un pueblo del sur de los Estados Unidos la vida de un negro no es nada si se le compara con la vida de un rico blanco. Lo más hermoso de la obra es que Sartre nos enseña que, hagamos lo que hagamos, nadie es culpable de nuestros actos más que nosotros mismos. Somos libres, estamos condenados a ser libres.

¿Qué hará Lizzie? ¿Salvará al negro? ¿O caerá deslumbrada por el dinero del rico y terminará convertida en su amante? Repasemos la obra y detengámonos en algunos párrafos que nos darán luz sobre los conceptos de conciencia, libertad, decisión y responsabilidad.

En la primera escena del primer cuadro, el negro le pide a Lizzie que lo salve, el negro es buscado por un crimen que no cometió y solamente ella sabe que el negro es inocente.

En la segunda escena del primer cuadro Lizzie comenta que fue testigo del crimen, comenta que vio a dos negros tranquilos, que llegaron cuatro blancos, entre ellos dos primos ricos, a golpearlos, que los negros se defendieron, que un blanco, Thomas, sacó un arma y mató a uno de los negros. El otro negro huyó. Los blancos declaran falsamente que los dos negros estaban violando a Lizzie. Ella sabe la verdad, pero tendrá que decidir. Tiene la libertad para decir la verdad y salvar al negro inocente o mentir para salvar al blanco asesino. Si miente el negro será linchado y Lizzie habría salvado a un blanco de ir a la cárcel por asesinato, y la ciudad le agradecería a haber salvado a uno de sus hijos (blancos). Se convertiría en una prostituta respetuosa.

En la última escena del segundo cuadro Fred, miembro de una familia de senadores y primo de Thomas, pone sus condiciones y Lizzie las acepta, ella decide declarar en contra del negro, en contra de la verdad, se convertirá en la amante de un blanco rico. Con Sartre no se puede decir que el mal triunfa sobre el bien, que el dinero triunfa sobre la pobreza. En todos los actos de nuestra vida triunfa cada uno de nosotros, porque hacemos esos actos con plena libertad y no podemos culpar ni al bien ni al mal, ni a la pobreza ni a la riqueza. El único culpable, el responsable de cada acto es quien lo comete, porque sabe que lo cometió en plena libertad y ésa es la parte más bella del pensamiento filosófico de Jean Paul Sartre.

Lizzie decide, en plena libertad, hacerse amante de Fred, nadie la forzó, ella actuó en libertad, el ser humano tiene un preciado tesoro, la libertad. Y Lizzie con su libertad, acepta las condiciones de su amante. Y en la página 280 del libro “Obras completas de Sartre”, Editorial Aguilar, 1974, la obra se termina con las palabras de Fred: "te instalaré en la colina, al otro lado del río, en una casa bonita con un parque. Te pasearás por el parque todo lo que quieras, pero te estará prohibido salir de allí; soy muy celoso. Iré a verte tres veces a la semana, ya anocheciendo: el martes, el jueves y el sábado hasta el lunes. Tendrás criados negros y más dinero del que hayas podido soñar nunca, pero me tolerarás todos mis caprichos. ¡Y tendré muchos!"

La obra es muy sencilla, pero en su desarrollo Sartre nos muestra en la actitud de Lizzie lo más hermoso del ser humano, su libertad para decidir. La libertad es el principal elemento. Todos decidimos constantemente, somos libres. Sartre nos dice que tenemos libertad para hacer lo que deseemos, menos para dejar de ser libres, que al decidir estamos solos, que no podemos culpar a nadie de nuestra decisión, que no podemos decir que nos forzaron, que la decisión se da en la más absoluta soledad y que por ello provoca angustia. Por eso pesa tanto la libertad, por eso nadie quiere aceptar que es libre. Pero lo aceptemos o no, somos libres, estamos condenados a ser libres.

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