Editoriales
JUAN ANTONIO GARCÍA VILLA
jue 4 ene 2018, 7:10am 7 de 8

Las comisiones en la LXI legislatura local



El pasado 1 de enero quedó instalada la LXI legislatura local de Coahuila. La integran 25 diputados: 10 del partido que detenta el gobierno estatal y 15 de otras formaciones políticas. Dada esta singular composición, se espera que por primera vez en muchos años el Congreso del estado reasuma su categoría de verdadero Poder. Como debió haber sido siempre, para bien de la vida pública local y de la democracia.

Sin embargo, las cosas no serán fáciles. En particular si en el seno mismo del órgano legislativo se generan resistencias que tornen en quimera tan promisoria posibilidad. Y menos aún si no se toman en cuenta aspectos fundamentales para lograrla. Entre otros, algunos en los que quizá nadie o muy pocos han reparado. Como en el número y conformación de las Comisiones del Congreso, que deberán quedar aprobadas la próxima semana.

De manera prácticamente unánime, los tratadistas de temas parlamentarios consideran que las Comisiones congresionales no sólo son imprescindibles para el desarrollo de la función legislativa, sino además piezas clave para el buen desempeño de las tareas parlamentarias. Se podían transcribir aquí numerosas citas al respecto, de otros tantos autores, pero considero que no es necesario a fin de no extender demasiado este artículo.

¿Qué son las Comisiones legislativas? Son equipos especializados de trabajo integrados por legisladores que estudian, analizan y dictaminan (en su caso informan), es decir, ponen en estado de resolución las iniciativas y propuestas que les son turnadas por el pleno de la Asamblea. ¿Cuántas Comisiones debe tener un Congreso como el de Coahuila? Sólo las estrictamente necesarias.

Para poner el asunto en contexto, cabe señalar que el Bundestag (Cámara baja de Alemania) formado por 662 miembros, ordinariamente suele tener alrededor de veinte comisiones. La Asamblea Nacional de Francia, integrada por 577 diputados, en la IV República tenía 19 comisiones y actualmente sólo seis. En EUA el Senado, compuesto por cien senadores, tiene 17 comisiones y la Cámara de Representantes, integrada por 435 miembros, cuenta con 22. Y así por el estilo en otros países avanzados.

En México, por razones meramente de orden político, se registra una irrefrenable tendencia a crear comisiones legislativas en exceso. A pesar de la disposición expresa de que en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión haya una Comisión por cada área de la Administración Pública Federal, cuyo número no llega a 20, sin embargo suele haber alrededor de medio centenar de comisiones. El caso extremo fue la XLVI Legislatura (1964-1967) que contó con 78.

La lucha entre diputados federales y senadores por participar en determinadas Comisiones y sobre todo por presidir alguna, es feroz. En alguna ocasión cierto coordinador parlamentario, que no hallaba cómo calmar a sus huestes, les comentó que él entendía que todos quisieran presidir alguna por el status que confería. Al instante uno gritó que no era tanto por el status sino por el estratus. Es decir, por el automóvil que a cada presidente de Comisión se le otorgaba, pues bien se conce que la mayoría de las comisiones carece de importancia, son frustrantes y de hecho jamás se reúnen siquiera.

En Coahuila la Ley Orgánica del Congreso (LOC) establece 25 comisiones permanentes (art. 88), más las especiales que eventualmente se formen, así como 5 comités (art. 133), cuyo número después del brutal albazo legislativo del pasado 26 de diciembre, al que pronto me referiré, quedó en 4.

Dispone la LOC que las Comisiones Permanentes se integrarán en general por 7 miembros y excepcionalmente por 9. Y los comités por 5. Asimismo ordena que cada diputado no puede formar parte de más de cinco Comisiones, salvo casos especiales (art. 21-II).

Considerando los datos anteriores, entre comisiones y comités están disponibles 200 espacios. Divididos éstos entre el número de diputados, que es de 25, significa que en promedio cada diputado debe formar parte de 8 comisiones, y no hasta de 5 como ordena la LOC.

Sin violentar la ley, el problema se puede resolver o reduciendo el número de miembros de cada Comisión, lo cual sería impráctico, o disminuyendo el número de Comisiones, que a todas luces resulta lo más sano, pertinente y viable.

Sobre el tema queda mucho, bastante más en el tintero para el siguiente artículo. Que espero aún sea oportuno.

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