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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA
lun 8 ene 2018, 9:01am 8 de 27

'Mamá Petrita', la memorable escritora de San Juan de Guadalupe



LETRAS DURANGUEÑAS

Cada libro tiene su momento. Publicado desde el año 2000, el “Diario de Mamá Petrita” (UJED-ICED-Presidencia Municipal de San Juan de Guadalupe, Durango), había despertado mi interés, aunque con toda sinceridad por ese tiempo solamente lo abrí una vez, casi al paso. Hasta ahora, que le he dedicado la atención que merece, en una lectura lápiz en mano. Las horas recientes, cuando las paredes de la casa cambian de almanaque, fueron propicias para volver tranquilamente al título que nos ocupa. Fue una grata y conmovedora experiencia (“El Espíritu sopla donde quiere”, reza la palabra bíblica) acompañar las vivencias de la señora Petra Ramírez Arellano –quien cruzó del siglo XIX al XX- y remontarnos a un viejo y lejano pueblo duranguense (lejano según el criticable centralismo que padecemos, evidentemente), llamado San Juan de Guadalupe, tierra de origen por cierto del Lic. Gonzalo Salas Rodríguez, otro notable y bien recordado hombre de cultura.

Decía que “Mamá Petrita”, como le nombraba su familia, resulta de verdad entrañable. Trabajaba su tiendita, y simultáneamente registraba en su diario los acontecimientos de los suyos, sin faltar algún que otro apunte sobre sus alrededores. Mujer profundamente religiosa, componía poemas para los festejos de ocasión (los cumpleaños de sus hijos, los matrimonios…los días dignos de celebración. Lectora de Gustavo Adolfo Béquer (tiene una recreación al estilo del poeta sevillano), su existencia estuvo no obstante colmada de sufrimientos: la precariedad económica, agravada a consecuencia de las luchas revolucionarias, los fallecimientos de sus cercanos, las enfermedades, los frecuentes cambios de domicilio: Gómez Palacio, ciudad de México, etc.), y sin embargo se amistó sensiblemente con la escritura a manera de desahogo y consuelo. Llenó páginas y páginas como una especie de salvación de su propia alma, porque la sostenía una absoluta resignación cristiana. Pero no todo fue un paño de lágrimas. Sus cartas reflejan asimismo el brillo de la esperanza por un mejor porvenir. Subrayo algunos de sus renglones, que nos traen episodios separados:

“Los pensamientos bellos deben conservarse y transmitirse al papel, como se disecan las flores en un libro querido”.

Julio 8 de 1888: “A las 11 y tres cuartos de la noche se anuncia el tren, corremos todos; nos colocamos en larga fila; multitud de gente espera con lágrimas en los ojos y regocijo en el corazón. Llega el tren; se oyen inmediatamente los acordes de una música preparada al efecto; ya baja el anciano sacerdote y un grito de alegría se escapa de todos los pechos y todos los brazos se abren para recibirlo. ¡Momentos de gratísima emoción! Los pasajeros del tren se agrupan en las ventanas, algunos salen a las puertas, los demás peregrinos unen sus voces a las nuestras y todos exclaman ¡Viva México! ¡Viva el párroco de San Juan de Guadalupe! Hoy a las 5 de la mañana estábamos de vuelta después de pasar en Symón una noche inolvidable”.

Octubre 6 de 1889: “Se fue María. Todo gusto tiene término en esta vida”.

Diciembre 31 de 1896: “¡Año de 1986, adiós! Nada tengo que sentir de ti, sino por el contrario, muy gratos e inolvidables recuerdos has dejado en mi corazón y no los olvidaré nunca!

Febrero 24 de 1897: “Pasó el día con nosotras, que vino a darnos el pésame el señor cura Legarda nuestro buen amigo, yéndose luego al día siguiente para Jiménez. ¡Bendita sea la amistad! Qué dulces y gratos consuelos siente el corazón herido al sentir los consuelos dulcísimos de la amistad”.

Junio 29 de 1899: La boda y el baile en mi casa. Todos los detalles y peripecias de este memorable día de mi santo, a ellos corresponde anotarlos, yo sólo haré mención de la unión y buena armonía que reinó en ambas familias. Espero en Dios que estos nuevos esposos serán felices y que vivirán dichosos largos años”.

Diciembre 31 de 1900: “Último día del año y principio del siglo veinte. A las 12 de la noche oímos una misa solemne en el templo nuevo”.

Enero 9 de 1901: “En el momento de la toma de manos la magnífica orquesta de Lerdo tocó el precioso vals “Yo sufro”, composición del maestro Alvarado”.

Mayo 15 de 1910: “El día 11 de este mes a las 4 a.m. contemplé el cometa Haley muy hermoso y a su lado el planeta Venus. Panorama digno de verse”.

Estamos, como lo hemos observado, ante un invaluable testimonio histórico. Este personaje nos prestó sus ojos para ver por la ventana de los ayeres. Se nos presentan así, de nuevo, algunas costumbres de nuestro pasado, hechos que dejaron su huella gracias a una genuina vocación por las letras.

Habría mucho que agregar. Se hará en otra oportunidad, seguramente. Por lo pronto quede la invitación a leer la obra completa de esta singular mujer (afortunadamente se hallan los escritos en internet en el sitio “Papeles de familia”), e informémonos con mayor amplitud con el muy útil y bien redactado texto que abre el libro (firmado por Cuauhtémoc Velasco Ávila, descendiente de “Mamá Petrita”), para seguir disfrutando tal legado literario. Un caso de aislamiento artístico que en alguna medida recuerda al pintor decimonónico Hermenegildo Bustos, valorado por Raquel Tibol y elogiado por Octavio Paz. Y finalmente algo más: ¿se le reconocerán sus méritos a esta interesante escritora en San Juan de Guadalupe? ¿Habrá una escuela con su nombre? ¿Una biblioteca? ¿Una sala de lectura? La calidad de sus versos merecería que no faltara en su pueblo un concurso de poesía llamado Petra Ramírez Arellano.

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