Editoriales
JESÚS MENA VÁZQUEZ
lun 5 feb 2018, 9:04am 5 de 8

¿Celebrar la Constitución?



Vida Pública

Hoy se conmemora el aniversario 101 de la Constitución de 1917. El Presidente de la República, acompañado de los presidentes de los otros dos poderes de la federación, el Judicial y el Legislativo, estarán en la ciudad de Querétaro celebrando un aniversario más de nuestra Carta Magna.

Nuestra Constitución es producto de la primera revolución del siglo XX y fue pionera en establecer derechos sociales. Las condiciones sociales del México del siglo XIX fueron el caldo de cultivo para una revolución social de gran escala que terminó con una dictadura de tres décadas y el exilio de Porfirio Díaz.

A 101 años de que se promulgó la Constitución que hoy nos rige, podemos enumerar logros, pero el panorama sigue siendo sombrío. Tenemos instituciones, pero no funcionan como deberían para el mexicano promedio. Tenemos una tasa de analfabetismo mínima, que no se puede comparar a la que existía en el México de principios del siglo XX, pero en pleno siglo XXI, los resultados que obtienen nuestros niños en pruebas estandarizadas nos colocan muy rezagados en un mundo en el que el conocimiento y el desarrollo de nuevas tecnologías son el motor de cualquier país competitivo.

Tenemos cobertura casi universal a nivel primaria, pero no logramos que la mayoría de nuestros jóvenes tengan acceso a una educación superior de calidad. Es imposible que podamos pensar en competir con otros países en quince o veinte años cuando nuestros niños no tienen conocimientos básicos y nuestros jóvenes no tienen oportunidades para acceder a educación superior de calidad.

Tenemos instituciones de salud que cubren con la demanda de servicios que hace la población, sin embargo, como país no tenemos claridad de la forma en que podemos detener las enfermedades crónico degenerativas que consumen cada vez una mayor parte del presupuesto de este sector.

La Constitución y las leyes que de ella han emanado han creado dos clases de trabajadores: por un lado aquellos que trabajan para el sector gubernamental, especialmente a nivel federal, que gozan de todos los beneficios otorgados por las concesiones que les ha hecho el gobierno por décadas para garantizar la estabilidad política y que ahora lo tienen sumiso en una crisis debido a la carga financiera que representa pagar pensiones a millones de jubilados.

La otra cara de la moneda es la de los trabajadores del sector privado, que disfrutan de las garantías establecidos en la Constitución y las leyes federales en materia laboral, pero que no gozan de las concesiones que disfrutan los trabajadores al servicio del gobierno. Los ingresos por pensiones de los trabajadores del sector privado no les alcanzan, en muchos casos, para tener una vida digna.

Hoy, cinco de febrero, podemos celebrar que tenemos leyes, aunque los niveles de corrupción e impunidad sean alarmantes y el cumplimiento del estado de derecho sea solamente un deseo para aquellos que padecen la violencia y el crimen; que vivimos en un país de instituciones, aunque éstas solamente funcionen para aquellos en la cima de la escala social y muy esporádicamente para el ciudadano promedio; que tenemos un país educado; aunque con la calidad de la educación que tenemos sea imposible competir en un mundo globalizado.

Twitter: @jesusmenav

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