Editoriales
LUIS F. SALAZAR WOOLFOLK
jue 1 mar 2018, 8:40am 7 de 8

Linchamiento sin precedente



LUIS F. SALAZAR WOOLFOLK

El linchamiento en contra de Ricardo Anaya Cortés, orquestado por el gobierno del PRI de Enrique Peña Nieto, con el apoyo de un coro inmenso de comunicadores lacayos del régimen, no tiene precedentes en la democracia mexicana, por lo menos del año mil novecientos noventa y siete a la fecha.

A la guerra sucia en contra del candidato de la coalición Por México al Frente, se han sumado ex militantes del PAN, descontentos con razón o sin ella. Se entiende que un militante del PAN renuncie a su partido por motivos que considere válidos, pero que lo haga para hacer el juego al PRI y a Morena, a sabiendas de que nuestro país iría de mal en peor, es una incongruencia suicida.

También se entiende que los intentos de Ricardo por aglutinar al frente opositor y erigirse en su candidato, le hayan atraído la antipatía de algunos panistas que fueron o se sintieron desplazados, no solo por lo que implica la candidatura presidencial en sí misma, sino en virtud de la disminución de las oportunidades en el rubro de las candidaturas plurinominales al Congreso, que mal o bien, es consecuencia del sacrificio recíproco de posiciones, que se tuvo que hacer para consolidar el Frente por medio de un acuerdo de los tres partidos que lo integran.

La existencia del Frente tiene pleno sentido, para quienes lo consideramos hoy por hoy, la única opción para sacar al PRI de la Presidencia de la República, sin caer en el hoyo negro impredecible que implica López Obrador. Si bien los detractores de Ricardo tienen derecho a disentir del Frente, nada justifica el abuso criminal de lo que aún queda de las instituciones encargadas de procurar justicia en México, para arrastrar por el lodo y perseguir a un candidato de oposición.

La persecución de la que está siendo objeto Ricardo, debe reunir en torno de Anaya a todos los hombres y mujeres libres de este país, con independencia de sus preferencias partidistas, porque es una campaña de represión política a la que está expuesto todo el que disienta del actual gobierno; pone a nuestro país al nivel lamentable de la Venezuela de Chávez y de Maduro, y no sería remoto que en fecha próxima, estemos recordando el relato aquel según el cual, fueron aniquilados sucesivamente en México, cada minoría o cada grupo disidente y no hicimos nada, y cuando nos tocó el turno, ya no quedaba nadie que viniera en nuestro auxilio.

La acusación en contra de Ricardo que a estas alturas se reduce a la supuesta utilización de una estrategia fiscal, revela la hipocresía de un régimen que utiliza un sistema absurdo de recaudación de impuestos, que empuja al causante promedio a vivir en la frontera de la ilegalidad. Ese régimen odioso, es el mismo que manipula a capricho la función de las instituciones públicas y administra la violencia en las calles como herramientas de control político.

La persecución en contra Anaya Cortés es una burla y su inmenso tamaño, solo se explica porque sus enemigos tienen el palo y el mando. Lo que pretende el Gobierno Federal es meter a la cárcel a Ricardo, inhabilitarlo como abanderado del Frente, dejar a los electores de este país sin el único candidato que ofrece un futuro viable, y controlar los resultados de la elección, atrapando a los mexicanos en una pinza de dos brazos del mismo PRI, porque a estas alturas, lo que queda de López Obrador, es un rehén de lo que él mismo bautizó como la mafia del poder.

El PRI se juega su última carta para dar aliento a la candidatura de Meade que nació muerta, y como plan alternativo, manda agentes encubiertos a rodear al candidato de Morena, con la intención de gobernar en contubernio los próximos seis años. Ante su previsible derrota, el priísmo apuesta a que las condiciones de mayor edad y menguada energía del Peje, lo imposibiliten para reelegirse como es de temer, y le impidan controlar al ejército o doblegar a lo que quede de las instituciones, para que el propio PRI regrese sin haberse ido nunca.

La única posibilidad que existe en nuestro país, para un cambio positivo de cara a las elecciones presidenciales de julio próximo, es que Ricardo Anaya mantenga la entereza que lo caracteriza, y que los mexicanos y mexicanas libres se sumen a la causa del Frente, como último reducto de una oposición posible y verdadera.

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