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IGNACIO ESPINOZA GODOY
lun 5 mar 2018, 9:31am 2 de 3

¿Por qué más acoso escolar?



PADRES E HIJOS

Llama la atención que, en los años recientes, los niveles de acoso escolar (más conocido como "bullying") se han incrementado a tal grado que nos sorprende conocer de casos de diferente magnitud que nos llevan a la reflexión en el sentido de que algo estamos haciendo mal los padres de familia o que algo estamos dejando de hacer para que esos episodios de violencia se registren con mayor frecuencia lo mismo en planteles de primaria que de secundaria y hasta de preparatoria, lo cual también debería ser motivo de preocupación de las autoridades educativas.

El ejemplo más reciente ocurrió en una secundaria de la capital del estado de Durango, donde un adolescente hirió con una navaja a un compañero, en respuesta a las agresiones de que venía siendo objeto el protagonista (esa es la versión que se maneja), por lo que de esta manera se justificó la violencia, no obstante que se ha dicho hasta el cansancio que la violencia sólo genera más violencia en una cadena que parece no tener fin en sus eslabones hasta que de alguna forma se rompe ese ciclo con la adopción de medidas correctivas que van a la raíz del problema.

En este caso en particular, muchos padres de familia nos preguntamos si los progenitores del jovencito agresor no se dieron cuenta del estado anímico por el que estaba atravesando su hijo, por algún cambio en su comportamiento, ya que está comprobado que los niños y adolescentes que son acosados o molestados tienden a enviar ciertas señales que indican que algo negativo les está ocurriendo, lo cual se puede manifestar a través de signos como el aislamiento dentro del hogar, el distanciamiento con los compañeros de la escuela, las pocas ganas de acudir a su centro educativo y el desinterés por actividades a las que normalmente tienen un gran apego.

Y es que de verdad es inconcebible que los padres del menor agresor no se hayan percatado de esos cambios que experimentó de manera reciente su hijo. Aclaro que no se trata de juzgar a los progenitores, pues tal vez no percibieron alguna señal que pudo enviarles su vástago, la cual pudo significar un llamado de auxilio para que le ayudaran a resolver ese conflicto que él solo no podía comprender ante la magnitud de su complejidad, por lo que quizá sólo bastaba observar su rostro para darse cuenta de que algo malo le estaba ocurriendo.

Lamentablemente, sucede con mucha frecuencia que los padres no somos buenos observadores, de ahí que no nos percatamos de la forma en que los hijos manifiestan algunos cambios en su estado de ánimo, pues podrían pasar de la alegría a la tristeza, al alejamiento de todo contacto humano, sobre todo con la familia, por lo que no debemos dejar pasar por alto cualquier señal que nos indique que algo negativo les está ocurriendo, de tal manera que debemos estar atentos a sus emociones, a su forma de conducirse dentro del hogar, con lo que ahí podría estar la clave de que están pasando por un problema que no saben cómo procesar ni mucho menos resolver.

¿Por qué en ocasiones los hijos no expresan todo aquello negativo que les ocurre fuera del hogar? Esta es una interrogante que muchos padres de familia se plantean cuando sus vástagos sufren, por ejemplo, un episodio de acoso escolar. La pregunta y su respuesta tendrían una estrecha relación con la falta de confianza que al adolescente no le han inspirado sus progenitores para contarles lo que están padeciendo dentro del edificio educativo, pues hasta podría pensar que no encontrará el suficiente respaldo para salir de ese conflicto de violencia del que es víctima.

Es cierto que, incluso, podría haber otros factores que podrían influir para que un niño, una niña, un jovencito o una jovencita no expresaran en el hogar el infierno que podrían estar viviendo en la escuela, pero también no menos cierto es que los padres de familia tenemos una responsabilidad enorme en la atención de todas las inquietudes, preocupaciones y problemas que pueden agobiar a nuestros hijos, por lo que debemos permanecer alertas y vigilantes para observarlos y poder apreciar algún cambio que nos pueda dar luz en torno a si están sufriendo algún episodio de violencia.

Por favor, no permitamos que la rutina laboral nos impida observar a nuestros hijos en todos los aspectos, de tal forma que escudriñemos su mirada, su semblante, los diferentes rasgos de su personalidad, para asegurarnos de esta forma que todo marcha bien en su desarrollo, que nada empaña su presente ni, mucho menos, su futuro por alguna agresión de que pueden ser víctimas en la escuela.

Después de todo, la misión más importante que tenemos los padres es velar por su integridad física y moral, y qué mejor manera de cumplir con esta tarea que estrechando ese lazo de comunicación que nos ayude a conocerlos mejor, para cerciorarnos de que nadie les hará daño, sobre todo en la escuela, donde permanecen gran parte del día.

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