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GABRIELA MAGALLANES
lun 16 abr 2018, 8:54am 14 de 34

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, insigne periodista de San Juan del Río



LETRAS DURANGUEÑAS

Los textos de esta paisana nuestra, sanjuanera ilustre, escritos como una autobiografía y recogidos por Ángeles Mendieta Alatorre en su libro “Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, extraordinaria precursora de la revolución mexicana” muestran las vivencias de una mujer pionera en muchos aspectos sociopolíticos de nuestro país, la época que vive está marcada por el surgimiento de los movimientos feministas donde el mundo entero se cuestionó el lugar de ésta en los diversos ámbitos de la humanidad.

En esta narración que ella misma juzga como un símbolo de su vida, vemos a una Juana de casi 5 años que se enfrenta a una encrucijada vital, el hombre, el chico, la invita a tomar toda aquella riqueza que les fue puesta al alcance, es la pareja fundacional, que quiere apropiarse de esos dones, en un gesto inocente pero egoísta. Es el tema ético, político de siempre, tomar lo que es de la comunidad para sí, el hombre con su ambición natural insta a la mujer, de la que no recibe negativas, sino que lo acompaña en esta inconciencia. La euforia los desborda, porque el saqueo requiere del mínimo esfuerzo, y en tal éxtasis corren por más y más calabazas, prosiguiendo con el asalto a las provisiones de la abuela, que con sacrificio de la comunidad se habían reunido.

Las dos mujeres mayores, símbolo de sabiduría ancestral, les reprenden para que regresen lo que desconsideradamente removieron. Ellas, junto a la figura del perro, son la naturaleza, son el poder caluroso y tierno pero justo de la tierra, que restituye como valor fundamental del universo, a las cosas en su sitio. Esta justicia femenina se trasluce en sus textos, la justicia solidaria, que reprende con mano firme pero amorosa, es la que buscó Juana Belén en sus actos.

La metáfora que describe su existencia, se encuentra en este movimiento cuesta arriba: ambos, hombre y mujer se dedican a tratar de restablecer todo aquello que trastocaron juntos, en un camino lleno de momentos en los que se detienen para discutir la gran pregunta: ¿Quién es el culpable? Juana Belén se lo cuestiona a lo largo de su vida, en su narrativa se delinea a una humanidad que debe asumir su papel de preservadora del bienestar del otro, del desprotegido. La disputa y la culpa, como dos elementos que marcaría sus acciones. En su momento histórico se destacó por la valentía (fue coronela zapatista): la disputa buscaba un acuerdo. ¿De quién era la culpa? Su inconformidad por la manera paternalista de proceder del gobierno, de represión, desembocó en una necesidad de respuestas prácticas (fundó colonias agrarias, fue maestra misionera en las campañas vasconcelistas y escribió en favor de las formas de organización indígena), si el hombre tuvo la culpa, ahí estaba la manera de hacer femenina.

Al final la naturaleza, en la figura del perro, animal además que representa fidelidad y protección, y en el otro, en el hombre, en ese que junto a ella ha cometido la falta, en el pequeño Tacho, Juana Belén reconoce a esos acompañantes que irán junto a ella a construir la vida, la fortuna o desventura de este país, sus dos primeros amigos.

La memoria, a medio paso entre la realidad de la Historia y la subjetividad del escritor, es un género que se vuelve literario en la pluma de esta revolucionaria, porque es la riqueza de la metáfora que permanece vigente, que sigue preguntando; junto a Juana Belén podemos cuestionarnos, hasta qué punto cada género asumirá su responsabilidad en lo que hoy construimos como mexicanos.

Finalmente la literatura no es más un asunto de aprendizaje que lo que es capaz de preguntar, el pensamiento es tanto más elevado no por lo que muestra, sino por su capacidad de realizar un movimiento interno en cada uno de nosotros. La narrativa de esta duranguense, es capaz de empatizar con el ciudadano de niñez campirana y a partir de esta vivencia sostener una filosofía de vida, donde se cuestiona la búsqueda desmesurada del poder y se señala la intervención de valores femeninos en las relaciones de mando, como esa necesidad vital e intrínseca además en la naturaleza de las cosas.

En “El cuatatapá” editado por CONACULTA, un cuento infantil de Juana Belén, también se deja ver esta búsqueda de otro actuar que nos libere de la marginación y la discriminación, es un relato del choque de dos fuerzas que solamente hablando se pueden comprender, es la confrontación del poder y la debilidad, de la autoridad y el pueblo, de lo masculino y lo femenino, donde se exige la participación de todos para preservar ese nicho cálido que necesitamos, para señalar que la construcción del hogar no es asunto de mujeres, es responsabilidad de la comunidad.

En esta memoria Juana Belén distingue la vulnerabilidad: “nuestra inconsistencia infantil” en una suerte de metáfora que nos dice que el esfuerzo requerido para regresar al orden natural no será fácil, será cuesta arriba y requerirá de otro valor femenino, el del sacrificio, para poder regresar a la libertad que nos vuelva plenos, a la justicia amorosa, a la que además, quiero recalcar, están volviendo sus caras todos los pensamientos de avanzada en este siglo XXI.

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