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Redacción Siglo Nuevo
mié 12 sep 2018, 5:46pm 1 de 1

La puntada masculina del bordado

El artesano Oliver Teodoro creó el suéter que se hizo famoso luego del plagio de una firma de origen español. Foto: El Universal/Berenice Fregoso


Artesanos en la mira de plagiarios

San Nicolás cuenta con alrededor de 2 mil 500 pobladores indígenas otomíes; al menos la mitad de ellos ha emigrado a Estados Unidos y la otra se dedica a materializar diseños que incluso son codiciados por firmas nacionales e internacionales.

Dicen que bordar es para mujeres, que aguja, hilo y bastidor son artículos exclusivos de ellas; sin embargo, en la Sierra Otomí-Tepehua de Hidalgo esto sólo es un mito, aquí los hombres también convierten trozos de manta en obras de arte llamadas tenangos.

Son bordados de vivos colores, con dibujos de flora y fauna, la imaginación es el límite. Los varones se han dispuesto a acometer su conquista desde hace una década. Así, las manos que un día araron la tierra, que tomaron un libro para enseñar en el aula o manejaron un transporte público, hoy han encontrado una nueva ocupación en San Nicolás.

Esta es una pequeña población ubicada en el municipio serrano de Tenango de Doria. A la entrada, un gran letrero anuncia: "San Nicolás, cuna de los tenangos". Para llegar hay que transitar por montañas con una espesa vegetación. Un camino intrincado de curvas recorre alrededor de 130 kilómetros que la separan de la capital del estado. Al llegar, lo primero que se vislumbra es a los hombres con aguja e hilo.

RECONOCIDOS

San Nicolás cuenta con alrededor de 2 mil 500 pobladores indígenas otomíes; al menos la mitad de ellos ha emigrado a Estados Unidos y la otra se dedica a materializar diseños que incluso son codiciados por firmas nacionales e internacionales.

Nadie sabe cómo se empezó a gestar esta artesanía en la zona. Hay quien dice que se remonta a las pinturas rupestres que se encuentran en el cerro El Cirio. Se sabe que en la comunidad las mujeres iniciaron el trabajo y hoy ya son 95 hombres los que se dedican a él. En su mayoría son jóvenes, aunque también hay adultos que dejaron otros empleos para hacer de los textiles su forma de ganarse la vida.

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Bernardino Candelaria, ganador del Gran Premio Nacional de Arte Popular 2018. Foto: El Universal/Berenice Fregoso

Impulsados por las féminas, los diseñadores masculinos poco a poco han comenzado a ganar terreno y habilidad. En el poblado consideran que en 10 años más serán los representantes señeros de esta actividad.

Entre los artesanos se encuentra Oliver Teodoro. Este joven de 27 años elaboró un suéter que se hizo famoso luego que la firma de ropa Mango, de origen español, lo plagiara. El sueño de Teodoro es estudiar diseño de modas, pero la pobreza cuenta, sólo le permitió acudir a la secundaria.

De niño, dice, su madre le enseñó el bordado: "Un día se enojó porque gastaba las hojas del cuaderno dibujando, entonces me dio un pedazo de manta y me puso a bordar". Desde entonces no ha soltado la aguja.

"Ahora hay más hombres que se dedican a bordar y es muy normal. Nunca recibí burlas, pero sí sé que en otros lados es hasta mal visto, sobre todo entre los jóvenes como yo", dice.

Teodoro ha contratado a 25 mujeres que ornamentan textiles con dibujos por él trazados, y los convierten en vestidos de novia, XV años, suéteres, playeras, gorras, tenis, blusas y camisas.

CAMBIO

Las condiciones de la actividad han cambiado con el tiempo. Hace unos ocho años estaban totalmente olvidados y sus productos no eran valorados. Una prenda a la que se invertía un mes de esfuerzos, apenas si redituaba unos 300 pesos.

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La taza amarilla firmada por Mike del Infierno para la marca Nestlé luce diseños idénticos a los plasmados por los artesanos Adalberto y Angélica procedentes de Tenango de Doria. Foto: El Universal/Ivan Stephens

Hoy hay más conciencia del valor de las artesanías de San Nicolás, pero aún queda mucho por hacer. Los precios de sus productos van desde los 15 pesos hasta los 2 mil pesos.

En el caso de los plagios, Oliver Teodoro asegura que están en la indefensión, como le ocurrió con la gente de Mango. La empresa española, dice, nunca le contactó e incluso cuando reconocieron el robo esto no representó para él ningún tipo de remuneración.

Tampoco hubo acompañamiento de las autoridades y el asunto cómo surgió se apagó. Sólo queda, comparte, la frustración de saber que alguien lucra con tu trabajo.

PROFESIÓN

En un pequeño taller, con una gran mesa de planchado y dos máquinas de coser, se aprecian cientos de piezas. Algunas ya están terminadas y otras siguen en proceso. Es el espacio de Bernardino Candelaria, de 43 años de edad. Hace una década, Bernardino manejaba una unidad de transporte público. Un día, su esposa necesitaba quien le ayudara con los dibujos y ahí empezó su aventura. Al paso de los años, el chofer de colectivo se convirtió en pilar de su negocio familiar. El mes pasado ganó un concurso nacional en la Ciudad de México con un mantel de 1.90 x 1.90 metros.

Recibió un estímulo de 25 mil pesos en efectivo y la posibilidad de vender la pieza valuada en 20 mil pesos. Bernardino tardó dos años y medio en dar forma a la pieza ganadora.

En el pueblo también se encuentra Estanislao Azuara Chávez, un profesor de la Universidad Pedagógica de Tenango de Doria, otro varón impulsado por su esposa a las lides de la aguja.

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Diseño plagiado por la firma Mango.Foto: Mango

"Aquí hay varios hombres que nos dedicamos al bordado de tenangos, es algo muy normal, porque estamos contribuyendo a la economía familiar, con eso mantenemos a nuestra familia. Al principio sí hubo una parte como de resistencia, porque esta tarea socialmente se ha calificado como de la mujer, pero últimamente se ha abierto a los hombres", explica.

Azuara acumula experiencia en la docencia desde nivel básico hasta el universitario. Hace unos años se decidió a ayudar a su pareja, se dedicaron a pintar y bordar sin sacar nada a la venta. Una vez que contaron con el material suficiente abrieron el mercado.

Han innovado su mercancía de forma paulatina y su objetivo es contar con una fábrica de hilos. Hoy día, utilizan tanto hilo como manta que adquieren en la Ciudad de México.

Si bien Estanislao combina sus clases con la artesanía, considera que será ésta la que prevalezca en su vida.

CUIDAR

El bordado de tenango ha sido objeto de plagio en muchas ocasiones. EN 2011, las firmas Pineda Covalin y Hermes fueron señaladas por apropiarse de algunos dibujos. Mango, Chocolate Abuelita y la editorial Alfaguara han incurrido también en la apropiación indebida de estos diseños.

Se pretende establecer una figura jurídica que resguarde la propiedad intelectual de los más de 8 mil artesanos de tenangos. Si bien autoridades del gobierno mexicano y de la entidad hidalguense buscan la manera de protegerlos, mediante la creación de una marca colectiva por ejemplo, la sensación de indefensión permanece.

El artesano Oliver Teodoro creó el suéter que se hizo famoso luego del plagio de una firma de origen español. Foto: El Universal/Berenice Fregoso
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