Durango
NALLELY URBINA O.
mar 9 oct 2018, 9:47am 12 de 25

Sobrevivir a la masacre: un duranguense del 68'

Indignación. Varias generaciones marcharon el 2 de octubre en la Ciudad de México, hubo nietos de los sobrevivientes que se manifestaron junto a sus abuelos. (ARCHIVO)


Miles recuerdan las más de dos horas de disparos del Ejército en Tlatelolco.

Su cabello blanco en el rostro, y sus arrugas en la piel clara, son muestras de su edad. Su voz y sus palabras entre norteñas y chilangas le dan un toque interesante que toma valor cuando comienza a hablar de su viaje de Canatlán, Durango, a la Ciudad de México en 1966.

UN NORTEÑO EN LA GRAN CIUDAD

En ese año, José René Rivas Ontiveros, estudiaba en la Escuela Normal Rural J. Guadalupe Aguilera, pero debido a ciertos problemas andaba de 'capa caída' y reprobó una materia, cosa que increíblemente le cambió la vida, ya que replanteó su situación y retomó 'el vuelo' como dijo Mario Benedetti, decidió junto con un amigo, también de Durango, ir a la Ciudad de México.

'Vámonos a la UNAM' dijeron, 'quien no quería ingresar a esa universidad, la mejor de América Latina', recordó José René, en entrevista con El Siglo de Durango, antes de ir a visitar Los Lirios, Canatlán, donde en el 66, sembraba maíz y frijol con sus papás.

Su padre, dijo 'váyase', y sin dinero y sin nada, partió, estudió mucho para el examen de ingreso a la UNAM, una prueba 'muy difícil'.

'Dije, no voy a pasar, y tenía dos opciones, ya lo había decidido, entrar a la UNAM o regresarme a trabajar en el campo, pero a Aguilera no iba a volver, mi vocación no era esa', comentó y tras una pausa, evocó el día, en que 'la señora de la casa' en la que se quedaba, le gritó: René, René, ya le llegó el telegrama, sí quedó en la escuela.

Casi sin creerlo, se dio la vuelta, lloró y fue a caminar.

Desempolvó el recuerdo con tal emoción que volvió a llorar, igual que cuando en la charla, narró lo que sucedió en el siguiente año.

Entró a la Escuela Nacional Preparatoria N° 3 de la UNAM, luego a la Facultad de Derecho, para continuar con una maestría en Arquitectura, y un doctorado en Ciencias Políticas, todo en su 'alma máter'.

Ahora, el canatlense agricultor, es profesor titular "C" de tiempo completo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM, y ha participado como autor y coautor de 28 libros sobre la problemática sociopolítica de México.

Es un hombre del 68, un duranguense que apenas se aclimataba a la dinámica de la CDMX, cuando comenzó el Movimiento dirigido por figuras como José Revueltas, también duranguense, una lucha de la que no se quiso deslindar, sino que se convirtió en uno de los delegados de la Preparatoria N°3 al Consejo Nacional de Huelga.

EL 2 DE OCTUBRE

El 68 no es el 2 de octubre, comentó, hasta con un poco de reclamo.

El Movimiento comenzó el 26 de julio y concluyó el 4 de diciembre, por ello es que poco antes de la matanza en Tlatelolco, ya se exigía la liberación de presos políticos e indemnización a familiares de los muertos, desde antes de lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas, aclaró el escritor.

Y es que a cualquiera que dijera algo inconveniente para el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, le aplicaban el artículo 145, donde se castigaba un delito llamado disolución social, que dice José René, se creó durante los años 40 para evitar huelgas. Bajo esta disposición aprehesaron a José Revueltas en Lecumberri, situación que le ocurrió también al canatlense el 2 de octubre.

'No estábamos preparados para la muerte'.

Marchar, tomar edificios, participar en mítines, organizar la protesta, eso preveían los estudiantes, pero nadie estaba listo para la matanza.

El 2 de octubre, René llegó a la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, se colocó bajo una bocina frente al edificio Chihuahua, a su costado vio a un hombre alto, moreno, con gabardina, estaba pensativo 'casi triste', la gabardina le llegaba hasta los pies.

Con la plaza llena, el mítin comenzó como a las cinco y media de la tarde, él traía una grabadora, con ésta documentaba los helicópteros que sobrevolaban la plaza, y a los cuales les dedicaban mentadas de madre. Integrantes del Consejo Nacional de Huelga fueron por reporteros, entre ellos Oriana Fallacci quien con su experiencia en la guerra de Vietnam, advirtió a los alumnos que las naves giraban a modo de ataque, cuenta.

Pasadas las seis de la tarde, de un helicóptero salieron tres luces de bengala, unos dicen que verdes otras que rojas, eso resulta intrascendente. El canatlense recuerda que tras eso comenzaron a correr, mientras que el conductor del mítin pedía calma a lo que consideraba una provocación. Todos comenzaron a escapar rumbo a Reforma, mientras que él huyó al edificio Chiapas, esto después de que el hombre de gabardina hasta los pies sacó una pistola y la accionó al aire.

Más de dos horas duró la balacera, aunque en ese momento, nadie de los sobrevivientes que estaban con él en el edificio sabía que había muertos, 'nadie imaginamos la masacre, pensabamos que eran balas de salva para dispersarnos'.

Para permanecer en el departamento al que entraron, la dueña pidió deshacerse de credenciales de estudiantes, y de la grabadora de René, uno de los peores errores de su vida, haber echado al inodoro la maquinita que había registrado lo ocurrido esa noche.

Cuando salió, fue detenido por militares, primero quiso sobornar a uno, le ofreció dinero pero este se rehusó y lo mandó con un comandante que lo aprehesó junto a decenas de estudiantes, bajo una lluvia que el sentía fría pero rápida.

Fueron trasladados en camiones urbanos, estudiantes en el suelo, granaderos en los asientos, hacia Santa Martha Acatita, René tenía solo 18 años de edad.

De nuevo con sentimiento, habla del mensaje que le enviaron por telegrama a sus papás hasta Durango, "René está vivo, en la cárcel pero vivo". Al poco tiempo fue puesto en libertad, quizás por una manda que hizo su mamá a la Virgen de Guadalupe.

René vuelve a Canatlán cada que puede, recién estuvo en Durango para charlar con jóvenes sobre lo ocurrido el 2 de octubre, donde muchos duranguenses participaron y lograron sobrevivir.

Indignación. Varias generaciones marcharon el 2 de octubre en la Ciudad de México, hubo nietos de los sobrevivientes que se manifestaron junto a sus abuelos. (ARCHIVO)
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