Editoriales
ROLANDO CRUZ GARCÍA
sáb 13 oct 2018, 8:43am 5 de 8

Los profesores ante la transformación del Sistema Educativo Nacional



ROLANDO CRUZ GARCÍA

"Los mayores progresos de la civilización se han experimentado inicialmente como sus peores amenazas". — Alfred N. Whitehead

Es necesario reconocer que en los momentos actuales, a punto de iniciar un nuevo gobierno diferente al de los últimos 24 años, es impostergable la necesidad de que el Sistema Educativo Nacional (SEN) se transforme, desde su estructura, su modelo educativo, los planes y programas de estudio, hasta la forma en que se trabaja en las aulas; de no ser así, estaremos desperdiciando una extraordinaria oportunidad para logar verdaderos cambios en la de formación de los mexicanos, de cara a éste nuevo milenio.

El actual llamado es a generar el cambio educativo y representa al mismo tiempo una amenaza y un tremendo reto, para los profesores de las escuelas públicas y privadas de todos los niveles del sistema educativo en el país.

Una amenaza, en tanto que la serie de reformas y contra-reformas que se vienen, muestran muy poca confianza en la habilidad de los profesores para ejercer un liderazgo intelectual y moral a favor de la juventud. Por ejemplo: muchas de los aspectos que se han contemplado en las recientes reformas en el plano educativo, ignoran el papel del profesor en la formación de sus estudiantes como ciudadanos críticos y activos, por lo que sugieren modificaciones que difícilmente toman en cuenta la inteligencia, el punto de vista y la experiencia que los profesores le pueden aportan al debate y a la implementación de las mismas.

Los profesores y su labor, son objeto de reformas educativas que los reducen a la categoría de técnicos superiores y a simples ejecutores que se encargan de llevar a cabo dictámenes y objetivos decididos por expertos totalmente ajenos a las realidades cotidianas de la vida en el aula. Expertos que muchas de las veces ni son profesores, ni son pedagogos, son administrativos.

Por otro lado, el clima político e ideológico que se percibe en la sociedad, no parece favorecer al profesorado, ya que éstos tienen ante sí el enorme reto de entablar un debate público con sus críticos y detractores; hay que aceptar que el profesorado en México tiene poco, si no es que nulo reconocimiento a su trabajo.

Por ello requieren comprometerse con la autocrítica a su trabajo y a la naturaleza y la finalidad de su preparación docente; cuantos profesores se encuentran en un espacio de confort que les proporciona contar con su nombramiento de base y no se preocupan por su actualización y superación profesional.

Los programas de actualización y profesionalización que se ofertarán en el país, a partir del nuevo modelo educativo, será un importante reto, ya que ahora las credenciales y los diplomas del profesor ya no valen, ya que está comprobado que no impactan en la calidad de su desempeño. Es necesario además, revisar las formas dominantes de enseñanza en el aula, ya que sigue predominando el modelo tradicional, conductista y academicista de transmisión de conocimientos puramente memorísticos; en pleno siglo XXI, hágame Ud. el favor.

Los profesores requieren organizarse colectivamente para mejorar las condiciones de su trabajo docente; nos referimos al trabajo colegiado desde las propias academias, con el fin de mejorar las condiciones del desempeño cotidiano y la búsqueda incesante de trascender con sus alumnos. Demostrar a la opinión pública el papel central que debe destinarse al profesor, para cualquier intento de reforma que quiera hacerse a educación; sin el profesor cualquier reforma, por innovadora que sea, nunca podrá operativizarse sin la convicción y la participación activa del profesorado.

Una postura teórica y metodológica interesante, es la que define la necesidad de repensar y reestructurar la naturaleza del trabajo docente: la enorme posibilidad de contemplar a los profesores como intelectuales capaces de transformar su propia labor y por ende sus escuelas (H. Giroux, 1998).

La categoría de intelectual resulta útil porque ofrece una base teórica para examinar el trabajo docente como una tarea del intelecto, de su ser pensante, en contraposición a una labor puramente instrumental o técnica. Dicha postura aclara además las condiciones ideológicas y prácticas necesarias para que los profesores actúen como tales.

Contemplarlos así puntualiza la importante idea de que toda actividad humana implica alguna forma de pensamiento. Esto es crucial, al sostener que el uso de la mente es un componente general de toda actividad humana, exaltando la capacidad de integrar pensamiento, reflexión y práctica.

Esto pone de relieve el núcleo de lo que significa contemplar a los profesores como profesionales reflexivos de la enseñanza y no solo como ejecutores profesionalmente equipados para hacer efectiva cualquier meta que se les señale.

Hay que insistir en que los profesores ejerzan activamente su responsabilidad de plantear cuestiones serias acerca de lo que enseñan, cómo lo enseñan y qué objetivos persiguen con lo que enseñan.

Esto tiene una dimensión normativa y política relevante para los profesores, si creemos que el papel de la enseñanza no puede reducirse al simple adiestramiento de habilidades prácticas sino que implica educar intelectuales, lo que es vital para el desarrollo de una sociedad más libre, más crítica, más propositiva.

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