UN CAFÉ CON... Héctor González Martínez, Arzobispo de Durango

Durango

El Arzobispo de Durango asegura estar bien, y cuando se le pregunta por su salud dice que no se puede quejar, pues siempre ha sido de salud “mediana”, pero que “no le falla”. Le gusta ser directo y polémico porque así es mejor. Con la cuenta regresiva para su retiro de la Iglesia afirma que se irá contento, pero no satisfecho, porque siempre quedan pendientes y las necesidades son muchas.

- ¿En 10 años como Arzobispo qué es lo que más ha aprendido de los duranguenses?

(Risas) A batallar (risas). Porque el rebaño se desbalaga para un lado y para otro...

-...¿Somos gente difícil?

Sí (sonríe). Estamos llevando un programa que se llama Proceso de Iniciación Cristiana, porque hace falta esa “reciedumbre” cristiana, para eso es ese proceso, para favorecer que los cristianos de Durango se consoliden y fortalezcan, que sean de “hueso colorado”, no superficiales.

-Usted lleva 50 años dedicados a la Iglesia. ¿Qué tanto ha cambiado la sociedad en ese tiempo?

Pues sí ha cambiado. Se ha debilitado la fuerza del convencimiento, la fuerza de la autenticidad, la fuerza del compromiso. Todo eso se ha debilitado en estos tiempos.

-Problemas como la corrupción y pederastia afectaron a la Iglesia en los últimos años. Incluso el Vaticano reconoció que había menos católicos en el mundo. ¿Fue solo eso o usted cree que hay más factores?

Hay, además de esas reacciones naturales en Durango y el mundo, hay muchas influencias externas que suceden en todo el mundo. Ideologías, cosas novedosas y el “aflojamiento” de la formación cristiana. Todo eso ha influido, eso viene de afuera, pero nos vamos recuperando.

-Con el Papado de Francisco, la Iglesia parece haber adoptado una postura más abierta ante temas controversiales. En otros países lo califican de izquierda. ¿Cómo lo ve usted?

El mejor termómetro para que nosotros veamos quién y cómo es el Papa es leer un libro que se llama “Aparecida”. Fue una reunión en Brasil, en un lugar llamado así, donde asistieron 250 obispos durante unos 20 días, y ahí se sacó un documento llamado “Documento de Aparecida”.

Ahí es donde podemos ver cuál es su verdadera forma de pensar. Él fue el encargado de la redacción del documento. Se los recomiendo para que vean cuál es su mentalidad cristiana y pastoral.

-¿Pero si es un Papa muy diferente a Benedicto, más carismático, por ejemplo?

Sí, cada Papa es distinto. El próximo mes se van a canonizar a dos Papas. A Juan Pablo II y a Juan XXIII. Y si revisamos la historia cada uno es muy diferente.

-En los últimos días se ha hablado mucho de la marihuana. ¿Cree que una sociedad como la mexicana pueda llegar a aceptar legalizar el consumo de esta droga?

Pues se contagia. También la sociedad mexicana se contagia de las ideologías de otros países y sí les viene influyendo en su forma de pensar...

-...¿Pero usted cree que no lo va a aceptar?

En ciertos niveles de la población no, pero en otros niveles ya le está afectando. En la juventud, por ejemplo. Ya les está afectando. ¿A poco no le “pegan” a la marihuana?

-A usted se le ha calificado como un siervo de Dios trabajador, pero muy directo, sincero y hasta polémico. ¿Esto le ha traído problemas en su Arzobispado?

No, al contrario. Creo que hay mucha gente que disfruta que yo sea directo. Lo goza y lo disfruta. Por ejemplo en las predicaciones que hago en los pueblos, así de directo, les gusta.

La predicación que hago los domingos a las 12:00 en Catedral igualmente les gusta. Entonces lo más claro, lo más directo es lo mejor.

-No estaba tan equivocado cuando dijo que “El Chapo” vivía más adelante de Guanaceví. Su captura se da por estos rumbos que eran de él ¿no?

Pues sí, sobre todo sus rutas de operación eran ahí ¿verdad? Culiacán, la Sierra de Durango, la de Sinaloa, eran su territorio. Igual en Centroamérica y más allá. Ve tú a saber si hasta el otro lado del charco también...

-¿Alguna vez usted tuvo contacto con él o lo vio en algún lugar?

No, nunca. No lo conozco personalmente. Yo sabía de él por lo que me informaban los párrocos solamente.

-¿Incluso narcotraficantes como él pueden tener el perdón de Dios?

Claro que sí. El amor de Dios abarca toda condición humana si se arrepienten.

-¿Cómo está viviendo su año previo al retiro?, ¿Ha pensado en que quiere hacer cuando cambie de página a su vida?

Pues sí, pero no me he decidido. Ciertamente me voy a quedar aquí en Durango, es lo más seguro. Pienso cambiarme de esta casa allá a la Casa Hogar Sacerdotal, a un costado del Seminario, que es para los sacerdotes ancianos y enfermos, y de ahí hacer mi centro de operación, pero ya libre, como Jalisco... (risas).

-¿No le gustaría escribir un libro, por ejemplo?

Me gustaría escribir, pero no sé qué...

-...¿Sus memorias?

No, esas no. Esas son experiencias que solo uno vive intensamente y no hay necesidad de hacerse propaganda.

-¿Cuál es el principal legado que le dejará a los duranguenses?

Uno muy importante: yo aplique muchos recursos económicos que conseguía –y sigo consiguiendo- para darle formación a estudiantes en la Universidad Pontificia de México, en la Universidad Pontificia Comillas, en Madrid y en las universidades de Roma. Son muchos los que han ido a estudiar allá y han obtenido títulos en Derecho Canónico, en Teología, en Sagrada Escritura, en Filosofía, en Bioética, y así en distintas asignaturas. Todo esto para que haya sacerdotes mejor preparados.

-Y con los ciudadanos, ¿cuál será su principal legado?

A un lado del Seminario Menor, ahí ahora es Seminario para laicos. Ahí se imparten clases en la semana para que se preparen.

Hoy por hoy una de las principales tareas de la Iglesia es dar formación a los laicos, una formación “maciza”.

Héctor González Martínez, Arzobispo de Durango.
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