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Durango

El deporte de aventura es una actividad que cada vez se posiciona más dentro del gusto de quienes hacen ejercicio con periodicidad. El pretexto es estar en contacto con la naturaleza e incluso retarla, obvio sin faltarle al respeto.

En el estado de Durango hay varias alternativas para el deporte de aventura, mismo que forma parte del turismo de naturaleza tan mencionado en los últimos años.

El deporte de aventura es toda actividad física vinculada con un intenso ejercicio recreativo en el medio natural, en el que prácticamente se deja a un lado la competencia para gozar del entorno.

Mientras que el turismo de naturaleza es una actividad que se desarrolla sin alterar el equilibrio del medio ambiente, de acuerdo con los conceptos que promueven las autoridades ambientales.

El estado de Durango es rico en espacios atractivos para la práctica del deporte de aventura y el turismo de naturaleza y uno de los lugares que comienza a ser reconocido en el ámbito nacional e internacional se encuentra en la Sierra del Nayar.

Para llegar a esta zona hay que tomar la desviación al poblado Navíos, ubicado en el kilómetro 60 por la carretera libre a Mazatlán, seguir a la izquierda 20 kilómetros hasta llegar al poblado El Centenario y de ahí avanzar otros 50 kilómetros por terracería, siguiendo los señalamientos.

Aunque el lugar que más ha cobrado auge de este predio es la cascada de El Salto del Agua Llovida, hay mucho que ver, recorrer y disfrutar en esta parte de la Sierra, que pertenece al municipio de la capital.

Rodrigo Ortiz Robles, condueño del predio, invitó a El Siglo de Durango a un recorrido por el lugar, en el que cual ya se practica el deporte de naturaleza, aunque todavía en menor escala.

Hay una tirolesa de 350 metros de longitud, que atraviesa la caída de la cascada cuya altura es de 85 metros y, aunque el trayecto se hace en pocos segundos, es suficiente para admirar la inmensidad del paisaje desde una perspectiva única.

A un costado de la cascada se construyó un mirador, con armazón de metal, piso de madera y baranda de fibra de vidrio, desde el que puede observarse como el río se pierde entre los árboles y las montañas.

la mejor coincidencia

En una extraña coincidencia, un grupo de jóvenes amantes del rapel, coincidieron con este matutino en la visita a este lugar, así como un grupo de turistas (familiares) de diversos puntos del país, como Aguascalientes, Torreón y Monterrey.

Los jóvenes “aventureros” llegaron a la cascada con la intensión de descender con su equipo de cuerdas, mientras que El Siglo buscaba las mejores fotos posibles del lugar.

Postal. Pocas veces se puede tener una vista como esta. La fotografía fue tomada en un lugar ubicado a dos horas y media de la capital, al que vale la pena visitar.

Entre tanto, uno de los turistas que llegaron al sitio a pasar un fin de semana de tranquilidad al cobijo de los enormes cedros de la Sierra, se interesó por unirse al equipo conformado por cuatro jóvenes.

Paco, oriundo de Monterrey y con experiencia en el rapel, se puso de acuerdo con los duranguenses quienes de inmediato lo integraron y dotaron del equipo necesario para el descenso.

Los preparativos se prolongaron por casi dos horas, pero la espera valió la pena tanto para el equipo de fotografía, los deportistas y quienes tuvieron la oportunidad de presencias el descenso realizado a un costado y a centímetros de la caída del agua.

Al contar con el equipo adecuado, la aventura se llevó a cabo sin ninguna incidencia, mientras que el visitante regio testificaba que nunca había tenido una experiencia similar en descenso, incluso calificó el lugar como “una maravilla para la práctica del rapel y otros deportes de este tipo”.

Planes en puerta

A sabiendas del potencial con el que cuentan, hay interés en los 140 condueños del predio de la Sierra del Nayar, por desarrollar una mejor infraestructura para la práctica del turismo de naturaleza y el de aventura.

Incluso ya contrataron una consultura especializada en proyectos de ecoturismo, con sede en la Ciudad de México, cuyo personal recorrió gran parte de las 16 mil 413 hectáreas que conforman el predio, cuyo nombre hace varias décadas era “Sierra de la Providencia”.

350 metros de longitud tiene la tirolesa que atraviesa la cascada.

85 metros de altura tiene la cascada del Salto del Agua Llovida.

16 mil hectáreas llenas de todo tipo de atractivos, tiene el predio.

La intensión es clara, según mencionó Ortiz Robles: “queremos construir cabañas dispersas para mayor comodidad y privacidad de los visitantes, implementar rutas para senderismo y aprovechar la Unidad de manejo para la Conservación de la vida silvestre (UMA).

Para ello, también contemplan los apoyos que los gobiernos pudieran tener para este tipo de proyectos, ya que están conscientes que una inversión de esta naturaleza no es para nada modesta.

Por lo pronto, un grupo de jeeperos atravesará en próximos días la Sierra del Nayar, dentro del trayecto Durango-Mazatlán, aprovechando las condiciones escarpadas de algunos caminos, a causa de las lluvias.

“Queremos trabajar con este tipo de actividades, darnos a conocer y por que no convertido es uno de los lugares más importantes del país en turismo de naturaleza”, expuso Rodrigo Robles.

Dijo estar consciente de lo que implica el hecho de que un lugar que hasta hoy es considerado como un santuario de la guacamaya verde y hábitat de muchas especies, sea visitado.

No obstante, consideró que cada vez es más la gente que adopta una cultura de convivencia y respeto hacia la naturaleza “y esto parece ir de la mano quienes practican los deportes de aventura, saben darle su lugar a la naturaleza”.

Aún así, aceptó que está en manos de los condueños de esta Sierra, vigilar que no se dañe y afecte a la flora y la fauna de este “paraíso”.

(SEBASTIÁN GALLEGOS)
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