Cinco reconocidas mexicanas que le dieron un lugar a las mujeres

Top 5

Según cifras de Naciones Unidas, hasta un 70 por ciento de las mujeres han sido violentadas física o sexualmente alguna vez en sus vidas.

Buscando entender el panorama y reducir la incidencia de actos de violencia, el 17 de diciembre de 1999, por medio de su resolución 54/134, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, celebrándose tal fecha desde el año siguiente y de forma continua.

Con la resolución, la Organización invita además a los gobiernos, las organizaciones internacionales y las organizaciones no gubernamentales a que "organicen en ese día actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública respecto al problema de la violencia contra la mujer·.

Desde 1981, las militantes en favor del derecho de la mujer observan el 25 de noviembre como el día contra la violencia.

La fecha fue elegida como conmemoración del brutal asesinato en 1960 de las tres hermanas Mirabal, activistas políticas de la República Dominicana, por orden del gobernante dominicano Rafael Trujillo (1930-1961).

Como las hermanas Mirabal, no son pocas las mujeres que a través del activismo social, el arte o la política, han luchado por situar al género femenino en el lugar histórico que merece.

Algunas de esas mujeres son mexicanas y a ellas, con motivo del día conmemorado este 25 de noviembre, las recordamos en este Top 5 que reconoce su lucha.

1.- Sor Juana Inés de la Cruz, enorme figura de las letras

Juana Ramírez de Asbaje, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, es considerada la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII, y recordada como una autora que debió enfrentarse a convencionalismos de su tiempo, en que se no veía con buenos ojos a una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento.

Su fecha de nacimiento ha sido un tema muy discutido, sin embargo la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) cita que nació hace 363 años, el 12 de noviembre de 1651, aunque aún haya fuentes que fijen la fecha en 1648.

Fue hija de Isabel Ramírez y el capitán de origen vasco Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, quienes se conocieron en San Miguel Nepantla, Estado de México, donde procrearon a tres hijas: María, Josefa y Juana Inés.

La niña Juana Inés creció principalmente entre las haciendas de Nepantla y Panoaya al lado de su abuelo materno. A los ocho años escribió una loa para la fiesta del Santísimo Sacramento en Amecameca. Entonces ya pedía a sus padres dejarla vestirse de hombre y estudiar.

Según datos de su biógrafo, el padre Calleja, Juana Inés pudo haberse trasladado a la capital del reino desde los ocho años de edad, sin embargo, se tienen noticias más certeras de que fue a los 15.

A la muerte de su abuelo, su madre envió a Juana Inés a la capital a vivir a la casa de su hermana, María Ramírez, esposa del acaudalado Juan de Mata. Ahí, además de aprender labores femeninas, estudió latín con el bachiller Martín de Olivas, lengua que, de acuerdo con el padre Calleja, aprendió en 20 lecciones.

Tiempo después ingresó a la Corte Virreinal como dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Apadrinada por los marqueses de Mancera, brilló en la corte por su erudición, su viva inteligencia y su habilidad versificadora, destaca por su parte el sitio electrónico (www.biografiasyvidas.com).

El 14 de agosto de 1667 ingresó al convento de las Carmelitas Descalzas de San José de México, convencida por Antonio Núñez de Miranda y fue Pedro Velázquez de la Cadena, quien pagó la dote.

Sale de esa orden el 18 de noviembre del mismo año, por encontrar demasiado rígida la disciplina y por motivos de salud, según menciona la cronología de la poetisa en la página de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

El 24 de febrero de 1669 entró al Convento de la Orden de San Jerónimo, también llamado de Santa Paula (fundado en 1585) donde profesó definitivamente y permanecería hasta el día de su muerte con el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz.

Este año comenzó su relación con el jesuita Antonio Núñez de Miranda como su confesor, e hizo un testamento en el que renuncia a todos sus bienes y, de acuerdo con el “Libro de profesiones del Convento de San Jerónimo”, su madre puso a su servicio una esclava de nombre Juana de San José.

Dada su escasa vocación religiosa, parece que Sor Juana Inés de la Cruz prefirió el convento al matrimonio para seguir gozando de sus aficiones intelectuales: “Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiera el sosegado silencio de mis libros”, escribió.

En el convento hizo oficios de contadora y archivista pero, más que nada, se dedicó al estudio y a la escritura. Dentro de su celda -que era individual y espaciosa- llegó a poseer más de cuatro mil volúmenes, instrumentos musicales, mapas y aparatos de medición.

Una primera enfermedad del tifus la puso en verdadero peligro hacia los años de 1671 o 1672.

Su buena relación con la Corte le permitió escribir más cada día y para 1676 se publicaron algunos de sus villancicos que continuaría escribiendo hasta 1691.

En 1680 compuso el “Arco Triunfal del Neptuno” alegórico de los virreyes recién llegados, los marqueses de la Laguna. A partir de este momento la fama de Sor Juana así como su madurez en las letras van llegando de uno en uno, además de recibir apoyos económicos para sus proyectos personales y conventuales.

En esta edición española se dan a conocer todos los poemas bellísimos de Sor Juana que ya la habían consagrado más que como monja como una poeta de la vida, del amor y de los requiebros de los desamores.

Además de su poesía, Sor Juana escribió dos comedias de teatro, “Los empeños de una casa” y “Amor es más laberinto”. La primera es una obra que se debe toda a la escritora y la segunda la hizo en colaboración con Juan de Guevara (quien escribió el acto segundo).

En 1690 el obispo de Puebla, Manuel Fernández de la Cruz, publicó una obra de Sor Juana, la “Carta Athenagórica”, donde la religiosa criticaba al “sermón del Mandato” del jesuita portugués Antonio Vieira.

Pero el obispo agregó a la obra una “Carta de Sor Filotea de la Cruz”, un texto escrito por él mismo bajo ese pseudónimo en el que, aunque reconocía el talento de Sor Juana le recomendaba que se dedicara a la vida monástica, más acorde con su condición de monja y mujer, antes que a la reflexión teológica, ejercicio reservado a los hombres.

Como respuesta Sor Juana Inés escribió, en 1691, la “Respuesta a Sor Filotea”, donde además de dar cuenta de su vida, reivindica el derecho de las mujeres al aprendizaje, pues el conocimiento “no sólo les es lícito, sino muy provechoso”.

“La Respuesta” es una bella muestra de su prosa y gracias a los abundantes datos biográficos se puede concretar muchos rasgos psicológicos de la ilustre religiosa.

Sin embargo y pese a la contundencia de su réplica, la crítica del obispo de Puebla la afectó profundamente y en 1693 renunció a las letras y donó su biblioteca y aparatos científicos para dedicarse por completo a la vida religiosa.

El 8 de febrero de 1694 Sor Juana Inés ratificó sus votos religiosos, pero el 17 de abril de 1695, a las tres de la mañana, murió víctima de la enfermedad epidémica de la época, el tifus.

Se le sepultó en el coro bajo de la iglesia del templo de San Jerónimo, actual ex templo de San Jerónimo, donde se asienta la Universidad Claustro de Sor Juana, en esta capital.

2.- Rosario Castellanos, pionera del feminismo en México

Rosario Castellanos (1925-1974) vino al mundo el 15 de abril de 1925 en la Ciudad de México, sin embargo, al poco tiempo de su nacimiento fue enviada a Comitán, Chiapas, donde se encontraba su familia, con quien transcurrió la mayor parte de su infancia.

De acuerdo con el portal electrónico "aquicomitan.com.mx", a los 16 años, Castellanos regresó a la capital del país, donde ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución educativa en la que estudió Filosofía y Letras, carrera que concluyó en 1952.

Su formación continuó con cursos de estética y estilista que realizó en la Universidad de Madrid y a su regresó a México fungió como promotora de Cultura en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, en Tuxtla Gutiérrez.

Entre 1956 y 1957, trabajó en el Centro Coordinador del Instituto Indigenista de San Cristóbal las Casas, en Chiapas, y al año siguiente se desempeñó como redactora de textos escolares, en el Centro el Indigenista de México, donde permaneció hasta 1961.

Ese mismo año, la narradora regresó a la capital del país para asumir el puesto de jefa de información y prensa de la UNAM, al mismo tiempo que se desempeñó como catedrática de Literatura comparada, Novela contemporánea y Seminario de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad, entre 1961 y 1971.

Según la biografía de la escritora mexicana publicada en el portal "biografiasyvidas.com", Castellanos tuvo gran éxito en el magisterio, en México y en el extranjero; en Estados Unidos fue maestra invitada por las Universidades de Wisconsin y Bloomington, y en 1971 recibió el nombramiento de embajadora en Israel, donde vivió tres años.

Su obra se caracterizó por poseer una absoluta sinceridad para plasmar su vida interior, la inadaptación del espíritu femenino en un mundo dominado por los hombres, la experiencia del psicoanálisis y una melancolía meditabunda.

Como poeta realizó trabajos tardíos en los que abordó su experiencia vital, los tranquilizantes y la sumisión a la que se vio obligada desde la infancia, ejemplo de ello es el epistolario "Cartas a Ricardo", que se publicó de manera póstuma.

El mundo narrativo de Castellanos poseía elementos de la novela costumbrista que se pueden apreciar en sus libros "Balún Canán" (1957) y "Oficio de tinieblas" (1962), obras en las que recreó la atmósfera social y religiosa, de Chiapas.

Mientras que la dimensión social, la conciencia del mestizaje y en una dimensión personal, la sensación de desamparo que surge tras la pérdida del amor, se puede apreciar en "Ciudad Real" (1960), "Los convidados de agosto" (1964) y "Álbum de familia" (1971).

Mientras era embajadora de México en Israel, Rosario Castellanos murió electrocutada, a causa de un accidente doméstico.

3.- Hermila Galindo, precursora del derecho de la mujer al voto

Hermila Galindo Acosta escribió una ponencia que se leería en Yucatán. Ahí plasmó lo que denominó una verdad científica: "... El instinto sexual impera en la mujer avasallándola por completo".

Sostuvo que el matrimonio era el único medio lícito y moral para satisfacerlo, "según las exigencias de la sociedad y según la leyes escritas, quedamos frente a un problema pavoroso", versa el texto.

Abucheos y hasta peticiones para quemar tal documento fueron escuchadas, pese a estar en un congreso feminista, con más de 700 delegadas, no todas las mujeres apoyaron sus ideas.

Era el 29 de noviembre de 1915, una época donde las mujeres no tenían derechos políticos y sus funciones se limitaban a la casa o a la iglesia.

Hermila Galindo protestó por ello, se inconformó y lucho hasta convertirse en una de las principales precursoras del derecho de la mujer al voto en México.

4.- Dolores Olmedo, incansable promotora cultural mexicana

María de los Dolores Olmedo y Patiño Suárez nació en la Ciudad de México el 14 de diciembre de 1908, época en la que se gestó la Revolución Mexicana. Acontecimiento armado con el que tuvo que lidiar la promotora cultural y su familia.

De acuerdo con el portal del Museo Dolores Olmedo, la también coleccionista ingresó a la Universidad Nacional de México, donde estudió durante dos años Leyes y más tarde cursó una carrera artística en la Academia de San Carlos.

Comenzó a acercarse más al arte cuando conoció al muralista Diego Rivera (1886-1957), en 1928. Desde entonces, el pintor, realizó alrededor de 27 dibujos al desnudo de Olmedo.

Poco después, la promotora cultural conoció al periodista británico Howard Phillips (1890-1937) cuando trabajaba en la revista “Mexican Life”, con quien se casó, sin embargo, los datos de su matrimonio y su separación no son exactos.

Olmedo convivió con muchos intelectuales de la época, miembros del grupo de los Contemporáneos como los poetas Salvador Novo (1904-1974) y Xavier Villaurrutia (1903-1950); los filósofos José Vasconcelos (1882-1959) y Antonio Caso (1883-1946); los músicos Julián Carrillo (1875-1965) y Manuel M. Ponce (1882-1948); y los pintores Joaquín Clausell (1866-1935) y Alfredo Ramos Martínez (1871-1946), entre otros.

Más tarde, fundó una compañía de construcciones en el municipio de Naucalpan, Estado de México, en la que tenía 40 hornos de ladrillo.

Con el paso del tiempo se asoció con Heriberto Pagelson, quien tenía una industria similar, y ambos fundaron la Industria Cerámica Armada.

En la empresa vendían materiales para las principales constructoras de México, debido al éxito y la gran demanda que tuvieron pudieron formar una nueva empresa llamada Compañía Inmobiliaria y Constructora, una de las principales empresas contratistas al servicio del Gobierno Federal.

Años más tarde, con la muerte de Frida Kahlo en 1954, Rivera y Olmedo se volvieron más unidos, y en 1955 con la autorización del pintor, Olmedo comenzó a comprar su obra y la de su esposa.

Alrededor de 50 obras fueron adquiridas por Olmedo, a la muerte del muralista en 1957, se convirtió en directora de los museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli.

A mediados de los 60, Olmedo fue designada Presidente del Comité Técnico del Fondo de Diego Rivera, instaurado por el Banco de México y también se convirtió en directora vitalicia de los museos Diego Rivera y Frida Kahlo.

Ocupó distintos cargos en el Departamento del Distrito Federal de aquel entonces, y en el ya conformado Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); además fue coordinadora general del Consejo Nacional de Turismo, entre 1963 y 1965.

Así comenzó a montar exposiciones de arte mexicano tanto en México como en el extranjero, especialmente por Europa, siendo esta actividad la que le diera la título de promotora cultural de las tradiciones y costumbres mexicanas.

A partir de 1958, Olmedo empezó a realizar grandes ofrendas para la celebración del Día de Muertos que después fueron características del museo que lleva su nombre.

Para 1972, la promotora cultural contaba con una colección de 800 piezas arqueológicas mesoamericanas, así como muebles coloniales y distintos objetos que conformaron una amplia colección compuesta de arte popular de todo el país.

Olmedo compró el casco de la Hacienda de la Noria, en Xochimilco, al sur de la ciudad, construcción que data de fines del siglo XVI, a donde se mudó y el 17 de septiembre de 1994 estableció el Museo Dolores Olmedo.

En el recinto montó sus colecciones de pintura prehispánica y popular, además anualmente ponía las tradicionales ofrendas del Día de Muertos dedicada a importantes figuras de la cultura nacional. Esta actividad mantiene vigencia en la actualidad.

A los 93 años Dolores Olmedo murió dejando un vasto patrimonio tanto cultural como artístico para la posteridad.

5.- Frida Kahlo, bandera del feminismo internacional

Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón nació el 6 de julio de 1907 en la hoy llamada “Casa Azul”, en Coyoacán sur de la ciudad de México; fue la tercera de cuatro hijas del matrimonio formado por Guillermo Kahlo, de ascendencia húngaro-alemana, y Matilde Calderón, originaria del estado de Oaxaca.

De acuerdo con el portal electrónico del Museo Frida Kahlo “Casa Azul”, durante su infancia la artista sufrió poliomielitis, lo que le provocó una deformación en la matriz y le impediría tener hijos, a pesar de eso siempre mostró una gran inquietud y tenacidad como estudiante en la Escuela Nacional Preparatoria.

En 1925 un autobús en el que viajaba fue arrollado por un tranvía, accidente en el que Frida sufrió fracturas y lesiones en la espina dorsal, lo que le provocó inmovilidad por unos meses.

Este suceso sería de gran trascendencia en su vida, ya que a raíz de él se acercó a la pintura, lo que le permitiría entablar amistad con el artista Diego Rivera, con quien contraería nupcias en 1929.

A partir de entonces la artista acompañó a Rivera a cuestiones de trabajo por las ciudades de San Francisco, Detroit y Nueva York. En 1930 la pareja sufrió un aborto.

Las constantes infidelidades de Rivera acentuaron los problemas emocionales de Frida y provocaron que su matrimonio se disolviera en 1939, para volverse a casar un año después.

A pesar de sus problemas de salud, Frida mantuvo un gran activismo político y participó activamente, al lado de Rivera, con el movimiento comunista de México.

En su pintura, la artista siempre mostró un gran compromiso por difundir la identidad nacional mediante el uso de elementos de arte popular mexicano, exvotos, retablos religiosos y “milagros”.

Entre sus cuadros más representativos se encuentran “Las dos Fridas”, “Viva la vida”, “Unos cuantos piquetitos” y “Diego en mi pensamiento”. Su trabajo giró en torno al autorretrato y las naturalezas vivas.

Su salud comenzó a recaer en las últimos años de su vida, de 1950 a 1951 permaneció internada en el Hospital Ingles y en 1953 le fue amputada la pierna derecha debido a una amenaza de gangrena.

Frida Kahlo falleció el 13 de julio de 1954 en “La Casa Azul”, tras su muerte la artista se habría de convertir en un referente cultural; su obra se colocó en un lugar importante en el mercado de arte, y su personalidad ha sido objeto de culto, además de ser usada como bandera del movimiento feminista internacional.

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