Vuelve cuerpos en ceniza

Regional

Hasta hace unos años, Eduardo Martínez Grimaldi se dedicaba a entregar tanques de gas, hoy tiene uno de los oficios más difíciles que haya desempeñado en su vida: cremar cadáveres. Y es que desde hace dos años, es el responsable del crematorio en la funeraria Jardines Puerta del Cielo de Gómez Palacio.

Desde entonces ha contabilizado un total de 450 cuerpos incinerados. Aunque el primero fue el más impresionante, cuenta que el que más marcó su vida fue el de un bebé no nacido de aproximadamente 12 semanas de gestación. "Me impresionó primero porque no había visto un feto y menos tenerlo en la mano", cuenta sin evitar estremecerse al recordarlo.

Para su proceso sólo bastaron unos minutos para lograr unos cuantos gramos de cenizas, que después se entregaron a sus padres.

Otro de los casos que más marcaron su vida, fue el incinerar el cuerpo de una pequeña de tres años de edad, que falleció ahogada. "Era una niña muy bonita" recuerda.

Pero uno de los acontecimientos, que aún no se explica qué fue lo que verdaderamente pasó, fue cuando se encontraba en medio de una incineración cerca de las 10:30 de la noche. Cuenta que en medio del proceso, se escucharon unos quejidos, como de dolor, según le contó el velador, quien de inmediato corrió hacia el crematorio para ver lo que sucedía.

"Y yo le decía es que es el ruido del crematorio y él decía 'no, es que se están quejando", nunca supieron qué sucedió, aunque hasta la fecha don Eduardo sigue diciendo que fue el sonido del motor del horno.

Martínez Grimaldi explica que los cuerpos cuando llegan a él para ser cremados, la mayoría llegan embalsamados, pues muchos cumplen con una incineración integral, es decir, que previamente fueron velados. Otros también se entregan preparados provenientes de otras funerarias a quienes se les realizan estos trabajos.

Grimaldi, como es conocido en la funeraria Jardines Puerta del Cielo, recuerda que otro de los momentos que lo han hecho erizar su piel, fue cuando también en medio de un proceso de cremación, al revisar desde la ventanilla con la que cuenta el horno, se dio cuenta que el brazo izquierdo del cuerpo que sería incinerado, estaba levantado.

"Pero todo tiene su explicación, todo tiene su lógica. El cuerpo tiene contracciones aún después de que ya falleció", explica.

Pese a la larga lista de cuerpos que han pasado por su crematorio, se niega de decir que se ha vuelto insensible, pues cada caso de alguna manera ha marcado su vida. "Lo veo como un trabajo que hago con todo respeto", recalca don Eduardo.

Otro de los casos que le ha sido imposible borrar de su mente, fue cuando hasta su centro de trabajo llegó un viejo conocido, quien además de haber sido su jefe, fue un buen amigo para él. "Soy originario de Lerdo, me trajeron a una persona que se llamaba Antonio Simiental, un amigo muy querido incluso. Fue patrón mío y pues me tocó cremarlo; sí me impresionó porque había un lazo de amistad muy fuerte, me impresionó y afectó", cuenta aún con tristeza.

EL PROCEDIMIENTO

Bastan mil 200 grados centígrados para reducir el cuerpo a cenizas. Eduardo explica que el cuerpo se "envuelve en llamas", para después llenarse de ampollas y finalmente volverse cenizas.

"Recibimos el cuerpo, si viene en una camilla lo pasamos a otra camilla, si viene en un ataúd lo sacamos y lo ponemos en una camilla. Y ya después de que se despiden los familiares lo traemos, lo metemos al horno y después se abre la llave del gas y hay que prender el crematorio. El cuerpo se mete con todo y ropa", explica Grimaldi.

El tiempo depende de la cantidad de grasa que tenga el cuerpo, entre más grande sea, más tiempo se llevará. Y es que explica que entre más grasa, más combustión se genera al interior del horno, el cual se llena de humo, mismo que reduce la temperatura, por lo que es necesario abrir más la llave.

Un cuerpo esbelto tarda hasta una hora u hora y media, mientras que un cuerpo obeso, hasta cinco horas.

Después de este procedimiento, las cenizas se quedan al interior del horno, las cuales son retiradas con una espátula y cepillo, pero deben esperar a que se enfríen para poder depositarlas en una charola y finalmente en la urna que recibirán los familiares.

Las cenizas que se entregan llegan a pesar aproximadamente de uno a un y medio kilo. El peso depende de la estatura y de la densidad de los huesos. Y cuando el cuerpo cuenta con una prótesis, que generalmente son hechas a base de titanio y platino, se entregan a los familiares.

GARANTÍA

Para garantizar que las cenizas que reciben son efectivamente de su familiar fallecido, personal de la funeraria le permite a uno o dos familiares, ingresar hasta la puerta del crematorio y para que puedan ver, si así lo desean, cuando su cuerpo ingresa al horno. Antes de encenderlo deben retirarse, pues la experiencia puede ser fuerte.

Por su parte, Anabel Pulido, asesora de la funeraria, explica Jardines Puerta del Cielo ofrece dos tipos de cremación: la integral y la directa.

La primera se realiza cuando la familia desea tener lo que es el procedimiento de velación en una funeraria y después la cremación; mientras la directa es cuando en muchas ocasiones, la persona viene de una enfermedad larga, se pide la cremación inmediata, o bien, cuando por accidentes o hechos violentos, se opta por esta opción.

LA IGLESIA

Aunque por años, la Iglesia Católica prohibía la cremación de los cadáveres, fue durante la celebración del Concilio Vaticano II en 1964 y, consecuentemente, en el cánon 1176 del Código de Derecho Canónico de 1983 que fue aceptada.

El cánon 1176 reza "La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohibe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana".

Fue hasta hace apenas unos años, que esta práctica tomó mayor popularidad en casi todas las religiones. Tan sólo en Torreón, al menos siete iglesias cuentan con columbario, que no es más que el espacio destinado para colocar las urnas con las cenizas. Las parroquias son: San José, Centro Saulo, la Medalla Milagrosa, San Isidro, San Felipe, San Judas, en Torreón Jardín, y próximamente en Nuestra Señora de Guadalupe. Es la Iglesia de San José, la primera en contar con estos espacios para el descanso eterno de las personas que fueron incineradas.

Calor. Los cuerpos requieren una temperatura de mil 200 grados centígrados para convertirse en cenizas.
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