Vientres de alquiler: ¿negocio o altruismo?

Nacional

Este sábado comenzó en Madrid la cuarta Surrofair, una feria sobre gestación subrogada. En ella se distribuyen toneladas de información y pueden ponerse en contacto clínicas y agencias internacionales con padres que busquen en el extranjero una mujer dispuesta a gestar el hijo que ellos no pueden alumbrar naturalmente. Por Surrofair pasan representantes de Estados Unidos, Rusia, Ucrania y Grecia, los países a los que más españoles recurren para la gestación subrogada.

La organizadora del evento, Natalia Álvarez, no respondió llamadas después de que el Partido Feminista de España la denunciara por considerar que en su feria "comercia con seres humanos". Y es que todo lo relacionado con la gestación subrogada, los llamados vientres de alquiler, suele implicar en Europa, y en el mundo, debates acalorados.

Al tiempo que su popularidad avanza, se topa con el rechazo de colectivos tan variopintos como la Iglesia o la izquierda, que la consideran una explotación de mujeres sin recursos y una sublimación de la lógica capitalista de que todo se compra y se vende. La sueca Kajsa Ekis Ekman, una de las grandes militantes contra la práctica, considera que tanto la subrogación comercial (en la que media un beneficio económico para la madre gestante) como la altruista (sólo hay una compensación por los esfuerzos y los gastos) suponen una violación de los derechos de la mujer.

A la gestación subrogada recurren no sólo parejas heterosexuales en las que la mujer tiene problemas para procrear, sino parejas homosexuales o padres solteros que quieren tener descendencia. No hay estadísticas de cuántos niños nacen por este método porque la mayoría de países no los computa.

La técnica está prohibida en una docena de naciones occidentales, como Francia, Italia o España, y en otras tantas no hay ninguna regulación específica. En otra veintena de países está permitida con diferentes restricciones -normalmente, que sea altruista, limitada a nacionales y, a veces, exclusivamente para parejas heterosexuales-, y dentro de estas naciones un muy limitado grupo son las mecas de los llamados padres de intención (quienes desean contratar a una gestante), caso de Rusia, Ucrania, Georgia o Kazajistán, además de ocho de los 50 estados de Estados Unidos.

En la Unión Europea como conjunto, el Parlamento Europeo es oficialmente contrario a la técnica, también el Convenio Europeo sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina, y el Consejo del Comité de Asuntos Sociales y Salud. Pero la realidad es que, incluso en los países más hostiles, varios se replantean las restricciones. Por ejemplo, Portugal vota este día 13 una propuesta limitada a mujeres con problemas ginecológicos.

Indiferente a los debates éticos, la demanda aumenta. En unos años las empresas dedicadas al negocio han florecido en todo el mundo y, con ellas, los conflictos legales, que van desde a quiénes se va a considerar como padres de los bebés hasta cuál es la nacionalidad que les corresponde a éstos y qué derechos -si es que los hay- tiene la madre que presta o renta su vientre.

Grecia es el único país de la UE que permite que los implicados en el proceso no tengan que ser residentes estables en su suelo. Su sistema ofrece todas las garantías legales, pero aún no está muy rodado y tiene limitaciones (con los homosexuales, notablemente).

Por eso, el auténtico paraíso de la subrogación sigue siendo Estados Unidos, el país que tiene leyes más detalladas al respecto. De hecho, la historia de esta técnica comenzó en 1975 en California. Allí, las parejas de cualquier orientación sexual pueden firmar hoy contratos de subrogación bajo el paraguas de la ley de Uniform Parentage Act. Más allá del estado de California, hay ciudades que reciben a miles de parejas al año, procedentes de todo el mundo, en busca de un útero para su hijo: Chicago, Miami y Nueva York.

El principal escollo es que los precios son muy altos: unos 119 mil dólares, sin considerar cualquier problema que se presente, como el que el bebé tenga que pasar tiempo en la incubadora, o la hospitalización de la gestante.

Muchos países que ofrecían subrogaciones más baratas, como México, India y Tailandia, han ido cerrando el sistema a extranjeros por diversas razones: por no querer convertirse en un vivero de niños para países ricos, por experiencias de abusos... Y luego está la incertidumbre legal en muchas naciones. Por ejemplo, en el acta de nacimiento en antiguas repúblicas soviéticas, los progenitores suelen ser la mujer que ha tenido el hijo y el padre. Cuando el niño y los padres de intención llegan a su país de residencia, el otro progenitor adopta al bebé, lo que genera ambigüedades peligrosas.

Es el caso de María Teresa Gregorio Roig, de 47 años, quien lleva nueve meses encallada en Moscú porque el consulado español no reconoce que sea la madre de Karla, gestada en el útero de una mujer rusa. El problema viene de que los óvulos tampoco son de María Teresa, por lo que no tiene relación genética con el bebé. Y a pesar de que el acta de nacimiento rusa reconoce que la niña es suya, el cónsul español asegura que no puede responsabilizarse de ello. El caso está pendiente en los tribunales.

Es el tipo de problemas que se derivan de la falta de una regulación precisa en el seno de cada país, explican en Son Nuestros Hijos, la principal asociación en Europa de familias constituidas a través de la gestación subrogada. Su presidente, Pedro Fuentes, tuvo un hijo en California con su esposo. Desde entonces realizan una intensa labor de presión para que la subrogación sea legal en España, donde unas mil familias tienen un hijo al año mediante este proceso. "No es lógico tener que emigrar", explica Fuentes. "Y tenemos la sensación de que la opinión pública es favorable".

Su apuesta es clara: "Un sistema altruista con una compensación estándar que cubra el esfuerzo físico, emocional y económico. Que sea un proceso abierto en el que la gestante tenga relación con los padres intencionales y éstos se comprometan a asumir que el niño que nacerá es suyo, con todo lo bueno y todo lo malo".

Fuentes asegura que su asociación sigue un código ético que repudia la explotación y mira de reojo la práctica comercial: "La subrogación comercial es aceptable sólo cuando la mujer es independiente intelectual y económicamente, y lo hace porque quiere". También es partidario de que cada país ordene su legislación antes de abrirse al extranjero. "México se ha cerrado, cuando antes era un destino al que recurrían muchos españoles. Creo que hay que hacerlo para que cada uno cimente su sistema. Por ejemplo, el dinero de un europeo en India puede apabullar y facilitar ciertos excesos".

 BRASIL, LA NUEVA SENSACIÓN

En el mundo delicado y polémico de la gestación subrogada, Brasil es la nueva sensación. Desparramadas a lo largo de su territorio hay más de 100 clínicas de reproducción asistida que dan el servicio de madre portadora. En ese país la gestación subrogada sólo está permitida en su carácter altruista y la madre genética (que aporta el óvulo) y la gestante (en cuyo útero se forma el bebé) deben ser familiares directos de primer o segundo grado: hermanas, madres o hijas.

"En Brasil, el carácter lucrativo de la gestación subrogada está prohibido, según la Resolución 1957/2010, y la práctica está destinada a parejas heterosexuales y homosexuales femeninas, porque, justamente para evitar la formación de un negocio, la madre genética debe aportar su óvulo y ella y su pareja deben financiar todos los gastos del embarazo", dice el abogado Luis Soares, especialista en casos de fertilización asistida.

Como una pareja homosexual de varones no tiene problemas fisiológicos para tener hijos, sino de orden real o natural, la ley no contempla la ayuda para ellos.

El universal

Del amor a los abusos

En Australia, Israel, la mayoría de estados de Canadá, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Holanda y Bélgica se acepta la gestación subrogada siempre que se realice con fines altruistas, aunque las restricciones varían mucho según el país (en Bélgica en la práctica es casi imposible, por ejemplo). Sin embargo, hay muchos otros lugares donde los vientres de alquiler se han convertido en un negocio que se presta a -y donde se cometen- los peores abusos.

"Veo la subrogación como compartir mi fertilidad y, en mi caso, devolver un regalo", cuenta en la web de Surrogacy UK Jayne, una de las fundadoras de esta ONG de mujeres que quieren albergar el embarazo de otra pareja. Jayne tuvo por este sistema a su primera hija, Abi, cuando pensaba que era estéril, pero luego parió dos niños propios por método natural. En "pago por aquel regalo", ha sido gestante subrogada tres veces.

Varios de los embarazos que intentó fueron complicados y tuvo dos abortos, pero su experiencia en general ha sido de gran felicidad. "Estoy en contacto con las tres parejas a las que ayudé y también con la gestante subrogada por la que tuve a mi hija Abi. Quedamos juntos a menudo en nuestras casas. ¡Somos como una gran familia!".

Casos tan armónicos como éste contrastan con los aspectos menos humanizados de la gestación subrogada, que coinciden siempre con procesos comerciales y, muy a menudo, con las agencias que ofrecen gestantes en el extranjero para parejas europeas y estadounidenses.

La compañía más grande del sector en España, muy criticada por sus planteamientos agresivos, vende un "seguro de vida de la madre subrogada, y reinicio del programa en caso de fallecimiento del bebé, tras su nacimiento".

Los casos de abusos o falta de sensibilidad palmaria se repiten periódicamente. Tailandia cerró la subrogación comercial a extranjeros en 2015 después de que un año antes una pareja australiana devolviera a Pattaramon Chanbua, la mujer que gestó para ellos a unos mellizos, a Gammy, porque el bebé padecía síndrome de Down y una afección cardíaca. Eso sí: se llevaron a Australia a la niña sana.

Y en 2015 India prohibió la subrogación comercial para extranjeros -un negocio de 2 mil 300 millones de dólares anuales- porque detectó que cientos de mujeres iletradas estaban siendo usadas con procedimientos casi fabriles en auténticas granjas de gestación.

La hora de 'replantear la prohibición'

Marcelo Palacios lleva 30 años dándole vueltas a la gestación subrogada y sus implicaciones éticas. Él fue ponente de la proposición de ley sobre técnicas en reproducción asistida española de 1985 y ponente y proponente de la Convención de Asturias de Bioética del Consejo de Europa.

Palacios fue uno de los expertos que consideró que la gestación subrogada no debía de ser legal en España; sin embargo, hoy considera que la sociedad ha evolucionado y es el momento de replantearse esa prohibición.

"En ese momento se legisló así porque España era un país con muchas carencias sociales y podían darse abusos. Había mujeres en situación vulnerable, por ejemplo, con el éxodo rural, de las que podían aprovecharse personas con más recursos económicos e intelectuales. Y se planteaban muchos conflictos más", plantea.

Entre ellos enumera la posibilidad de que una gestante se arrepintiera tras parir, que padres de intención reclamaran compensaciones a mujeres que pudieran perder accidentalmente el embrión, que quienes contrataran el servicio quisieran después devolver un niño con malformaciones. "Había muchas situaciones conflictivas, difíciles de resolver en ese momento", expresa.

En la Europa del siglo XXI las condiciones son diferentes, considera. "Ha habido muchos cambios. La posición de la mujer se ha fortalecido, la población está más informada y además la gestación subrogada ha dejado de ser un programa individual y puntual para convertirse en un problema social: por eso habría que hacer una nueva legislación que incorpore la posibilidad de la gestación subrogada, siempre con sus lógicas cautelas para que no se incurra en abusos".

Palacios reconoce que el debate es arduo y que hay aspectos difíciles de resolver, como el componente comercial implícito en la mayoría de contratos de subrogación. "Yo apenas conozco casos que no sean por dinero", dice. Sobre todo, advierte, hay que evaluar el espinoso asunto de los países pobres, con legislaciones tan permisivas como escaso control del respeto a las libertades de la gestante.

"En muchos países deben plantearse ahora los interrogantes que nos hicimos nosotros en España cuando estábamos en una situación de mayor vulnerabilidad", explica. "Asumiendo que la subrogación es una realidad implantada, en España deberíamos intentar que la gente no tenga que hacer ese turismo, meterse en gastos ni aventuras. Es una moralina que nos opongamos a que aquí se haga pero aceptemos y nos beneficiemos de que se haga en el extranjero".

Alternativa costosa

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