La toma de Durango de 18 de junio de 1913

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Escribe Friedrich Katz, en De Díaz a Madero: orígenes y estallido de la Revolución Mexicana, que "en vísperas de una revolución tiene que existir un difundido descontento ante las condiciones políticas, que afectan, no sólo a un sector, económicas y sociales o clase de la población, sino a una amplia variedad de clases y grupos sociales. Tal era el caso en 1910."

El ya próximo 18 de junio, se cumplirá un año más de la toma de Durango en 1913, acontecimiento tan importante que marca la primera capital de Estado que cae de manera definitiva en poder de la revolución. No queriendo que este acontecimiento histórico pase una vez más inadvertido, me ha parecido justo referirme a él, destacando el papel importante que desempeñó el pueblo de Durango en apoyo de los revolucionarios que el 17 de junio en punto de las once de la noche, abrieron el fuego alrededor de la ciudad, tomándola al siguiente día a temprana hora de la mañana.

Algunos escritores ya han mencionado la colaboración valiosa que, con el peligro de su vida, prestó la gente del pueblo en su papel de francotiradores, disparando desde las azoteas y de las huertas en contra de las tropas huertistas que defendían la ciudad de Durango en contra de las fuerzas revolucionarias atacantes.

Para realzar el papel de los hombres sencillos del pueblo de Durango, me valdré de los partes de batalla de los mismos federales huertistas.

En el parte de batalla del ejército huertista del ataque revolucionario a la ciudad de Durango, de 23 de mayo de 1913, rendido por el general Escudero, puede leerse que los revolucionarios lograron forzar la línea de defensa por el puesto de Sataraín, debido a que fueron apoyados por la retaguardia por la gente del interior.

Los revolucionarios fueron rechazados por la llegada de refuerzos a la plaza y tuvieron que retirarse a Canatlán en donde derrotan a los orozquistas y vuelven al ataque a Durango, esta vez para tomarlo el 18 de junio de 1913 a sangre y fuego.

El parte de batalla del ejército huertista del ataque y toma de Durango por los revolucionarios el 18 de junio de 1913, rendido por el general brigadier Antonio M. Escudero, es más explícito en la ayuda que dio el pueblo de Durango a los revolucionarios y dice que desde el principio del combate pudo notarse la presencia de gente hostil a los defensores de la plaza, siendo posiblemente esta gente hostil la que privó de la vida al mayor Vega y Roca, media hora después de iniciado el ataque. Dice el parte que los hombres del pueblo atacaban el templo de San José, quienes pretendieron incendiarlo; igualmente la Penitenciaría y los fortines situados por el mismo rumbo fueron atacados por los habitantes de la ciudad, por lo que fue necesario tomar 50 hombres del sostén de la artillería para reforzar los puestos del Templo de San José y de la Penitenciaría, no obstante lo cual resultó imposible evitar la invasión del populacho, que continuó atacando esos puestos y los de las huertas de ese rumbo con bombas de dinamita.

Los saqueos que siguieron a la toma de Durango, así como el incendio de una veintena de casas comerciales, fueron más bien ocasionados por la gente pobre de Durango. Para detener el saqueo, fue necesario que los revolucionarios dictaran medidas drásticas como el fusilamiento, y así fueron fusilados los líderes populares Rubén Amézquita, Tranquilino Zurita, Anastasio Calderón y Refugio Anguiano, según Adolfo Terrones Benítez, en sus artículos de la toma de Durango, por órdenes de Tomás Urbina, quien fue el mayor saqueador, pues se cargó el dinero de los bancos, de negocios mercantiles y remató hasta con la Catedral, lo cual asienta el general revolucionario Sergio Pazuengo en lo que escribió sobre la toma de Durango.

Me platicaba mi padre, según creo recordar, que Urbina se había llevado de la toma de Durango como cinco millones oro. Oralmente tengo conocimiento de que el valientísimo general Miguel Gutiérrez de las tropas de mi padre le pidió autorización para quitarle el oro a Tomás Urbina, pero que mi padre no quiso porque sus enemigos se burlarían de ellos al empezar a pelearse entre ellos mismos. Y fue así como Urbina se fue con Villa a compartir la riqueza saqueada.

Esta valiosa y valerosa participación del pueblo de Durango en la toma de 18 de junio no ha sido suficientemente estudiada por los historiadores de la Revolución Mexicana en Durango; sería bueno que lo hicieran, pues tengo para mí, que más que moverlos el ansia de saqueo, los movió el ansia de justicia en contra de una dictadura que los había condenado a la miseria, al hambre, a la explotación y a la injusticia por largos años. El resultado de estas investigaciones arrojaría luces sobre la toma de Durango y sobre todo la lección para los que tienen el poder de que cuando se abusa del pueblo, al que en los partes de batalla de los huertistas se llama despectivamente "el populacho" no hay fortines tras los que puedan esconderse y protegerse los poderosos.

Así paso con los "sans culottes" ("los sin calzones") en la Revolución Francesa de 1789, quienes eran de izquierda, de las clases sociales más bajas, conocidos con éste mote despectivo. En su mayor parte, eran artesanos, tenderos, asalariados y campesinos, y quienes jugaron un papel muy importante en la Revolución Francesa, pues su presión fue importante, fue decisiva para que se condenara a muerte a Luis XVI y protagonizaron la toma de La Bastilla y el asalto al Palacio de las Tullerías.

Esta vez el pueblo de Durango, entendiendo por tal a los desempleados, a los medianamente empleados, a los artesanos, a los asalariados, a los campesinos, a los burócratas, a limpiadores de parabrisas en los semáforos, a los tragafuego, a los payasos que hacen malabares con pelotas y a la clase media empobrecida, han manifestado en Durango su justa inconformidad con el gobernador prepotente, arbitrario, ignorante de la historia (por decir lo menos) votando en contra de él y su claque y a favor del único verdadero candidato de oposición. El pueblo de Durango ha disparado su voto, no esperemos a que disparen su inconformidad a la manera del pueblo de Durango en la toma de Durango de 18 de junio de 1913 o a la manera de los sans culottes de la Francia revolucionaria ¡Hagamos justicia social!, repartiendo equitativamente la riqueza y ejerciendo el poder conforme a las reglas más estrictas de la democracia.

Aprovechando el viaje, me permito invitar a la ciudadanía en general a la presentación de la biografía de mi padre bajo el título DOMINGO ARRIETA LEÓN, GENERAL DE HOMBRES LEALES: La verdadera historia de la revolución en Durango, que tendrá lugar en el Salón de Usos Múltiples de la Casa de la Cultura Jurídica en Durango, el próximo viernes 17 del actual, en punto de las 19:00 horas. Aquiles Serdán número 110 Pte.

Por lo pronto diré lo que no es libro y lo que sí es:

No es:

Una biografía oficial.

Una biografía hecha a modo y por encargo.

Una biografía inflada y mentirosa.

Un bet seller que busque el éxito de mercado.

Una venganza a la memoria de Pancho Villa.

Un desencanto de la Revolución Mexicana.

Una biografía parcial y mentirosa.

Sí es:

Una biografía independiente y libre

por la palabra libre.

La hoja de vida de uno de los principales

personajes de la Revolución Mexicana

y de sus hermanos.

Un canto de amor a la Revolución

Mexicana.

Una historia verdadera de la Revolución

Mexicana en Durango tan llena de

mitos y falsedades.

Una serie de datos y acontecimientos

inéditos y desconocidos de la revolución

en Durango.

Un libro polémico que no hace

oncesiones con nada ni con nadie,

en la búsqueda de la verdad.

Domingo Arrieta León es parte del

drama de la Revolución Mexicana,

pero es también la sonrisa de la historia.

Asista y diviértase.

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