López Velarde entre versos y novias

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Hablar de este gran renovador de la poesía es abarcar un espacio donde se encuentran las letras de dos siglos y las nuevas que se unen, el tiempo es solamente un momento, en el cual la presencia del vate jerezano llenó horas y horas, con su tema ensalzador de la provincia. La mayoría de los autores, lectores y amantes de la literatura, conocen a López Velarde en el trascurso de su poema "La suave Patria", que es un texto épico y alegórico, es donde se resaltaron las más sorprendentes metáforas del el cuerno de la abundancia que es la patria. Al loar a la patria como lo hicieron los verdaderos patritas es necesario sacar las palabras desde más allá del sentimiento y de la conciencia, acaso del vertiente milagroso de nuestra alma.

Igual que Virgilio en la estofa que abre La Eneida dice:

"Yo aquel mismo que en flauta campesina/ En otro tiempo modulé canciones/ Y dejando la selva peregrina/ causa fui que con ricas producciones/ satisficiese la región vecina/ de exigente cultor las ambiciones/ -obra grata a la gente labradora/ de Marte horridas armas canto ahora".

Volvamos asimismo al inicio de La Suave Patria de Velarde:

"Yo que solo canté de la exquisita/ partitura del intimo decoro,/ alzo hoy la voz a la mitad del foro/ a la manera del tenor que imita/ la gutural modulación del bajo/ para cortar a la epopeya un gajo".

Sin embargo la obra real del zacatecano es la renovación que con su poesía inicia en las letras mexicanas, al salirse de los cánones tradicionales, de los poemas clásicos de los modernistas como Amado Nervo, Gutiérrez Nájera y otros, para abrir un camino nuevo para, los poetas, ya que después de él, siguió el grupo delos contemporáneos como Carlos Pellicer, Renato Leduc, Salvador Novo, hasta llegar a Gorostiza y Octavio Paz, cultivadores del verso libre, así como el chiapaneco Jaime Sabines..

Con López Velarde nos trasportamos a la universalidad de la provincia, nos asomamos al brocal del pozo, al piano de Genoveva a la lágrimas del mar, al relámpago verde de los loros y sobre todo a los pasos titubeante de la Revolución Mexicana. Ramón López Velarde fue un poeta adelantado a su tiempo, emprendedor de las nuevas expresiones, romántico y soñador, enfermo de las letras, condicionado al esfuerzo de la renovación, poeta que debe ocupar un vértice en el olimpo mexicano.

Hacia los años 1902-1903, a los 14 o 15 años, inicia su relación con Josefa de los ríos, cuando él y su hermano Jesús iban de vacaciones a Jerez y llegaban a la casa del tío Salvador, casado con Soledad, hermana de Pepa o Josefa. Celebraban tardes literarias, en que Pepa cantaba y Ramón leía sus primeros versos. No era bonita, recordaba el doctor Jesús López Velarde, pero era agradable, tenía un trato único, era muy simpática y bondadosa

Fue la principal inspiradora de sus primeros poemas, Josefa de los Ríos, Fuensanta, para él, sabemos que había nacido en Jerez en 1880, era pues 8 años mayor que el poeta y que murió en el Valle de México, la primavera de 1917. Podemos suponer que este amor primero no paso del límite de los versos y que con él perdió López Velarde las amarras que más profundamente lo sujetaban al mundo de la adolescencia (José Luís Martínez)

Tuvo otra novia que no se quiso casar con él, Margarita Quijano, el rompimiento de esta ilusión quedó trasfigurado en el poema La Lágrima:

""Lagrima con que quiso/mi gratitud salar el Paraíso;/lágrima mía, en ti me encerraría,/ debajo de un deleite sepulcral,/como un vigía/ en su salobre y mórbido fanal".

Si me dieran a escoger un poema de Ramón López Velarde, en medio del remolido de versos, mi mente se metería en un conflicto casi insuperable, sin embargo dada la relación con algunos versos del poeta zacatecano, paisano y maestro tal vez me quedaría con estos cinco poemas: La suave Patria, La bizarra capital de mi estado, Hermana hazme llorar, Y pensar que pudimos y No me condenes.

Ramón López Velarde muere en la ciudad de México el 19 de junio de 1921, de un padecimiento pulmonar, su misma muerte es un secreto que muchos han tratado de descifrar, inventando, investigando pero a pesar de los pesares, sobre toda calumnia el rostro austero y su lira digna seguirán en los anales de la poesía mexicana con un laurel sobre su testa.

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