¡Viva Villa!

Nosotros

Segunda Parte

La ironía popular decía que, a partir de entonces, muchas supuestas calaveras del guerrillero anduvieron a la venta y hasta hubo quien ofreciera al mismo tiempo varias de diferentes tamaños, argumentando que eran de diferentes edades…

Comoquiera que sea, es muy posible que ningún otro mexicano haya sido más recordado por sus paisanos que "mi general Pancho Villa", a pesar de la reticencia oficial que no conmemora ni su natalicio -el 5 de junio de 1878- ni su muerte ocurrida casi cuarenta y cinco años después, ni batalla alguna de las muchas que ganó. Bueno, ni siquiera su invasión a los Estados Unidos continentales, la única que se ha producido en toda la historia de la humanidad.

En suma, hasta la historiografía formal le sacó la vuelta a Villa durante un buen tiempo. Aunque el número de artículos y libros sobrepasa en total los tres millares, muy pocos textos sólidos había hasta antes de 1998, cuando Friedrich Katz, eminente historiador mexicano de origen austríaco, dio a la luz dos gruesos tomos que emanaron de muchos años de investigación sumamente minuciosa.

Katz sugiere que, precisamente, el soslayo oficial puede haber dado lugar a que se consolidara su leyenda, pues dejó en franca libertad a la imaginación popular.

Entre los escritores famosos que se ocuparon de este personaje, los que más destacan son los novelistas Martín Luis Guzmán, Mariano Azuela, Carlos Fuentes y Paco Ignacio Taibo II. Películas sonoras sobre El Centauro se han producido varias, desde que en 1934 Wallace Berry hizo la primera, que lleva por título el famoso grito que ponía a temblar al más pintado: ¡Viva Villa! En su conjunto puede decirse que se incrementaron con buena imaginación el cúmulo de las hazañas falsas o verdaderas atribuidas a nuestro personaje.

Pero también las diatribas en su contra se siguieron oyendo con frecuencia en las tribunas y leyendo en la prensa. Mas la lírica popular resultó decisiva para que su buen recuerdo superara con creces la marginación oficial. México es un país en el que se canta a todas horas con cualquier motivo y los bardos populares fueron precisamente los principales propagandistas de las cualidades de Villa; la principal era su valentía y arrojo, que le permitió sonadísimos triunfos, incluso en combates que parecían irremisiblemente perdidos. La toma de la ciudad de Zacatecas, el 23 de junio de 1914, por ejemplo, que a la par de la toma de Guadalajara el 8 de julio siguiente, por parte de Álvaro Obregón, decidió la caída del usurpador Victoriano Huerta, fue tema de varios corridos y marchas.

Ahora sí, borracho Huerta,

harás las patas más chuecas

al saber que Pancho Villa

ha tomado Zacatecas.

Asimismo, ha llamado la atención la capacidad -casi mágica- que tenía para recuperarse de las derrotas, gracias, precisamente, al respaldo popular y de que, cada vez que lo requería, se alzaban por doquier voces campesinas al grito de "¡Vámonos con Pancho Villa!".

Decía don Francisco Villa:

amigos, yo ya perdí,

pero dentro de poco tiempo

nos veremos por aquí.

Para conformar la figura de gran atractivo popular, súmesele el entusiasmo que tenía por las mujeres y la mano pesada que dejó caer sobre los ricos extranjeros reacios a proporcionarle recursos, como fue el caso de los españoles que expulsó de Torreón; algunos ingleses muy pudientes que fueron despojados de sus bienes o pasados por las armas, y no pocos norteamericanos a quienes les hizo pasar las de Caín. Pero en este sentido nacionalista, lo que más contribuyó a su relumbrón fue haber sido el único militar que ha logrado invadir el territorio continental de los yankees, el 9 de marzo de 1916, haber despojado de sus bienes a varios ciudadanos de aquel país en la población fronteriza de Nuevo México llamada Columbus, haber matado a 17 norteamericanos y semidestruido el downtown de dicha población.

Años después, ya muerto el Centauro, unas estrofas seguían recordando el affaire Columbus de la manera siguiente:

Ahora sí, gringos cobardes,

recobren ya su valor,

ya se acabó Pancho Villa

que era de ustedes terror.

El dolor por el inmenso territorio que Estados Unidos arrebató a México en 1847, hallaba un ligero paliativo en la incursión de Villa, y un compositor popular exageró el valor de la gesta:

Adiós, torres de Chihuahua;

adiós, torres de cantera,

ya llegó Francisco Villa

a quitarles lo pantera

y a devolver la frontera.

El caso es que la frontera no retrocedió y los pobladores actuales de Columbus más bien le guardan agradecimiento al general Villa, pues los puso en el mapa y le dio al sitio un atractivo turístico del que siguen medrando en la actualidad. ¡A eso se le llama convertir las derrotas en victorias!

Quizá lo que más se destaca en el recuerdo de la gente y ha influido más en lo que ahora se llama el imaginario colectivo, es haber puesto en ridículo a la nutrida expedición punitiva que mandó a Chihuahua el Tio Sam, autorizada por Venustiano Carranza y dirigida por el general John J. Pershing, afamado después por sus gestas en Europa:

Patria, México, febrero 16,

dejó Carranza pasar americanos,

diez mil soldados, quinientos aeroplanos,

buscando a Villa y queriéndolo matar.

Su fracaso fue absoluto y sus pérdidas cuantiosas. Diez meses duró la inútil persecución, cuyo reporte militar cotidiano, se suele decir con sorna, siempre fue más o menos el mismo: "Tengo el honor de informar a usted que Francisco Villa se encuentra en todas partes y en ninguna"

Qué pensarían esos americanos,

que combatir era un baile de carquís.

Con la cara caída de vergüenza,

se regresaron todos a su país.

CONTINUARÁ...

Si tiene comentarios, escríbanos a: yromo@elsiglodetorreon.com.mx

Ojos de Villa tienen mirar intenso y profundo.
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