Don Fermín Núnez, memorable contador de historias

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Una faceta poco conocida o desconocida del industrial maderero durangueño don Fermín Núñez, es la de escritor en el género literario de cuentos, de los que he quedado posesionado, gracias a las pláticas amenas con mi buen amigo el doctor Sergio Encinas Elizárraras, así como de algunos detalles de su vida, que aparecen en su libro Aprovechamientos Comerciales Forestales en el Estado de Durango, editado en el año de 2005 por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Juárez del Estado de Durango.

En la obra aludida, refiere Encinas Elizárraras, que don Fermín nació en un lugar ubicado en las cercanías del ejido La Manga, del municipio de San Dimas, Dgo., que en su juventud se fue al norte de bracero, en donde aprendió el inglés y a querer entrañablemente lo mexicano, y que a su regreso a base de audacia y de empeño, logró formar en plena sierra una gran industria maderera en San Miguel de Cruces, que fue única en el estado y ejemplo para el país, conocida con el nombre de Triplay y Maderas de Durango, S. A. de C.V.

Por lo que a este escribidor respecta, he de decir que conocí a don Fermín, allá por agosto de 1964, con motivo de la visita de Lombardo Toledano, para dictar dos conferencias en la Escuela de Derecho de la UJED, a invitación de la Sociedad de Alumnos de dicha escuela. En esa ocasión, Lombardo se trasladó en avión de la ciudad de México a Mazatlán, en donde lo recogió una avioneta de don Fermín para traerlo a Durango, en donde se hospedaría en la casa de uno de los hijos de don Fermín, siendo igual su regreso. Don Fermín fue gran amigo de Lombardo, quien lo visitaba de vez en vez para practicar la cacería; en esas visitas sostenían largas pláticas sobre toda clase de temas que hubiera sido una delicia escucharlas, mismas que sin duda revelan que don Fermín tenía también inclinaciones filosóficas además de literarias.

Aún más, don Fermín fue generoso benefactor del Instituto y Universidad Juárez, vivimos todavía estudiantes de los años cincuenta y sesenta que podemos dar testimonio de ello, para que no se borre su memoria en esta acción que lo enaltece. Y ahora sí vayamos a su vena literaria.

Sergio Encinas Elizárraras, quien laboró algún tiempo en la actividad forestal con don Fermín, tuvo a bien poner en mis manos, varios cuentos del industrial forestal de humilde cuna, siendo ellos: Al otro lado, Un Dibujo al Carbón, Un hombre valiente, La fiera libre, que tiene los siguientes apartados: Muere un hombre, Los Sánchez.

Según parece algunos de ellos fueron publicados en el año de 1932, en una revista o sección cultural titulada Continental. De cualquier manera merecen su publicación, ya sea por parte de la Universidad Juárez o de sus descendientes.

Por lo pronto, hago saber a mis tres o cuatro lectores, mis modestas apreciaciones del primero de los cuentos mencionados, Al otro lado, que sin duda refleja sus experiencias como bracero, camellando en el traque, esto es, laborando en la instalación de las vías de ferrocarril de la Unión Americana, trabajo duro y mal pagado.

De entrada he de decir que el título de Al otro lado, me parece adecuado, pues cuando los durangueños nos referimos a alguien que se fue de bracero a Estados Unidos, decimos que se fue al otro lado.

Relata la dura vida de los trabajadores del riel, cuya jornada de nueve horas se inicia a las siete de la mañana, hora en la que tienen que abandonar las barracas y abordar el "pusch car" (armón) con sus herramienta de trabajo y vestidos uniformemente con sus blusas de mezclilla, overol, zapatones pesados de gruesas suelas y sombreros de fieltro que ya han perdido su forma original, paliacate y guantes que asoman ambos de la bolsa trasera del pantalón. "All right Let´s go" ha gritado con voz potente el mayordomo general, y no queda más remedio que camellar.

El nacionalismo de los que camellan al otro lado, más de doscientos y tantos en el campo número 6 del Southern Pacific en el estado de Texas, que construyen un ramal de vía, resalta, con palabras que no tienen desperdicio, cuando el autor asienta que: "En este enorme Estado de los Unidos del Norte, no hay carretera ni vía férrea que no haya sido construida por braceros mexicanos con mayordomos gringos, y afirmaría que en toda la Unión no se encuentra ninguna de las dos en la que no hayan trabajado compatriotas. En Texas han caído más gotas de sudor de ellos en vías y carreteras que de aceite de las locomotoras en las primeras y de gasolina y lubricantes de automóviles y camiones en las segundas.

"Tender caminos, allanarlos y prepararlos, labor de los mexicanos de abajo…"

Palabras estas que tienen enorme actualidad en estos días en los que con enorme ignorancia y racismo, el loco de Trump, despotrica contra los mexicanos.

La brevedad, como es bien sabido, es una de las características esenciales del género literario del cuento. Dentro de esa brevedad, la pluma nacionalista de don Fermín, describe con claridad y llaneza, la vida y trabajo de los braceros mexicanos: Los martillos son alargados con dos cabezas de pulgada y media de diámetro cada una aproximadamente, y con mangos que varían de dos a tres pies de largo. Dos hombres de frente, uno en medio de los rieles y otro fuera de ellos, van golpeando el mismo clavo hasta que sujeta bien durmiente y riel. Es muy difícil espaikar (clavar) y el pago de los más raquíticos.

"Los que pueden martillear volteando el martillo por sobre los dos hombres, "se las recargan"

"¡A mí me dieron de mamar a los dos lados!"

"Échenme un gallo de Texas para éste pollo de Jalisco."

-Tastas, tas tas, tas tas tas,, tas, tas, tas tas…

-Y el mayordomo nos urge: ¡Come on boys, come on!"

Sobre el ruido de martillear y de las conversaciones, se levanta el cantar de alguno: "¡Hay mexicanos ingratos/ no manchen el pabellón:/ no vengan a vender tamales/ por no pizcar algodón!"

Por la pluma nacionalista y ágil de don Fermín, van pasando algunos personajes del campamento como Antonio Romero a quien apodan "Carranza" por ser lampiño, Carpio Vela "El Jugativo" el español Vicente Barrera "Coño" porque dicharachero y fanfarrón, intercala la palabra "coño" entre cada frase.

La trama es sencilla y sin complicaciones. Un pequeño grupo se pone de acuerdo para robarle a Carranza, doscientos cuarenta dólares ahorrados con el sudor de todo su cuerpo y que guarda cuidadosamente envueltos en un trapo prendido del interior del bolsillo con un alfiler de seguridad y de noche al acostarse debajo de su cabecera. El robo lo hacen con facilidad, simulando una discusión para distraer a "Carranza", pero una vez efectuado, su conciencia no los deja dormir por las noches, por lo que deciden esquilmar al español invitándolo a jugar cartas y dados para juntar la cantidad robada a "Carranza", utilizando cartas marcadas y dedos cargados, lo cual les resulta fácil y devuelven la cantidad hurtada con lo que vuelve la tranquilidad a sus conciencias y pueden dormir a sus anchas, y "Carranza" regresar al "terrenazo" ("la patria") con el dinero ahorrado, tal vez para gastarlo en cantinas, amigos y parientes en corto tiempo.

Hay que añadir que don Fermín además de industrial y cuentista, fue benefactor del Instituto y Universidad Juárez. Recuerdo que en el salón del edificio central, planta alta, en el que nos impartía trigonometría el licenciado Joaquín Soria, había una placa en todo lo alto de la entrada, que llevaba el nombre de don Fermín y que en el interior podían admirarse una serie de aparatos de física donados por él, una y otros desaparecidos por alguna administración ingrata o indolente.

Industriales como don Fermín, hacen falta a Durango y a México. "Mi chinita ya no llores

ya ni muelas el nixtamal,/ vámonos pa´l otro lado/ que allá vamos a gozaaar!"

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