El laberinto de la vida

Kiosko

Esta infinita realidad nos muestra los fallidos genios que han roto la rutina y en su lapso cultivan pensamientos que destruyen enigmas ancestrales, el otro lado de las mentes que comunes se borran de los hombres, ese imposible pensar que no tenemos, esos lenguajes de signos indescifrables que mitigan la sed de aprender más.

El cerebro materia como todo, rebelde de resentir de la mundana esencia de ser hombre, se sujeta al enigma, se encierra en los porqué que a diario van surgiendo, es imposible que seamos únicos en esta inmensidad de cuerpos, esa fuerza de energía insoluble que ni siquiera imaginamos, solo ellos distinguieron que algo cruza en el laberinto de la vida, en la verdad que nos acepta, leyes que aún no se han escrito.

Tal vez en algún siglo donde el oído y los ojos con sensibles ecos se descubran como una disección, lo que dicen entre líneas los poemas, a veces tristes, otras santos, llevan mensajes de seres superiores que trabajan seduciendo neuronas para que den en flores invisibles que describan el porqué de la vida o de la muerte. Dos mundos, en uno el camino es todo lo que va diciendo el tiempo y entre el nacer al morir es intermedio, tal vez de lo que venga luego sea la clave que oculta la materia; nadie de la tumba ha retornado para decir cual profeta en reciclaje, la verdad que se esconde tras la muerte.

Porque esto que llamamos vida no puede terminar en un instante, el alma, cosa inexplicable como cumbre de evoluciones de la vida tiene que seguir. Muchas doctrinas nos dan pocas luces que se extinguen cuando la tierra o lumbre con su fuerza total oculta todo.

Siento el sudor correr por todo el cuerpo, en medio del estudio donde moran todas mis ilusiones, las muchas se alejaron dejándome tan solo un lienzo percudido donde mi nombre se resguarda, como el astro se esconde tras las montañas después de calentarnos el impulso, así estoy pensando a hurtadillas de los rayos inclinados de un sol de noviembre. Quien soy y mi recuerdo en dónde marchitó, soy vana esencia que se pudre, silentes congojas dan con mi ego en medio de enorme laberinto que conduce el vivir, roto en mil añicos.

Navego entre el océano de mi nada, impulsando mis remos con nostalgias entre los abecedarios olvidados, se traban y se anegan. Hay tormentas y borrascas que cubren el despertar de un nuevo día...

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