José Rubén Romero y la buena vecindad entre los países

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José Rubén Romero, uno de nuestros mejores escritores costumbristas, nació en Cotija de la Paz, Michoacán, el 25 de septiembre del año de 1890, destacándose desde su juventud en la poesía y en la literatura, lo mismo que en el maderismo. En su novelística destaca Apuntes de un lugareño, Desbandada, El pueblo inocente, Rosenda, Una vez fui rico, Mi caballo, mi perro y mi rifle y la que le daría fama imperecedera: La vida inútil de Pito Pérez, misma que fue llevada tres veces a la pantalla grande protagonizada por Medel, Tin Tán e Ignacio López Tarso. En 1921 incursiona en la Secretaría de Relaciones Exteriores. siendo Cónsul General de México en España, Embajador de México en Brasil y Embajador de México en Cuba, posesión ésta de donde es retirado por haber pronunciado un discurso en defensa de las naciones americanas frente al poderío gringo.

Por esos años, se desempeñaba como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica el político y abogado Franklin D. Rooselvet, quien lo fue desde 1933 hasta su muerte en 1945, siendo el único que ganó cuatro elecciones presidenciales por el partido Republicano, en toda la historia del país vecino.

Pues bien, Rooselvet que ha sido indudablemente uno de los mejores presidentes de la nación vecina, dirigió al Congreso de los Estados Unidos el 6 de enero de 1941, lo que fue conocido como el discurso de las cuatro libertades, porque en él proclamaba para el mundo la libertad de expresión, la libertad religiosa, la libertad de vivir sin penuria y la libertad de vivir sin miedo, lo que revela su buena intención. De estas cuatro libertades las dos primeras pudieran haber logrado cierta vigencia, pero las dos últimas de ninguna manera, esto es, la libertad de vivir si penuria y la libertad de vivir sin miedo, pues cada vez es mayor el número de pobres en el mundo y mayor el peligro nuclear así como el terrorismo que llena de sangre las pantallas de los noticieros y las páginas de los rotativos.

Pues bien, Rooselvet, revela también su buena intención, cuando en 1933 a 1945, instrumenta la política de la buena vecindad con América Latina, particularmente con México, procurando aliviar las heridas que había abierto el poderío norteamericano y sus intervenciones, como cuando a principios del siglo XX, invadió Cuba, Haití, Panamá, República Dominica y Nicaragua y como consecuencia de las cuales nos arrebató más de la mitad de nuestro territorio y nos invadió en dos ocasiones; 1847 y 1914, marcan esa infamias.

Como resultado de las buenas intenciones de Rooselvet, se llegó a hablar reiteradamente de la buena vecindad de México Y Estados Unidos de Norteamérica.

De José Rubén Romero, quien tenía la chispa del ingenio, se cuentan gran cantidad de anécdotas, a cual más de graciosas y divertidas, siendo una de ellas la que le costó su trabajo en la diplomacia y que es la siguiente, que tiene que ver con aquello de la buena vecindad.

Interrogado José Rubén Romero, por la prensa, sobre lo cierto de esa buena vecindad entre Estados Unidos y México, él contestó de inmediato que desde luego existía la buena vecindad, puesto que nosotros éramos los buenos y ellos los vecinos.

Me extraña que nadie trajera a cuento esta certera anécdota de José Rubén Romero, a propósito de los tiempos difíciles que estamos viviendo con el sociópata de Donald Trump, que es el presidente más loco que ha tenido el imperio del Norte, un verdadero chivo en cristalería.

Entre otras cosas, Trump ha resultado un mentiroso terrible, por lo que no se puede tratar con él, pues cualquier trato que hace lo desmiente o lo traiciona en el siguiente momento, siendo su última engañifa el haber establecido en la conversación telefónica con Peña Nieto, el compromiso de no hablar del muro ignominioso sino hasta después de un próximo encuentro. No pasaron muchos días y hay lo tenemos prepotente y exultante hablando ante las cámaras de televisión de la planeación del muro y de que México deberá pagar por su construcción.

La agresividad enfebrecida de Trump, en contra de los mexicanos será su ruina y su debacle. Su torpeza, su ignorancia y su locura lo llevarán a su aislamiento y perjudicarán gravemente a los mismos Estados Unidos. El mayor peligro para los norteamericanos, no son los musulmanes, es el mismísimo Trump.

A unos cuantos días, ya ha abierto frentes con más de cuarenta países, incluso con el Papado, además de frentes internos como con el Poder Judicial.

A no dudar, este presidente tuitero, que a través de ese medio gobierna preferentemente y entabla polémicas con artistas que no le son afines como con Madonna a quien llama cochina, tiene los días o los meses contados en la permanencia del poder, pues lo ha enloquecido a niveles mundiales nunca imaginados. Daría risa, si no fuera altamente peligroso.

Entre tanto, nunca como ahora alcanzan vigencia las palabras de José Rubén Romero: Si existe la buena vecindad, "nosotros somos los buenos y ellos son los vecinos."

Finalmente una pregunta se impone: ¿Se habrán dado cuenta los países de América Latina, que el muro de la ignominia no es nada más frente a México, sino también frente a ellos?

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