La educación mexicana del nuevo siglo

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Con bombo y platillo, como coloquialmente se dice, en días recientes fue presentada por Aurelio Nuño, Secretario de Educación Pública, apadrinado por el mismo presidente de la República Enrique Peña Nieto, lo que llamaron, o que les dio por llamar “La revolución educativa más importante en casi un siglo.”

Se dijo que no se podía condenar a estudiantes a un sistema del siglo pasado y que ella nos pondría en la ruta de tener mejores escuelas y mejores contenidos. Que el aprendizaje estará por encima de la memorización. Sentenció Nuño que en la aplicación del nuevo esquema, no habrá concesiones políticas. Esta sentencia lleva la confesión implícita de que en anteriores esquemas si se habían tenido concesiones políticas, lo cual es visible por los ciudadanos de a pie, vía sindicato oficial o vía sindicalismo independiente.

Por su parte Peña Nieto, dijo que se trata de tener una educación para fomentar la libertad, alentar la creatividad para vivir en un ambiente de justicia y paz. Además que se promoverá la enseñanza interactiva, el pensamiento crítico, la creatividad y la investigación y el aprendizaje personalizado.

Se consideró también que la transformación educativa llevará tiempo, pero que en ella los alumnos aprenderán a reflexionar, a discernir, a resolver los problemas de su entorno y a aprender a aprender.

Todo ello en un marco formado por gobernadores, dirigentes magisteriales, especialistas en educación, autoridades del ramo, maestros y algunos alumnos, que sirvió para que Peña Nieto expusiera los cinco puntos cardinales de los cambios en el sistema educativo, a saber: destacar el aprendizaje de los estudiantes por encima de la memorización, ubicar a la escuela en el centro de la transformación educativa, asegurar equidad e inclusión en el sistema, dar prioridad a la participación de todos los actores involucrados en la enseñanza y fortalecer la información y desarrollo de los docentes.

Si mal no entiendo, se trata de pasar de la enseñanza verbalista o memorista a la enseñanza activa, con el fin de que el estudiante ya no sea objeto sino sujeto del sistema educativo.

De 1971 a 1973, gocé el privilegio de cursar el doctorado en derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. En ella tuve compañeros de distintos Estados de la República y de varios países extranjeros, tales como chilenos, peruanos, venezolanos, panameños, colombianos, etc., lo que bien habla del prestigio internacional de la UNAM.

Como parte de los estudios de posgrado, figuran los estudios de maestría, que tienen por objeto formar maestros en derecho, así como la especialidad que busca profundizar en alguna aérea del conocimiento jurídico (en mi caso constitucional) y específicamente el doctorado que persigue una buena formación en la filosofía del derecho.

Para los fines de la presente reflexión, me referiré nada más a los estudios de maestría, dejando los estudios de especialidad y doctorado para otras ocasiones.

De la maestría recuerdo las materias de Teoría pedagógica y Técnica de la enseñanza del derecho y de los maestros particularmente a Fernando Flores García y a Edmundo Escobar.

Fernando Flores García, era por aquel entonces diligente director de la Revista de la Facultad de Derecho y autor de artículos como “Enseñanza del derecho procesal.” Edmundo Escobar era autor de un libro intitulado Nuevas aportaciones a la pedagogía del derecho.

Nos servían también de importante apoyo las obras de Francisco Larroyo Historia general de la pedagogía y Pedagogía de la Enseñanza superior, así como el libro de Rafael de Pina Pedagogía universitaria; al igual que la obra de Lucio Mendieta y Núñez Historia de la Facultad de Derecho, y no se diga las reflexiones de Héctor Fix-Zamudio sobre la investigación jurídica. Lo mismo que la obra de Leoncio Lara Sáenz La organización jurídica de la enseñanza superior en México.

En tratándose de la literatura extranjera, pude abrevar en Educación y desarrollo de José Medina Echavarría, El estudiante de Jules Michelet, Iniciación a la abogacía de Molierac, Misión de la universidad de José Ortega y Gasset, Universidad y educación de Pedro Henríquez Ureña, Universidad y enseñanza del derecho de Humberto E. Ricord, Una nueva universidad para América Latina de Luis Sherz García, Estudiantes sin maestro de Harlod Taylor, La enseñanza del derecho de Jorge Witker, Pedagogía del oprimido, La educación como práctica de la libertad y Pedagogía de la autonomía (se aconseja a las autoridades universitarias no leer esta última obra por carecer absolutamente de autonomía) de Paulo Freire.

Para el caso que nos ocupa mención especial merecen las obras del brasileño Paulo Freire, toda vez que en Pedagogía del oprimido, hace una magistral y contundente crítica a la enseñanza verbalista, magistral o memorista, a la que llama educación bancaria porque el maestro se limita a hacer depósitos de conocimientos en la mente de los educandos para que los memoricen y guarden, y después en los exámenes retirar esos depósitos, toda vez que el alumno estudia para los exámenes y pocos días después olvida los conocimientos que guardó memorizados.

Freire señala como características negativas de esta educación bancaria las siguientes: el educador es quien educa, el estudiante el que es educado; el educador es quien sabe, los estudiantes los que no saben; el educador es quien piensa; los estudiantes los objetos pensados; el educador es quien habla, los estudiantes quienes escuchan dócilmente; el educador es quien disciplina, los estudiantes los disciplinados; el educador es quien prescribe, los estudiantes quienes siguen la prescripción; el educador es quien actúa, los estudiantes quienes tienen la ilusión de que actúan; el educador es quien impone los contenidos programáticos, los estudiantes a los que jamás se escucha se acomodan a él; el educador identifica la autoridad del saber con su autoridad funcional la que opone antagónicamente a los estudiantes y el educador es el sujeto del proceso educativo, los estudiantes meros objetos.

Con todo lo anterior quiero decir que la reforma educativa que hoy proponen Peña Nieto y Nuño, ya se hablaba de ella desde los años setenta del siglo pasado, es decir desde hace cuarenta y siete años, y poco se ha hecho, a tal grado que puede decirse que la educación memorista sigue imperando en las aulas mexicanas desde preescolar hasta el posgrado, o sea, que llevamos prácticamente medio siglo de atraso. Eso de aprender a aprender, también es de muy antigua data.

No descubro el hilo negro, si digo que para implementar las reformas que proponen Peña Nieto y Nuño, se necesita modificación de las aulas, equipos nuevos y actualización de los docentes, lo que llevará tiempo, en una nada más, mucho más de los diez años que considera Peña Nieto.

Es fácilmente comprensible que en el sistema actual, no puede florecer un sistema educativo vigoroso, que termine con el esquema vertical de la educación y culmine con hacer del educador también un educando y del educando un educador, mediante el diálogo, pues como bien lo dice Paulo Freire, los hombres no se educan en el silencio, ni tampoco aislados, sino en comunión. Si ya esperamos medio siglo, que más nos da esperar otro medio siglo.

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