Tejamen, un pueblo rulfiano en Durango

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Antes venía más gente, dice el anciano sentado en la piedra de la tiendita, mientras detiene su mirada en la calle principal del pueblo. O tal vez esté viendo al grupo de judíos que descansan bajo la sombra de un árbol, representado por voluntarios y simpáticos muchachos, que no deben pronunciar palabra desde el miércoles. Llevan la cara pintada de negro por el hollín untado con manteca. También se distinguen por el paliacate que llevan en la cabeza y una especie de vestuario hecho de manta. Sobresalen igualmente sus oscuros lentes de gota.

Falta poco para la Adoración de la Cruz en Tejamen. Es un Viernes Santo lleno de luz por el alto cielo y por la llama viva de la fe en Cristo. Apenas se siente el aire tibio del mediodía. Aquí soy muy feliz, continúa aquel hombre de huaraches campesinos. Irse para el otro lado...es pura esclavitud (lo dice cuando pasan cerca varias camionetas con placas de Colorado y Arizona). Nosotros no dejamos de fijarnos en la fachada de la pequeña iglesia, en el sencillo y descarapelado arco de la entrada y en el reloj de sol que lo acompaña a unos metros. Otro lugareño recordaba cosas suyas que ligaban la plática a las tradiciones de la comunidad. Enmedio de su pobreza llevada con esperanza, suponen que el año será bueno. Ójala que siempre lloviera en marzo, sentencian. Y se alegran.

Tienes que ir a allá, es como meterse en el pueblo fantasmal de Rulfo, me aconsejaba hace años una amistad. Y tenía razón. La primera vez que fuimos mi esposa Maricarmen y yo a Tejamen -después de dos horas por carretera, pasando por Nuevo Ideal y contando alrededor de veinte minutos por terracería apenas si encontramos señales de vida. Imposible no fijarse entonces en la serie de casonas viejas (la belleza del adobe tiene tanto de nostalgia) con marcos de cantera a las que no les faltaban trabajos más elaborados, testigos auténticos de su esplendor antiguo. Por supuesto que Juan Preciado pudo haber caminado por estas calles vacías (“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”). La iglesia sola, el polvo suave que levanta el viento, metiéndose por puertas y ventanas. (“Ahora estaba aquí, en este pueblo sin ruidos. Oía caer mis pisadas sobre las piedras redondas con que estaban empedradas las calles. Mis pisadas huecas, repitiendo su sonido en el eco de las paredes teñidas por el sol del atardecer”). Avanzamos hasta el fondo, y hallamos ahora sí, una pareja de enamorados recargada en una cerca, ¿también casualidad?, como aquellos últimos sobrevivientes de la inmortal novela mexicana (“Yo le quise decir que la vida nos había juntado, acorralándonos y puesto uno junto al otro. Estábamos tan solos aquí, que los únicos éramos nosotros. Y de algún modo había que poblar al pueblo”). Soledad que llega de verdad al alma. Volveríamos.

El Viacrucis convocó a todos. El doloroso recorrido junto a los hondos sentimientos colectivos. El sacrificio de Jesús renovaba la profunda religiosidad de los fieles. Sin que faltaran, evidentemente, el puesto donde vendían duritos de harina con verdura, la nieve de sabores, los mangos con chile, los algodones de azúcar y el brincolín para los niños.

Cuentan que la cruz reverdecía, seguíamos oyendo a los mismos vecinos. Y es que se trataba de la rama de un árbol de esas montañas. De una sola pieza. Fue la que le quedó a Nuestro Señor…porque le habían hecho varias de madera, carpinteros de varias partes, y ninguna le había servido. Luego la pintaron y ya quedó así como se ve. Después del insólito movimiento matutino, nos encontramos en un compás de espera. Barren el recinto religioso, llega media docena de familias a rezar. Nosotros también entramos. Las imágenes religiosas están cubiertas, de acuerdo a la costumbre católica. Impresiona el hermoso rostro de Cristo, la proporción del cuerpo, la unidad del Hijo de Dios con su Cruz. Observamos en una pared el pliego de cartoncillo con el Sagrado Triduo Pascual: Jueves Santo. Misa de la Cena del Señor. Visita de los 7 Altares. Hora Santa. Exposición del Santísimo. Viernes Santo.

Adoración de la Santa Cruz. 7 palabras. Rosario de pésame. Sábado Santo. Solemne Vigilia Pascual de Resurrección. Misa. Con sus horarios correspondientes.

Aprovechamos asimismo la pausa para conocer la presa. Caminamos de cuatrocientos a quinientos metros adentro. Cada vez escuchábamos mejor el rumor del agua lavando las rocas en su recorrido. Por el sendero, a los costados, la gente se reunía en pequeños grupos para comer. Un buen número de niños se bañaban, dándole un toque de algarabía al ambiente familiar. Grandes alisos, cuyas hojas resplandecían de verde a esa hora, nos guíaron hasta el puentecito anaranjado próximo al embalse. No todo ha sido abandono. Las autoridades gubernamentales han dotado a la región de una importante obra hidráulica –orgullo de los ingenieros y albañiles de Durango- que mantiene a los pueblos y las rancherías en la búsqueda de su desarrollo comunitario. Agua surtidora de beneficios, regalo de nubes, frescura que anima sueños y proyectos de trabajo. El vertedero de demasías era un espejo que dibujaba ondas súbitas de transparencias. Bálsamo milagroso para Tejamen.

Regresamos al caserío. Al vernos tomar fotografías y echar mano de la libreta de apuntes, Octaviano, el amable interlocutor de la judería, nos pedía: Estaría bien que se mejorara la torre de la iglesia. Con las cooperaciones no se alcanza. Lo cierto es que se requiere mucho más. No obstante que hay personas que por diversos medios han urgido a las autoridades a que se atienda el potencial del pueblo, no se advierte un proyecto de rescate integral (arquitectónico, histórico, turístico y cultural). Un plan que debería incluir, en principio, los siguientes puntos de ejecución: I. Reconstrucción de su infraestructura principal (la iglesia, las casas históricas, la residencia del nacimiento del ilustre Felipe Pescador, las placitas, sin olvidar la valoración de los vestigios de sus minas, etc. (por ejemplo, en contra esquina del propio recinto eclesiástico se encuentra otra espléndida residencia, con dos balconcitos, que vale la pena restaurar, y dedicarla a una digna Casa de la Cultura, ¿por qué no? ¿qué esperan, en suma, las autoridades del municipio para actuar? ¿a que se acaben de caer los edificios?). II. Se requiere precisar su historia, mediante el acopio de documentación más rigurosa. III. Es necesario rescatar también sus leyendas y relatos orales. IV. Se debe incluir al sitio dentro de las rutas turísticas de la entidad. V. Es fundamental llevar a cabo una serie de publicaciones con fotografías y textos alusivos a la riqueza patrimonial del lugar. VI. La información recabada se podría difundir luego en una página electrónica especial. Entre otras consideraciones, que al final serán visibles en un mejor avance económico y social. Será imprescindible reunir más esfuerzos con tales propósitos; hay personas que ya lo han intentado, pero que lamentablemente se han quedado a medio camino, con todo y sus buenas y nobles intenciones. Tejamen, ese maravilloso tesoro por recuperar, ya no puede esperar más.

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