Francisco Zarco a través de los libros

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La más o menos reciente publicación de Escritos sobre la libertad de prensa. Francisco Zarco (Conaculta, 2013), junto con algunas otras obras asimismo próximas en el tiempo, es un buen motivo –como si faltaran razones para tener siempre en cuenta al ilustre durangueño– para también detenerse, eso sí, con una mirada más abarcadora y con renovado interés a su importante legado periodístico y literario, trascendente sumario e impronta intelectual en la historia de México. El libro por cierto se cierra con un magnífico texto de Miguel Ángel Granados Chapa, no hace mucho fallecido, y quien fue uno de los analistas más seguidos en los medios de comunicación de las últimas tres décadas.

Al volumen que ahora nos ocupa lo integra una serie de artículos y ensayos que van desde las labores de la prensa, hasta el comentario sobre las propias leyes que las protegen y, ante todo, que les dan sustento en una sociedad en vías democráticas, recorriendo –por así decirlo- en las situaciones inmediatas de periódicos que marcarán su tiempo: El Demócrata y El Siglo Diez y Nueve.

De entrada sorprende la vigencia de los ideales de Zarco, su sólida formación humanística, lo que le permite al final y en cada uno de sus entregas plasmar sus preclaras reflexiones en una prosa diáfana, como un río de aguas transparentes. Dice, por ejemplo, en uno de sus más citados artículos, “Libertad de imprenta”: “Entre esos inventos útiles a la humanidad ocupa sin duda el lugar más eminente el arte sublime de la imprenta, porque consiguió dar vida a la inteligencia, derramar el pensamiento y arrancar del olvido las producciones del genio.” Y sus páginas, en un libro que de verdad no tiene ningún desperdició y sí muchas y variadas lecciones de coraje cívico y moral, nos llevan por los más diversos climas emocionales, incluido –por supuesto- el humorístico. Aquí apunto el divertido “Meditación filosófica-poética-periodística-política trascendental. Vacilaciones.¿Qué seremos?” Un tono espléndido, igualmente de aire fresco para una incipiente y rígida clase sociopolítica.

Otra buena selección la constituye “La causa republicana” (Cámara de Diputados, 2012), que recoge entre otras muestras los textos “La intervención extranjera”, “El arreglo con Inglaterra” y “La expulsión de los franceses”. Esta edición, en la que destacan sus ilustrativas notas a pie de página, incluye el discurso capital del “Manifiesto del Congreso Constituyente de la Nación”, en el que la elocuencia de Zarco, escogido como redactor y lector en voz alta, da testimonio de la promulgación de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, sancionada y jurada por el Congreso General Constituyente el día 5 de febrero de 1857”. Nada mejor que remitir al propio discurso, lleno de horizontes y en esas horas en que resurgía la patria: “Mexicanos: Queda hoy cumplida la gran promesa dela regeneradora revolución de Ayutla, de volver al país al orden constitucional. Queda satisfecha esta noble exigencia de los pueblos, tan enérgicamente expresada por ellos cuando se alzaron a quebrantar el yugo del más ominoso”.

Con un breve prólogo de Andrés Manuel López Obrador, dos veces candidato a la presidencia de la República por las izquierdas, y mediante una semblanza firmada por Ignacio Marván Laborde acerca de nuestro personaje histórico, “Francisco Zarco y el Distrito Federal” (Gobierno del Distrito Federal. 2001) se añade a esta importante colección. El tratamiento de enfermedades en los hospitales, las Ordenanzas municipales, Estatutos, el municipio libre, las rentas propias y las elecciones en la ciudad de México, son algunos de los asuntos que recupera este volumen. Sin dejar de lado, claro está, las condiciones de la capital del país en los sucesos fundamentales de devenir nacional.

Por su parte al politólogo José Woldenberg se le debe la selección –más extensa que las ya referidas- y el prólogo de Francisco Zarco (Ediciones Cal y arena, 1996) en el conjunto Los Imprescindibles. Las hojas introductorias a la compilación son algunas de las mejores que se han dedicado al reconocido durangueño. Dan cuenta de una inteligente admiración. Si la claridad del estilo recuerdan las de Enrique Krauze a propósito (“La virtud de Zarco”, Mexicanos eminentes, Tusquets, 1999), por su contenido se vincula a otra obra no menos meritoria, aunque si ya más distante: Francisco Zarco. Escritos literarios, preparada por René Avilés (Porrúa, 1980), que sigue siendo, evidentemente, mi preferida.

Así, Woldenberg se detiene en más aristas. Por lo mismo, creo que la larga cita es oportuna: “Francisco Zarco nace en Durango el 4 de diciembre de 1829. El país recientemente se ha independizado y la construcción de un Estado y un orden público dignos de tales nombres son las coordenadas maestras que explican los planteamientos y la acción de los políticos y estadistas de entonces […] Su fructífera y abundante tarea periodística empieza temprano. En 1849 inicia sus colaboraciones en El Álbum Mexicano y en 1850 publica en El Demócrata, desde donde critica con fuerza el gobierno de Mariano Arista. Por ello es encarcelado […]Libre, ejerce su vocación de periodista encargándose de comentar no solamente los asuntos políticos, sociales y económicos, sino que además se adentra en el periodismo sarcástico, la recreación de costumbres, la crónica de acontecimientos, las reseñas sobre lugares, el teatro y hasta la moda […] Zarco llega al Congreso Constituyente de 1856 como representante de Durango. Se encuentra en pleno dominio de sus dotes como orador, pero sobre todo como periodista, capaz de dar fe de la “miga” de los debates. Se compromete a realizar una crónica de las sesiones del Congreso que debe ser publicada en El Siglo Diez y Nueve, y que con posteridad integrará en su Historia del Congreso Constituyente de 1857”. Que los párrafos anteriores sirvan entonces para incentivar la lectura completa de texto de referencia.

El compendio de los libros reseñados subraya –casi en todos- su deuda con las Obras completas de Francisco Zarco, los veinte volúmenes publicados entre 1989 y 1995, de Boris Rosen Jélomer, por el Centro de Investigación Científica Ing. Jorge L. Tamayo A.C., obras que se pueden consultar, dicho sea de paso, en la Biblioteca Pública Central del Estado Lic. José Ignacio Gallegos Caballero.

Y no sería justo cerrar el presente artículo sin mencionar que en fecha más o menos cercana apareció, entre nosotros, la reedición del libro Homenaje a Francisco Zarco, 1829, 1979 (Iced, 2011), del recordable Raúl Vázquez Galindo, quien fue el mejor difusor de la herencia de Zarco en Durango (incluso dedicó varios poemas exaltando su figura e investigó y defendió el día 3 de diciembre como el verdadero día nacimiento de Zarco, contra la generalidad de las biografías sobre el tema). También sería interesante releer un dramático y a la vez curioso trabajo de la autoría del Lic. Héctor Palencia Alonso: “El cadáver insepulto de Francisco Zarco” (Iced, 2002). Me llama igualmente la atención, apunto para finalizar, un olvido que merece remediarse con otra nueva edición: El estudio Francisco Zarco. El Portavoz Liberal de la Reforma, de Raymond C. Wheat, publicado por Porrúa en 1957 con una traducción de Antonio Castro Leal.

Tengo la seguridad de que quien se acerque a los libros antes mencionados, a tanta enseñanza y hallazgos, podrá reencontrase con una obra que mantiene su vitalidad a través del tiempo. Y eso tal vez nos permita a los durangueños del siglo XXI, cada vez que pasemos frente al hermoso Parque Guadiana, ver el monumento a Francisco Zarco con una mirada más agradecida, más libre, al mayor defensor de la palabra periodística de la historia nacional.

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