Prisión y fuga de Francisco Villa

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TERCERA Y ÚLTIMA PARTE

¡Fúguese General!, insistía el escribiente Carlos Jáuregui al general Villa, a quien le hizo ver, que le ayudaría a pesar de que la prisión estaba bien vigilada y que sus muros eran muy altos y gruesos, con un plan que ya tenía perfectamente preparado. El citado Jáuregui tenía la ventaja de que era la persona que abría los juzgados para que hicieran la limpieza, antes de que llegase el juez, y además podía ser el último en salir con el pretexto de arreglar algún expediente

Para lo cual tendría tiempo suficiente para llevar a cabo su plan que en principios se reducía a limar algunas de los barrotes de las rejas que separaban los juzgados con el interior de la prisión. El plan de Jáuregui, era trabajar en el limado de los barrotes, poco a poco y el desgaste lo iría cubriendo con algún pedazo de chicle o algún otro tipo de pasta, ennegrecida. Villa, aún con cierta desconfianza, proporcionó 50 pesos que Jáuregui le solicitó, para comprar algunas limas, con las que trabajaría en su plan en los siguientes días. La mayor parte del contenido de este relato es obra de don Luis Aguirre Benavides.

Después de algunas semanas de arduo trabajo de limado por parte de Jáuregui, el escenario de la fuga estaba listo, quien además había provisto a Villa de un par de pistolas fáciles de ocultar y se convino que a las tres de la tarde de cierto día, se verían en los juzgados para consumar la huida. En su momento del día convenido, Villa solicitó permiso a un teniente coronel que vigilaba los pasillos que llevaban de la prisión a los juzgados para hacer alguna observación al juez. Por la familiaridad que les representaba la presencia de Villa, los demás centinelas no repararon en sospecha alguna y Villa pudo llegar hasta la reja de los juzgados. Villa ante una señal y la mirada de Jáuregui, logró desprender los barrotes limados de la reja y ya frente a él, nos dice don Luis Aguirre, que Villa le dijo: "Aquí llevo las pistolas, si esto es una celada le costará la vida, muchachito, porque usted será el primero que mato", a lo que el interpelado le contestó: "No, general, soy leal, le debo muchos favores, si nos sorprenden nos mataría a los dos, yo no voy armado" y en seguida le entregó un paletó nuevo y de buen corte, un sombrero tipo bombín y unos anteojos obscuros. "póngaselos y vámonos". Eran las tres de la tarde del 25 de diciembre de 1912, día festivo en que casi ninguno de los empleados asistía a sus labores. Ambos personajes se dirigieron a la puerta de salida a la calle, Villa llevaba una mano en el bolsillo y con la otra sostenía un pañuelo en la nariz, para ocultar la cara lo más posible, para ello Villa también se había rasurado el bigote. Ni a soldados ni a oficiales les llamó la atención la salida de aquellos "elegantes" señores de los juzgados.

La noticia de la fuga del general Villa se dio el día siguiente 26 de diciembre, sobre ella, A. Taracena nos presenta el siguiente testimonio: "Con la ayuda de un empleado de uno de los juzgados, Carlos Jáuregui, huye el general Francisco Villa de la prisión militar de Santiago y abordó un automóvil que le conduce fuera de la ciudad. Va vestido con sombrero de bola, rasurado el bigote y envuelto en capa española".

Villa y Jáuregui, se dirigieron a la plaza de Santiago Tlatelolco, en donde los esperaba un automóvil, contratado previamente por el escribiente y tomaron el rumbo de Toluca, sin que el chofer estuviese enterado de la clase de pasajeros que trasportaba. Se dice, que allí se realizó una estrecha amistad, en la que Villa entregó a su colaborador $3,000.00 pesos para que ayudase a su familia.

En el camino a Toluca, los fugitivos fueron revisados en varias ocasiones por los retenes federales, sin ser descubiertos en su proyecto, por no tener aún noticias de la fuga. En Toluca pernoctaron en una casa de huéspedes del centro de la población. Dicha hospedería era atendida por unas señoras, quienes les aseguraron que el lugar era muy seguro y que ello lo podían verificar con un mayor del ejército que allí se hospedaba. Con aquella noticia, Villa se abstuvo de salir de la habitación y Jáuregui se encargó de llevar los alimentos de esa noche. Otro día muy temprano se fueron a pié a Palmillas y en esa estación tomaron un tren hasta las cercanías de Celaya, a donde llegaron en el trascurso de la tarde, temerosos siempre de las revisiones que los militares ocasionalmente realizaban en los carros del ferrocarril. Esa noche en Celaya, por no haberse bajado en la estación, sino en un lugar cercano, se fueron al centro en donde fueron interceptados por un policía, y solo le dijeron que eran simples viajeros que habían llegado esa tarde en el tren; después se dirigieron a la estación y muy temprano tomaron el ferrocarril, que los llevaría hasta Guadalajara, y de allí siguieron al puerto de Manzanillo, en donde abordaron el vapor "Benito Juárez" (Taracena menciona que el vapor se llamaba "Ramón Corral") y tratarían de alcanzar Mazatlán lo más pronto posible. Para mala suerte de los fugitivos, en el miso vapor que tomaron en Manzanillo, iba un antiguo y "peligroso" conocido de Villa, José Delgado, que había sido telegrafista al servicio directo del cuartel del general Huerta. Además los viajeros tendrían que hacer la travesía sobre cubierta por no haber encontrado camarote disponible. Villa se inquietó por la presencia de Delgado, pero fingiendo alguna enfermedad lograron, mediante algún dinero proporcionado a un empleado, que un joven estudiante les cediera su camarote, lo que vino a tranquilizar en algo a los viajeros. Sin embargo, aún les quedaba la rigurosa inspección sanitaria que se haría en Mazatlán a uno por uno de los pasajeros. Sin embargo y como siempre el dinero les solucionó el problema, y ofrecieron al mismo empleado de la embarcación que les había conseguido el camarote, para que los médicos no notasen la ausencia del "enfermo". Jáuregui pudo desembarcar antes que Villa y contrató los servicios de una lancha de gasolina, para que ocupara el lugar de los lanchones de desembarco, porque en Mazatlán los barcos no llegaban hasta el muelle, y era la forma de trasladar a los pasajeros del buque hacia el citado muelle, y fue así como llegaron al puerto de Mazatlán. Allí se enteraron de que Delgado se dirigía a Hermosillo, para ocupar la dirección de los telégrafos de dicha ciudad. La urgencia de Villa y acompañante era llegar a la frontera lo más pronto posible, por lo que tuvieron que tomar el mismo tren que Delgado, y ocuparon un reservado del pulman, del que solo salía Jáuregui en busca de alimentos o para cumplir alguna orden del ahora su jefe.

José Delgado dejó el tren en Hermosillo y los prófugos siguieron hasta Nogales, de donde pasaron a la población del mismo nombre en territorio de los Estados Unidos. La noticia, nos la presenta Taracena: "4 de enero de 1913. Llega hoy el general Francisco Villa a El Paso, Texas, después de estar huyendo por Toluca y Guadalajara, hasta llegar a Manzanillo, donde se embarcó en el vapor "Ramón Corral", que salía hacia Mazatlán; de allí prosiguió a Nogales y se internó en territorio norteamericano." Hasta aquí un recuento de los hechos con el principal testimonio de don Luis Aguirre Benavides.

En sus Memorias, don Luis Aguirre Benavides, nos presenta su muy personal opinión sobre la intervención y comportamiento del joven Jáuregui en la fuga del general Villa de la prisión; aquí sus palabras: "La situación de la modesta burocracia, de la que era miembro Carlos Jáuregui, era en realidad desesperante; sueldos de hambre y exigencias siempre imperiosas de las vida capitalina que solo pueden cubrirse a precios muy altos, y por otra parte el empleado requiere decoro y decencia en su presentación. Además éste comprende que en una burocracia viciada, los superiores no eran precisamente modelos de honradez, y que hasta los más humildes, es decir mozos, barrenderos, etc., encontraban en el desempeño de sus tareas algún medio de obtener dinero del público, por indirectas que con él fueran sus relaciones."

"De este modo, el joven de la clase media entra al desempeño de su primer empleo, repleto el cerebro y corazón de las elevadas teorías morales que escucharon en las escuelas, de las máximas descritas por el profesor asceta o de los labios de la buena madre que cándidamente creen que se practican en la vida. El joven se halla pues en el centro de un contraste rudo: la buena inclinación por una parte y por la otra el grosero aspecto de desmoralización que la rufianesca rapacidad de superiores e inferiores despliegan a viento hinchado, en los viejos empleos de la vida; por otra parte la más aguda necesidad lo excita a imitar el ejemplo. Poco a poco su conciencia se enmohece, sus repugnancias se hacen menos vibrantes y el peculado, el cohecho, la explotación indebida, le abren sus áureas puertas." "Los de arriba son unos bribones, los de abajo se dan la mano con los bandidos, si soy el único honrado, pasaría por… imbécil". "Este razonamiento es el epitafio de la delicadeza de novecientos noventa y nueve empleados por cada mil. El joven ha matado con él su alma de ciudadano, para vivir animado por la de un burócrata digno de la dictadura, igual al de todas ellas." (Luis Aguirre… De Francisco...). Cierro con la siguiente reflexión, también muy personal: como dice un muy gastado adagio popular, "que cualquier semejanza de aquella situación que se presentaba en las oficinas de gobierno de nuestra Patria hace 105 años, y que don Luis Aguirre percibió y palpó perfectamente, con lo que hoy se practica en las mismas oficinas, es mera coincidencia debido no a la casualidad sino a una corrupción institucionalizada desde siempre en nuestro México." Dicho es.

gilparras@yahoo.com.mx www.parrasylalaguna.com


Fuentes:

Aguirre Benavides Luis. De Francisco I. Madero a Francisco Villa. Memorias de un Revolucionario. A. del Bosque .Impresor. México D.F. 1966.

Martín Luis Guzmán. Memorias de Pancho Villa. En Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana. Tomo I. Publemex.S.A. 1966.

Taracena Alfonso. La Verdadera Revolución Mexicana. Primera Etapa. (1901a1913). No.82. Editorial Jus S.A.Mexico.1960.

Gustavo Casasola. Hechos y Hombres de México. 1810-1910. Tomo 1 y 2. Editorial Gustavo Casasola. 1980.

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Villa se rasuró el bigote cuando se fugó de Tlatelolco (Casasola… Hechos y… Tomo 1).
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