María Rosa Fiscal, el arte del retrato literario

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Qué afortunados hemos sido los duranguenses con el regreso a Durango de la escritora María Rosa Fiscal, hace alrededor de tres décadas. Nuestro nivel literario con ella ha alcanzado otra categoría, al conjuntar el rigor académico con la libertad creativa. Porque tales son los dos soportes principales que sostienen toda su obra: el recuento del pasado y la prosa artística.

Y para decir esto, subrayar el privilegio de contar con sus más de trecientas páginas de calidad extraordinaria y -sobre todo- con su fructífera presencia, bastaría con uno solo de sus títulos: "El aroma de la nostalgia. Sabores de Durango", publicado en dos partes, durante 2005 y 2009. Cercano al tratamiento narrativo "Como agua para chocolate" (el recetario de cocina que invoca los recuerdos), de Laura Esquivel, María Rosa nos ha entregado uno de los libros más entrañables de motivaciones durangueñas. Un volumen que, sin duda, ya tiene su lugar junto a otros títulos ya emblemáticos en el acervo local: "Costumbres durangueñas", de Everardo Gámiz; "Bojedades", de Xavier Gómez; e incluso "Durango. Notas de arte", de Francisco de la Maza; sin olvidar los mejores versos dedicados al terruño y sus personajes por nuestros poetas.

En el apartado en donde nos hable de los nopalitos con huevo, la autora, por ejemplo, nos dice: "Acomodados en un autobús ejidal, una soleada mañana de mayo un grupo de amigos nos dispusimos a visitar la Hacienda de San Diego del Milagro del Ojo de Sancho Jiménez, o lo que resta de ella, que abarcaba, en su momento de esplendor, tierras del Malpaís y la Breña. La historia nos recuerda que Sancho Jiménez, uno de los primeros encomenderos asentados en Nombre de Dios, recibió estas tierras como una "merced", de ahí que lleve su nombre. La capilla, sumamente austera, fue construida a principios del siglo dieciocho y es la más antigua que se conserva en el estado de Durango, según afirma el historiador Miguel Vallebueno en su libro Haciendas de Durango. El sol confirma su asistencia, el cielo luce su esplendoroso azul salpicado de nubes blancas y el ánimo de los paseantes crece a medida que nos aproximamos a la carretera a México". Luego, en letra cursiva, seguimos el relato: "La Breña. El Malpaís. Esas misteriosas sierras al noreste de la ciudad de Durango, tapizadas de numerosos conos de piedra negra volcánica sobre las que se han tejido misteriosas historias de forajidos y revolucionarios que se refugiaron en sus cuevas seguros de no ser descubiertos y sin temor a los alacranes y a las serpientes de cascabel". Y más adelante, prosigue la narración, ahora con una acertada ruptura cronológica: "El corazón me da un vuelco. Tengo trece años. Mis hermanos están ahí, mi mamá no ha entrado a la poza y nosotros nadamos bajo la mirada vigilante de mi papá. Es mayo; todavía no caen las primeras lluvias y las aguas deslumbran por su transparencia".

Sirva esta breve muestra para observar lo referido. Belleza expresiva, plan estructural, contextos históricos y diario de viaje, que gradualmente se van acercando al retrato y autorretrato literario, una de las claves fundamentales de las letras de la maestra María Rosa Fiscal.

En efecto, a lo largo de su trayectoria profesional la autora duranguense la trazo una importante galería de pinturas que recrean parte de la historia reciente de Durango, con algunos apuntes, ya lo vimos, hacia nuestros orígenes más remotos. Son sus libros "Perfiles al viento" (2000) y "Tiempo de hablar" (2001) los que dan cuenta de esta importante labor. Hojas de vida que recuerdan, en el primero, a Antonio Gaxiola, Justino Palomares, Cuquita Guerrero Román, Silvestre Revueltas, Nellie Campobello, entre otros de fechas más próximas; y, en el segundo, a don Crescencio González Parra, el inolvidable y modesto bibliotecario de la Casa de la Cultura; Marco Aurelio Casillas, nuestro cultivado en el buen decir Marcello Mastroianni, también dentro de la lista de afectos sentimentales y culturales de la autora.

A estas referencias se deben sumar sus "Historias de vida. 21 mujeres de Durango", publicado en el año 2012. La obra continúa los afanes biográficos de María Rosa, esta vez acentuando su voluntad reiterada por destacar los quehaceres y contribuciones del sexo femenino. Lilia Isáis, Alba del Campo, Irene Arias, Pilar Alanís Quiñones…comparten el espacio con otras mujeres más alejadas en tiempo, si bien igualmente sobresalientes, como la fotógrafa Lupita Valenzuela. Entrelazadas por la memoria de su cronista, uno a uno los retratos se van definiendo en la atención de los lectores, llevados por una escritura que siempre será una lección de claridad.

Infatigable para provecho de sus paisanos que tanto la admiran, hace poco presentó "Naranja dulce, limón partido. Memorias", un repaso existencial que muchos esperábamos con sincero interés, por lo descrito anteriormente. Valió la pena la espera. Nos encontramos a María Rosa en cuerpo y alma: los primeros años, sus estudios, los libros que la han acompañado, sus viajes, su retorno a Durango.

¿Y qué decir de sus investigaciones más estrictamente literarias? "Durango. Una literatura del desarraigo. Narrativa, poesía y ensayo (1829-1990)", (1991), y "Vislumbre. Arte y sociedad en Durango en el siglo XX", ensayo éste incluido en la imprescindible "Historia de Durango", publicación (2013) del Instituto de Investigaciones Históricas de la UJED, son pilares y, por lo mismo, puntos de partida indispensables para trabajos futuros. Su consulta y revisión -y seguramente su complementación- será muy necesaria y por lo demás muy útil.

No es toda su bibliografía. Queda mucho por hacer, reunir las reseñas -verbigracia- que por varios años publicó en la revista "Proceso", además de otros artículos sueltos.

Pero hoy es tiempo de gratitud. Y de desear que María Rosa Fiscal continúe su reencuentro con ella misma, a través de sus conocimientos y de su sensibilidad creadora. Que le aguarden muchos años más, para que sigamos disfrutando de sus conversaciones, de sus llamaditas de atención -como la auténtica profesora que es- y de sus alegres celebraciones cotidianas. Que así sea. (Versión escrita de las palabras en homenaje a María Rosa Fiscal, en la ceremonia de clausura del 5º. Encuentro Internacional de Escritores José Revueltas. Museo Nacional Francisco Villa, 3 de junio de 2017).

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