A propósito de Las travesuras de la niña mala

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Lo he leído por segunda vez esa historia fantástica, nacida de la cosmopolita mente de un joven Mario Vargas Llosa, el peruano ganador del Premio Nobel; es uno de los libros que ha escrito en su madurez como escritor.

Hasta esta lectura llegó a mi mente lo que me ocultó la primera vez. Sí me pusiera literato como en el taller al que asisto desde hace años todos los sábados, diría que hay adelantos y retrocesos, frases conceptuales, una gran oralidad, varios idiomas, una trama emocionante, erotismo, amor, maldad, platonismo, arrepentimientos, recuerdos, monólogo externo, cambios de voz narrativa, predominantemente la primera persona. Descripción sobre todo del Perú lejano como sólo un peruano lo puede contar. Pero diré algo más de la novela: Las travesuras de la niña mala nos lleva de la mano a París, Cuba, España, Japón, con esa narrativa que obsesiona y que no nos deja suspender la lectura tan fácilmente.

La superación de una mujer a pesar de todo y de todos, que va dejando huellas trágicas, cómicas, necesarias para lograr lo que se persigue, la elegancia el resalto de la belleza de la mujer que solamente la fuerza de la naturaleza y el cáncer la acabaron, no sin antes seguir dando lecciones de superación al infeliz peruano que nunca logra salir de su conformidad.

Más que travesuras son ejemplos de vida, de ser feliz a su modo, sin dejarse llevar por el sentimiento como todo enamoramiento, hasta caer en la más ruin y después hacer lo más, en una de sus etapas de las muchas que logró superar, hasta irse a refugiar a morir victoriosa en brazos del que siempre la amó a pesar de sus desplantes, sus abandonos y su indiferencia.

Creo que en un tiempo justo y si vuelvo a tener la oportunidad de volver a leer este bien aventurado libro, como he leído más de dos veces las historias de Vargas Llosa, por lo pronto le quitaré el polvo a otra novela que me dejó pensativo.

La guerra del fin del mundo.

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