Proceso electoral

Siglo Nuevo

Los políticos nos dicen que no los mueve la ambición sino el deseo de servir a los ciudadanos. Su función pública, afirman, les quita tiempo y recursos que podrían utilizar con propósitos más rentables. No sé si creerles, pero sí sé que nunca faltan aspirantes para los cargos de representación popular.

Estamos ya en los tiempos del proceso electoral de 2018. Serán comicios muy intensos. Las encuestas de opinión colocan en primer lugar en la elección presidencial a Andrés Manuel López Obrador de Morena. Esto se debe, en parte, a que los demás partidos no han postulado a sus candidatos. Sin duda, el panorama cambiará en las próximas semanas, conforme surjan los candidatos de todas las fuerzas partidistas.

Pero esto es sólo en la contienda presidencial. El primero de julio de 2018 se renovarán también los cargos de 500 diputados y 128 senadores federales, también saldrán de las urnas nueve gobiernos estatales. En total, habrá votaciones para 3 mil 326 cargos en el servicio público. Ya hay miles de suspirantes dispuestos a ser candidatos a esas responsabilidades. No está mal para unos cargos que se supone son una carga más que un botín.

La verdad es que en nuestro país las cosas siempre han sido así. La política ha funcionado como un camino no sólo para el servicio público sino para la riqueza.

La verdad es que en nuestro país las cosas siempre han sido así. La política ha funcionado como un camino no sólo para el servicio público sino para la riqueza. Aunque hoy las reglas han cambiado. Ya no hay solo una opción tricolor. El presidente de la república no se encuentra en un Olimpo fuera de toda crítica y cuestionamiento. La competencia se ha vuelto cada vez más intensa. En los procesos más recientes, de 2015 a la fecha, las fuerzas y candidatos de oposición han ganado el 62 por ciento de las elecciones a gobiernos estatales. Estamos muy lejos de los tiempos del partido único.

El sistema multipartidista, sin embargo, se ha pervertido. Los institutos en busca de la preferencia ciudadana se han convertido en verdaderos negocios que reciben cientos de millones de pesos de los contribuyentes simplemente por mantener su registro. El rechazo de la sociedad a este giro mercantil es cada vez mayor, pero los políticos no han querido dejar los beneficios que el sistema les otorga.

Las elecciones de 2018 serán cruciales para el futuro de México, pero lo mismo ha ocurrido con todas las sucesiones presidenciales de los últimos tiempos. López Obrador ha logrado lo que parecía imposible: construir una tercera candidatura a través de un nuevo partido político en el que la lealtad a su persona es el requisito fundamental. Mientras tanto, el PRD, el partido que representaba a la izquierda desde hace décadas, se ha desdibujado.

El PAN también está enfrentando una división interna y su presidente, Ricardo Anaya, ha tratado de impulsar una alianza con el PRD, a pesar de las enormes diferencias ideológicas en las plataformas que defiende uno y otro. El PRI se ha mantenido unido hasta el momento, pero la popularidad del partido y del presidente se ubica en niveles históricamente bajos.

El resultado de los comicios será muy importante. Pero quienquiera que sea el nuevo ocupante de Los Pinos tendrá que gobernar con el Poder Legislativo. Ningún partido o alianza parece tener la capacidad de alcanzar una mayoría absoluta en el Congreso. Será indispensable, por tanto, tener a un buen portador de la banda presidencial, pero también a uno que sepa negociar y obtener acuerdos con los legisladores. Después de todo, la política es el arte de conciliar diferencias.

Twitter: @SergioSarmiento

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