De la escritura

Siglo Nuevo

Quizás el hombre sí inventó la escritura por necesidad, mas la importancia económica no debe descartar a la otra opción: la espiritual. Se trata de algo ya percibido y defendido por Noam Chomsky.

Nació en Mesopotamia, en los ayeres sumerios, unos 4 mil años antes de Cristo. Los sacerdotes, en su carácter de representantes de la divinidad, la idearon con un fin utilitario: llevar un registro de las mercancías que entraban y salían de los graneros y almacenes de los templos.

Aquellos entre nosotros con referentes históricos más vastos, dirán que esas primeras manifestaciones de lo escrito reciben la denominación de cuneiformes merced al aspecto de cuña presente en los signos, resultado de aplicar un punzón de sección triangular sobre arcillosas tablillas aún sin cocer. La práctica se extendió a Egipto. En las tierras cercanas al Nilo adoptó las características visuales de jeroglíficos.

En los primeros pasos de ese dejar constancia por escrito también destacan los pictogramas, dibujos que representaban seres, objetos, incluso ideas. Más tarde se dio el salto hacia una escritura fonética.

Creta, China, India o Mesoamérica son otros destinos cuyo prestigio histórico incluye vestigios de esta forma de comunicación. Un origen y una evolución similares, ligados al aumento del volumen de los excedentes agrarios y, desde luego, al surgimiento de estructuras de gobierno de los pueblos.

Las ideas hasta aquí expresadas se corresponden con lo que sabemos hasta ahora. La inventiva de la humanidad, tras abandonar actividades como la recolección o la cacería, se enfocó en procurarse herramientas para laborar las superficies fértiles, es decir, por la necesidad. De la mano de esta necesidad se reforzaron conceptos como el de administrar y así, surgió la de escribir.

Los nómadas no poseían, ni guardaban. Animales y vegetales y frutos que conformaban su alimentación podían o no consumirse, pero ahí estaban. ¿Para qué contarlos y registrar cantidad alguna? En los grupos de estos clanes móviles, si bien no tenían nada que contabilizar, sí existían muchas historias para narrar y esto pudo ser el acicate para desarrollar alguna forma de registrar y conservar los relatos.

Sin embargo, como se trataba de grupos pequeños, el lenguaje oral bastaba para el acto comunicativo y transmitir el conocimiento a las siguientes generaciones.

Entre esos saberes heredados se encontraban lo que hoy conocemos como mitos, leyendas y sagas. Para que todos pudieran reunirse en torno a una historia se pintaba o grababa sobre las paredes de las cuevas.

Cazadores y recolectores no requerían la escritura; ni siquiera los primeros agricultores y ganaderos, dados los escasos excedentes que obtenían, la ocupaban. Sin embargo, la escritura se abrió paso.

¿No es eso lo que dicen los signos grabados por hombres primitivos en las paredes de las cuevas-hogares? ¿Es demasiado aventurado afirmar que esas primeras expresiones visuales del hombre fueron algo más que arte?

Quizás el hombre sí inventó la escritura por necesidad, mas la importancia económica no debe descartar a la otra opción: la espiritual. Se trata de algo ya percibido y defendido por Noam Chomsky, lingüista y filósofo estadounidense, quien afirma que todos los seres humanos llevan impresa en la mente los rudimentos de una gramática universal que la relación con los adultos tan sólo despierta.

¿El cerebro del hombre de Neandertal no poseía ese equipaje simbólico y por ello no produjo ningún tipo de símbolo en el lienzo rupestre? La respuesta no está exenta de complejidad, podría decirse que permanece ignota. Un estudio sistemático del arte parietal del periodo paleolítico superior podría arrojar luz al respecto. Sin embargo, se percibe que un consenso al respecto está lejano. Hasta que no haya datos suficientes para alguna otra conclusión, la explicación tradicional mantiene el título de la más convincente.

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