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ANECDOTARIO CULTURAL

Centenario de un asesinato en el Museo Francisco Villa

Centenario de un asesinato en el Museo Francisco Villa

SERGIO SÁNCHEZ CARRASCO 25 may 2023 - 10:28

Palacio de Zambrano, actualmente Museo Francisco Villa, es uno de los edificios portentosos de nuestra ciudad capital, y en su interior han sucedido incontables acontecimientos memorables, por ejemplo: fue Palacio de Gobierno casi 200 años, ahí se hospedó Benito Juárez durante algunos días, Dolores del Río recibió personalmente una condecoración del Congreso de Durango y, en los últimos años, también lo han usado de camerino para los artistas que ofrecen conciertos en la Plaza IV Centenario.

Con todo y su abolengo, el edificio fue escenario de un asesinato, ocurrido exactamente hace cien años. Es decir, aunque se le ponga mucha crema a los tacos del Museo Francisco Villa, también tiene un esqueleto escondido en el closet. Los periódicos de la época refieren el hecho de la siguiente manera.

En 1923, el Gobernador de Durango era el general J. Agustín Castro, quien despachaba en el Palacio de Gobierno/MuseoFranciscoVilla. Un buen día, ese Gober envió una iniciativa al Congreso de Durango donde, acatando las disposiciones de la Constitución Federal, limitaba el número de ministros para cultos religiosos y, además, el Gobierno del Estado sería el único autorizado para expedir las licencias que permitirían a los sacerdotes ejercer su oficio. Los diputados aprobaron la propuesta, publicándola como decreto número 136 en el Periódico Oficial del 20 mayo de 1923.

Esas disposiciones encendieron a las damas católicas, que en aquellos tiempos tenían voz y voto en el devenir de la comunidad durangueña. El 31 de mayo de 1923, acompañadas por Caballeros de Colón, fueron hasta el Congreso de Durango (que también estaba en el Palacio de Gobierno), para reclamarles a los diputados en su cara, la aprobación del decreto referido.

Dejaron entrar a una comisión, y afuera del Palacio quedó el resto de la comitiva acompañada por una multitud.

Una vez concluido el diálogo en las puertas del Palacio de Gobierno, la comitiva explicaba los resultados de la reunión señalando que el asunto iba por buen camino, pero la raza estaba enardecida, gritando insultos contra las autoridades. Al Gober se le ocurrió asomarse por la ventana de su oficina para ver el chisme, pero la gente lo reconoció, le aventaron piedras y después la muchedumbre entró por la fuerza al Palacio, donde fueron repelidos por un contingente de policías, y así comenzó una tremenda batalla campal. Los agentes dispararon al aire para asustar a los invasores, pero uno de éstos sacó su pistola para contestar el fuego, matando al oficial Juan H. Salazar; las fuerzas de seguridad continuaron con el tiroteo, y el gentío huyó dispersándose. Finalmente, el saldo fue de un muerto, varios heridos y daños en el edificio. Nunca se supo quién asesinó al oficial.

En las actas de sesiones del Congreso del Estado de Durango no se registró el suceso. En los registros del 14 de junio de 1923 simplemente hacen constar textualmente que recibieron un "ocurso de la Sociedad Mutualista de Empleados de Seguridad Pública de esta capital, solicitando se conceda una pensión vitalicia a la viuda del gendarme número 22, Juan H. Salazar, que sucumbió en el cumplimiento de su deber en los acontecimientos registrados el día 31 de mayo último". Los diputados mandaron el oficio a trámite, y ya sabemos cómo terminan esos procedimientos burocráticos.

El Museo Francisco Villa es muy bonito, pero también está manchado de sangre.

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