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EXPLOSIÓN IZTAPALAPA

'Fue una escena que no se olvida': narra sobreviviente de la explosión de pipa en Iztapalapa

A un mes del trágico accidente, uno de los sobrevivientes narra como ha sido para él su proceso.

'Fue una escena que no se olvida': narra sobreviviente de la explosión de pipa en Iztapalapa

EMILIO BARRIENTOS 10 oct 2025 - 14:46

El estallido de una pipa de gas en el Puente de la Concordia, entre Iztapalapa y Los Reyes La Paz, dejó una escena que difícilmente se borrará de la memoria colectiva. Autos envueltos en llamas, heridos intentando escapar del fuego y un cielo cubierto de humo marcaron aquella mañana del 10 de septiembre.

Entre los sobrevivientes está, un joven de 31 años que vio su vida transformarse en cuestión de segundos. Más de un mes después, las cicatrices aún arden, no solo en la piel, sino también en la mente de quienes estuvieron allí.

El sobreviviente

Juan Luis conserva la firmeza de quien ha enfrentado el miedo cara a cara, pero también la frustración de sentirse olvidado. Su historia revela el lado humano detrás de la tragedia, el dolor, la resistencia y la esperanza que quedan cuando las llamas se apagan.

“No tengo ningún tatuaje, pero ahora me quedó esta cicatriz para toda la vida”, dice con voz firme y pausada.

Aquella mañana, Juan Luis conducía hacia su trabajo por el carril más cercano al barandal del puente. “Empecé a ver cómo todo cambiaba de color… el coche se calentaba, sentía que la temperatura subía, pensé que iba a explotar todo”, relata. En un abrir y cerrar de ojos, el puente se convirtió en un túnel de fuego.

Mientras corría para alejarse del vehículo, sus brazos comenzaron a quemarse:

“Sentía cómo la piel se abría, se formaban llagas y sangraban. Pero no me detuve. Lo único que pensaba era en sobrevivir”.

Ya a salvo, volteó hacia atrás y contempló una escena devastadora, autos envueltos en llamas, escombros, heridos y gritos por doquier. “Era como ver el fin del mundo”, dice, con una mezcla de emoción y pesar.

El hospital y el dolor de la recuperación

Las quemaduras de segundo y tercer grado en ambos brazos lo obligaron a permanecer hospitalizado por dos semanas. En el hospital Balbuena, relata, las 12 camas del área de urgencias se llenaron en minutos con otros afectados.

A pesar del dolor, Juan Luis se rehúsa a dejar su oficio, desde su camilla, sigue pendiente de su barbería, aunque todavía no puede tomar las tijeras hasta que las heridas cicatricen. Hoy, un mes después de la tragedia, Juan Luis mira su piel marcada con un sentimiento que mezcla gratitud por haber sobrevivido y enojo por el abandono

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